Cruda realidad / ¿Cómo que no se puede servir a dos señores?

    El 70’5% de los católicos valoran más la economía que la vida a la hora de decidir a quién votarán. ¿Será posible que lo que les dé miedo de Podemos sean las colas para comprar papel higiénico y no esa tontería del aborto?

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    Esto es duro de decir, pero leyendo un poco de historia es inevitable llegar a la conclusión de que a nosotros los cristianos, los leones nos engordan.

    De los primeros cristianos y la pureza de su vida se ha hablado infinito, y nunca fue mejor como cuando más caña les dieron, y comparar la mundanizada Iglesia francesa de 1788, técnicamente en cisma con Roma, con la gloria de su clero y sus fieles ya pasados por la piedra de la Revolución lleva a una conclusión similar: nos va la marcha.

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    En todo esto pensaba leyendo en estas mismas páginas que lo que más condiciona el voto del católico español, con holgada diferencia sobre la siguiente consideración, es la pela: el 70,5% de los consultados en una reciente encuesta de NC Report respondió que las medidas relacionadas con la economía son prioritarias a la hora de decidir a qué partido votarán. ¿No se puede servir a dos señores? Pues ya saben con cuál se queda una mayoría larga de católicos.

    Hay un asunto del que me tengo prohibido escribir salvo extrema necesidad, y ese es el aborto, aunque lo haya rozado en noticias en los que era ineludible. La razón es que tengo toda la sensación de que incluso los que estamos radicalmente en contra en todos los supuestos posibles e imaginables no nos lo acabamos de creer.

    Quizá es demasiado terrible, quizá la psique humana no está preparada para aceptar que en ese edificio de la esquina, en un día normal, unos señores que han estudiado para curar se dedican diaria y profesionalmente a acabar con la vida de ninos por nacer por encargo de sus propias madres.

    No, no puede ser verdad. No puede tratarse de ‘personas’ o viviríamos con la opresión de habitar pared con pared con Auschwitz sabiendo exactamente lo que sucede allí. Se me antoja que ser provida es para el ciudadano católico medio como el ecologismo que profesan muchos en la izquierda: sí, me parece fatal y nunca lo haría personalmente, pero tampoco es cuestión de dramatizar.

    Sí, es terrible que estén desapareciendo los linces, se dirá el ecologista de salón, pero no me proporciona una angustia especial ni me va a arruinar una noche de copas.

    Es una vergüenza que el PP haya dejado la Ley Aído, pero ahora hay que ir a lo que importa y parar a Podemos, que va a…

    Estamos hablando de cientos de miles de vidas. Sí, sí, terrible, y una vergüenza que el PP haya dejado la Ley Aído. Fui a la manifa, ¿no?, cuando Zapatero. Por cierto, ahí me encontré con media plana mayor de los ‘populares’, todos simpatiquísimos. Pero hay que ser serios ahora, ir a lo que importa y parar a Podemos, que va a…

    ¿A qué? ¿A quemar iglesias? ¿A prohibir procesiones? ¿Qué pintamos en esas iglesias y en esas procesiones si la masacre diaria de nuestros hijos no nos importa lo suficiente como para condicionar nuestro voto?

    O quizá es peor. Quizá lo que de verdad nos dé miedo de Podemos -como parece indicar ese espantoso 70,5%- son las colas para comprar papel higiénico.

    Eso, y no las tonterías del aborto, o que enseñen a nuestros hijos que pueden ser del sexo que quieran y les animen a ‘experimentar’ con su sexualidad, o que un tipo pueda ir al calabozo con la sola acusación de su ex mujer (por ejemplo, por consejo de su abogado para que el esposo se muestre ‘razonable’ con las condiciones del divorcio), o la resurrección de las dos Españas con todos sus rencores o, en fin, todas las leyes ‘zapateriles’ que el Partido Popular, con mayoría absoluta, ha mantenido y, en su caso, empeorado.

    Porque, como discípulos de Cristo, ¿qué hay más lógico que sea el dinero lo primero que nos preocupe?

    Esto no va contra nadie, que conste. O sí, pero yo estoy incluida la primera. Es una evidencia que el ‘voto católico’ no existe como existe en Estados Unidos el voto negro o el voto gay.

    Y debería ser una evidencia para todos, menos los más empecinados, que el PP -”quien esté contra el aborto no tiene cabida en el Partido Popular”- sería, si hay que ponerle una etiqueta religiosa, el partido fariseo.

    Dicen: Al menos de éstos sabemos que no van a ir activamente contra la Iglesia, no van a quemar templos ni fusilar cura. Nos dejan vivir, ¡gracias!

    Hay una respuesta a todo esto que digo, una respuesta que, cuando la da alguien con un mínimo de vergüenza, no puede pronunciarla sin ponerse un poco colorado: al menos de estos sabemos que no van a ir ACTIVAMENTE contra la Iglesia, no van a quemar templos ni fusilar curas. Guau, nos dejan vivir, ¡gracias!

    Ese es el hueso que arrojan a los católicos, un hueso podrido, porque la fe no son los templos o la Conferencia Episcopal. Si nos han adormecido con esa despectiva tolerancia a nuestros pintorescos ritos es porque ya nos tienen, cuentan con nosotros, y nos han hecho tragar la matanza de inocentes, la trivialización del sexo y el matrimonio, el secuestro ideológico de nuestros hijos, el vacío de contenido de la familia y su lenta destrucción.

    Repito que no voy contra nadie y que entiendo o, al menos, acepto otras explicaciones. Pero no puedo evitar quedarme pensando en la magnífica semilla de los mártires. Llámenme poco práctica.

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