Cruda realidad /Los que vienen a pagarnos las pensiones

    Algunos creen que el problema de las pensiones se arregla importando mano de obra inmigrante. Pero eso es ignorar la naturaleza humana y la historia, donde nunca se ha producido un intercambio demográfico de peso sin incontables conflictos y una grave merma de la cohesión social.

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    Un grupo de mususlmanes /Pixabay
    Un grupo de mususlmanes /Pixabay

    Uno de los rasgos que encuentro más deprimentes en la mentalidad moderna es ese retorcimiento que ve como fantasiosas e inalcanzables las soluciones naturales e inevitables otras que no son solución en absoluto, sino nuevos problemas, en ocasiones peores.

    No es, digamos, «realista» esperar que no haya embarazos adolescentes, con lo que hay que repartir anticonceptivos como caramelos y dar barra libre con el aborto.

    Algunas personas creen que La Sexta da información.

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    La idea de que pueden existir y han existido sociedades en las que se minimizan los embarazos adolescentes, que estos se multiplicarán si no desexualizamos el discurso público y especialmente el dirigido a la infancia y adolescencia, esto parece no ocurrírsele a nadie, aunque sus ventajas son evidentes y solucionarían más problemas que el expresado.

    Leo en El Economista que España necesitará 10 millones de inmigrantes y el nivel ocupación de Alemania para pagar las pensiones, según la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF).

    Naturalmente, esto es mentira: en todo caso, España necesitará, si los cálculos son correctos, diez millones más de ocupados, y en una época menos enferma el titular hubiera sido «España necesita aumentar la natalidad en diez millones más para pagar las pensiones en 2050».

    Pero no, eso es imposible, se considera absolutamente impensable, aunque no hace tantas generaciones -la de mis padres, en concreto- contábamos con unas tasas de natalidad que cumplirían holgadamente ese objetivo.

    Pero el presidente de la AIReF lo considera irreal porque sería crecer a un ritmo desconocido en las últimas décadas en ningún país occidental. Es decir, la tasa puede reducirse bruscamente, de una generación a la siguiente, pero no aumentar.

    Todo parece conjurarse para que tener hijos sea casi impensable en España y perpertuarse sea hoy casi una heroicidad

    Bueno, sí, tiene razón: tener hijos es casi impensable en España, y tener más de dos, un disparate. Todo parece conjurarse para que sea así, para que la primera directiva de cualquier sociedad que haya existido jamás, perpetuarse, sea hoy casi una heroicidad.

    Tenemos a la mitad de nuestra poblacion joven -la edad ideal para tener hijos- en paro; más, si contamos la que empalma cursos y másters ad infinitum para prepararse para un mercado laboral inclemente.

    Una vez conseguido empleo, los sueldos iniciales no permiten ni soñar en formar una familia, y por lo común su precariedad tampoco anima a arriesgarse. Es casi seguro que los dos, padre y madre, tendrán que trabajar, lo que significa dejar a ese hijo a los tres meses y no verle hasta llegar del trabajo, agotados.

    En cualquier caso, no van a tener mucho tiempo para él, mientras que él va a restarles dinero, tiempo, energía y libertad, en una sociedad que valora todo eso y la ‘realización personal’ por encima de cualquier cosa.

    Una vez nacido, los padres tendrán que hacerse a la idea de que no es suyo, sino que lo comparten desigualmente con el Estado. Si el hijo se sale de madre, tendrán que ser muy cuidadoso en cuanto al modo en que intenten corregirle, porque se arriesgan a ir a la cárcel; si es algo mayor, el propio hijo podrá denunciar a sus padres.

    En el colegio, el Estado dejará a ese nino la mayor parte de las horas del día en manos de un sistema educativo que a menudo se complace en enfrentar al nino contra sus padres, y es más que probable que le enseñe lo contrario de lo que pueda aprender en casa.

    Y si vive en la Comunidad de Madrid, le animarán desde la más tierna edad a plantearse si no ha nacido con el sexo equivocado y a ‘explorar’ su sexualidad.

    Tener hijos es un sacrificio que dura toda la vida, que no está especialmente bien visto -el ser humano es visto, cada vez más, como un mero factor contaminante- y que contradice frontalmente todos los mensajes que se nos vende de nirvana hedonista de la mañana a la noche en todos los espacios culturales.

    Pero suponer que España -que cualquier país- puede solucionar sus problemas exportando poblaciones extrañas a millones es ignorar por completo la naturaleza humana y la historia, donde nunca se ha producido un intercambio demográfico de peso sin incontables conflictos y una grave merma de la cohesión social.

    Eso solución mágica parte de una serie de premisas demostrablemente falsas.

    Es una utopía creer que los inmigrantes van a aceptar alegremente trabajar para que una buena parte de su salario financie la vejez de los naturales del país

    Parte de que van a ser siempre y en cualquier caso un beneficio neto, es decir, que siempre van a representar una suma más que una resta a la riqueza común. Esto se basa en parte en una falacia muy común, la de creer que si la cantidad x de algo produce un beneficio, multiplicarla por diez supondrá hacer otro tanto con la ventaja, cuando con frecuencia sucede lo contrario: que los médicos hayan determinado que dos copas de vino al día son buenas para la salud no significa que veinte copas vayan a serlo, mucho menos proporcionalmente.

    En Alemania, por ejemplo, donde ha entrado en poco más de un año más de un millón de extranjeros procedentes del Tercer Mundo, la proporción que sigue sin encontrar trabajo supera el 90%.

    Es decir, a la abrumadora mayoría hay que proporcionarles manutención, vivienda, educación y sanidad sin que aporten nada, coste puro, por no hablar del gasto en seguridad que provocan y que sería tema para otro artículo.

    Parte de que, en calidad de mano de obra, van a ser equivalentes a los nacionales, aunque tengan comprensibles dificultades con el idioma, su visión cultural del trabajo sea distinta y sus necesidades de formación, completamente diferentes.

    Parte, por último, de que estas poblaciones, en número suficiente para constituir bloques demográficos en buena medida al margen de la poblacion nativa, van a sentirse inmediatamente más leales con su país de acogida que con su cultura de origen y van a aceptar alegremente trabajar para que una buena parte de su salario financie la vejez de los naturales del país.

    Qué quieren que les diga. A mí lo que me parece fantasioso e irreal es ese escenario.

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