Cruda realidad / Sánchez se hace la foto del AVE, pero vuelve en otro pájaro: el Falcon

    Mientras se celebra universalmente cada vez más la democracia, los poderosos nos hablan cada día más como a escolares incapaces de atarse solos los cordones de los zapatos. La democracia no es incompatible con el totalitarismo que no vendrá con tanques, sino con una consigna buenista.

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    Pedro Sánchez, en la inauguración del tramo Madrid - Antequera- Granada del tren de alta velocidad AVE. /EFE- Miguel Ángel Molina
    Pedro Sánchez, en la inauguración del tramo Madrid - Antequera- Granada del tren de alta velocidad AVE. /EFE- Miguel Ángel Molina

    “No me cansaré de apelar a la responsabilidad de todas las administraciones ante la #emergenciaclimática”, tuiteaba el pasado martes el presidente del gobierno, Pedro Sánchez. “Los retrocesos que algunos defienden tendrán un impacto dramático en la salud de las personas y la biodiversidad que no podemos trasladar a las próximas generaciones”.

    Pero la gracia del tuit no se aprecia si uno no sabe que ese mismo día había inaugurado la nueva línea del AVE -una obra de siete años que se adjudicó el gobierno como logro propio y exclusivo- y mandó llevar el Falcon vacío hasta Granada para hacer el viaje de vuelta en su juguete favorito. Toma chorreo de CO2.

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    Suena a sarcasmo sangrante, ¿verdad? Pero no, no lo es. No es algo consciente; es que en eso consiste todo, en eso consiste lo que nos quieren meter, en serio. Ellos están exentos, están por encima, no cuentan. En cada ‘cumbre climática’ en la que nuestros amos deciden qué nuevas libertades van a recortarnos, qué nuevos impuestos van a echar sobre nuestras espaldas, cientos de jets privados y aviones comerciales surcan el cielo, contaminando a placer y llevando a su destino a estos salvadores de la humanidad.

    No son ellos; esto es como los Juegos del Hambre: es usted el que está ahí abajo, el que tiene que apretarse el cinturón, dejar de usar el coche, y el avión y el aire acondicionado o lo que se tercie, mientras Al Gore alumbra su mansión gastando una energía suficiente para iluminar un pueblo pequeño. El poder, el verdadero poder, consiste en imponer al resto aquello de lo que uno mismo se exime.

    Nos dicen si debemos o no tener hijos, cómo debemos educarlos, qué debemos comer, cómo debemos divertirnos, dónde tenemos que informarnos y, naturalmente, qué debemos pensar

    Son los mismo que quieren convencernos de que comamos insectos; son los mismos que este verano nos ‘aconsejan’ que no cojamos el avión para irnos de vacaciones; son los mismos que, de repente, como a una señal, no dejan de machacar desde todos los medios de comunicación para que nos aficionemos al fútbol femenino, que si no lo han conseguido mi marido y mis hijos en décadas con el masculino, que es el interesante, ya me contarán el éxito que van a tener con este.

    Mientras se celebra universalmente cada vez más la democracia, que presume que el pueblo, la gente normal, usted y yo, somos adultos responsables que debemos elegir quién nos gobierna y que, por tanto, se entiende que somos capaces de gobernarnos a nosotros mismos, los poderosos nos hablan cada día más como a escolares incapaces de atarse solos los cordones de los zapatos. Nos dicen si debemos o no tener hijos, cómo debemos educarlos, qué debemos comer, cómo debemos divertirnos, dónde tenemos que informarnos y, naturalmente, qué debemos pensar.

    Ahí Lenin acertó de pleno: todo es quién y a quién. No hay otra, solo que ahora lo están haciendo mil veces más descarado que de costumbre. “La producción de carne es una de las actividades humanas más dañinas para el planeta”, me llega desde la cuenta en Twitter de las Naciones Unidas en español. “Contribuye al agotamiento del agua y a la deforestación. Come más frutas y verduras”. ¿Cuándo dejará todo esto de ser una ‘recomendación’ y pasará a ser una orden? Los numerosos liberales que son, al mismo tiempo, entusiastas partidarios de la desaparición de las fronteras, ¿cómo creen que va a ser ese hipotético gobierno mundial, quién creen que va a mandar, sino esta Señorita Rotternmeyer universal que nos manda estos cariñosos mensajes pidiéndonos que nos hagamos todos veganos ‘por el planeta’? ¿Y hay alguien tan terminalmente ingenuo como para pensar que nuestros mandarines van a renunciar al fillet mignon, igual que montan en sus aviones privados para ir a por tabaco?

    El pasado noviembre dimitía Eric Solheim, director ejecutivo de MEDIO AMBIENTE de la ONU, tras haber gastado casi 500.000 dólares en viajes en 2 años (la mayoría de avión), y haber viajado 529 de 668 días posibles analizados. Eso es el poder, eso.

    A otro nivel, el despotismo y la destrucción de hecho del Estado de Derecho y de la igualdad de todos es la profusión de grupos protegidos. En la mayoría de los aspectos, el privilegio es informal, una deferencia que sale ya casi sola a las mujeres sobre los hombres, a los extranjeros sobre los nativos, a los de orientaciones sexuales minoritarias y estadísticamente anómalas sobre los aburridos heterosexuales de toda la vida, a los individuos de cualquier raza antes que a los blancos.

    Pero en muchas otras ocasiones es una protección formal, que va desde las famosas cuotas hasta el privilegio procesal de las mujeres que otorga la demencial Ley de Violencia de Género, pasando por esa agravante de ‘odio’ que solo protege a determinados grupos a los que todos debemos amar por ley. Esta, y no Vox o siquiera Podemos es la gran amenaza a nuestra democracia que, no lo olvidemos, no es en absoluto incompatible con el totalitarismo, que esta vez no vendrá con uniformes ni tanques, sino con una consigna buenista y la decisión de un funcionario anónimo.

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