Grabado sobre ladrones de cadáveres
Grabado sobre ladrones de cadáveres

Como en España no hay problemas ni nada que solucionar, el PSOE se ha calado el yelmo y la celada y, lanza en ristre, se apresta a alancear como si de gigantes se tratara los molinos de viento del franquismo, esa deliciosa fuente de legitimidad que nunca deja de manar para la progresía reinante.

Así, el partido del futuro plantea exhumar los restos de Franco y anular sentencias de la dictadura, que dar lanzada al moro muerto siempre fue un modo fácil de ponerse medallas cuando no se tiene nada serio que proponer.

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Si un marciano con conocimientos del idioma leyera nuestros periódicos, viera nuestras televisiones y escuchara a nuestros políticos, sería perdonable que saliera con la impresión de que Franco no solo sigue vivo -un caso prodigioso de longevidad-, sino que es la figura pública del momento en nuestro país, el que corta el bacalao.

Al final, como es costumbre, las predicciones han salido al revés, y los ‘nostálgicos del franquismo’ no proceden de la derecha, esa especie informe, blanda, acomplejada y perdida, sino de la izquierda, que nunca tiene suficiente del Caudillo.

No me crean: pongan “Franco” en el buscador de  Público o eldiario.es, de Nacho Escolar, y verán que el hombre es el último grito, lo más actual.

Es el Franco de la leyenda, que vuelve cada semana para asustar a los niños que han sido malos y no se han comido la sopa

La memoria histórica, en España, es la historia contada por un tuerto. Aquí hubo dos Españas que se dieron de bofetadas hace mucho, mucho tiempo (ni siquiera había nacido, fíjense) y ganó una.

Ninguna era demócrata ni por el forro, pero los que perdieron -o quienes pretenden que perdieron, que esa es otra- llevan años pidiendo la revancha o, mejor, que se les conceda sin jugar el partido.

Aquí en Actuall contamos con la pluma de historiadores de verdad, que conocen los agravios de unos y otros y que saben bien que es mejor no meneallo, o acabamos en las mismas.

Pero esa no es la cuestión. Es historia, para la inmensa mayoría, lejana. Hoy es tan imposible ser ‘franquista’ como pensar al modo del otro bando, porque la circunstancias eran tan otras que aquella España nos resultaría en casi todo irreconocible.

No es, por tanto, Franco. Es su fetiche, su tótem, su muñeco de vudú. Es el Franco de la leyenda, que vuelve cada semana para asustar a los niños que han sido malos y no se han comido la sopa y convocar las tropas en torno a una bandera que no por absurda deja de tener adeptos.

Lo que no acabo de entender es que Pedro Sánchez et al. quieran exhumar al Generalísimo: comprobarán así que lleva muerto cuarenta años, y no sé si muchos en nuestros medios podrán soportar esa noticia. Quizá se propongan hacer como con el Papa Formoso, al que se desenterró, se sentaron sus restos putrefactos en un trono y se le juzgó a ser arrojado al Tíber.

No, Pedrito, ya no cuela. Haced algo, decid qué España queréis y cómo vais a lograrla, y dejad de escarbar entre cadáveres olvidados

Pero es la derecha o, si lo prefieren, la no izquierda la que debe dejar de reaccionar al espantajo de Franco y el franquismo.

No es nuestro, no más que Daoíz y Velarde o Viriato. Es de la Historia, en cuanto a figura, y de Dios, sujeto a Su juicio que nunca es político.

Porque si siguen removiendo el fantasma es porque la derechita se achanta y cede. El día en que abramos todas las cortinas y dejemos entrar la luz, el espectro se desvanecerá, y en lugar de bajar la cabeza ante quienes lo agitan una y otra vez, nos reiremos y nos alzaremos de hombros.

No, Pedrito, ya no cuela. Haced algo, decid qué España queréis y cómo vais a lograrla, y dejad de escarbar entre cadáveres olvidados, buscando un tiempo que nunca fue heroico para vosotros por mucho que lo queráis reescribir. ¿Franco? ¡A otro perro con esos huesos, Pedrito!

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Traductora, inconformista, muy suya, amante del periodismo con y sin papel, y sobre todo lectora: ésa es su verdadera vocación. Y por ese orden: primero leer y luego escribir.