Sí, ¿no? Porque no será usted, querido lector, quien vaya a poner en duda la opinión de expertos psiquiatras, encabezados por uno de Harvard, nada menos.

Tampoco creo que se atreva a cuestionar, en estos tiempos en que los expertos han sustituido a los papas y sumos sacerdotes de antaño, la probidad de los medios al dar esta noticia.

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Nadie se atreverá, imagino, a sospechar que el New York Times, después de que el presidente llamara a los periodistas “los tipos más deshonestos que existen” y de apoyar el diario la candidatura de Hillary con la ecuanimidad de una ‘cheerleader’, haya solicitado la carta de los facultativos o la publique por otra razón que no sea la verdad y el servicio al bien común.

Estoy segura, segurísima, de que si un grupo de psiquiatras juzgara que Hillary Clinton no está del todo bien de la cabeza, publicarían su veredicto sin vacilar. ¿Usted no?

Porque los psiquiatras, los expertos, los científicos, viven solo para la verdad científica. No tienen opiniones personales, mucho menos partidismos ideológicos.

Los psiquiatras… los mismos que dicen que no hay nada anómalo  en que un señor con cinco hijos diga de repente que es y ha sido siempre mujer

Tampoco se mueven por mezquinos intereses como el afán de figurar, el deseo de ser populares y caer bien, la necesidad de financiación para sus proyectos, el afán por subir en su lugar de trabajo o, en fin, cualquiera de las motivaciones que afectan al resto de los humanos. Son espíritus puros.

Todo el mundo sabe que cuando la Asociación Psiquiátrica Americana sacó la homosexualidad de su catálogo de desórdenes mentales fue, aunque no se hubieran producido nuevos avances científicos sobre la condición, fruto de un maduro y aséptico proceso de meditación, sin que se vieran turbados por las marchas y manifestaciones orquestadas por el lobby gay y su presión política y mediática incesante.

Lo mismo podemos decir, con total certeza, de cuando pasaron de eso a introducir la ‘homofobia’, que esa sí que es una condición peligrosa, o cuando afirman sin que se les mueva un músculo que no hay nada anómalo, nada que entre en su especialidad, en que un señor con cinco hijos diga de repente que es y ha sido siempre mujer. Eso es de lo más normal, perfectamente sano.

Ironías aparte, cada día que pasa los medios se empeñan en dar la razón a Donald Trump.

Cuando el candidato se presentaba como el enemigo del establishment y alegaba que el sistema está podrido, que están todos -partidos, burócratas, medios, universidades, ONG, Hollywood, Wall Street, etc.- conchabados, qué quieren que les diga, la verdad, sonaba bastante melodramático y conspiranoico, algo que se dice para ganar votos y poco más.

Pero ya ven. Hasta sus propios servicios de inteligencia espían a sus hombres de la máxima confianza y filtran sus conversaciones a la prensa.

Los telediarios y los papeles se han convertido en pasquines gritones y sugerir que maten al presidente, que quitarle de en medio de un tiro no sería mala idea, ha dejado de ser tabú.

George Soros paga -me dicen que a 20 dólares la hora, 50 en Nueva York, pero qué sé yo- para que se organicen marchas, manifestaciones, manifiestos, recogida de firmas.

Iban a someter a Trump a una moción de censura antes de empezar a gobernar… no debería extrañarnos, nominaron a Obama a Nobel de la Paz cuando llevaba 11 días en la Casa Blanca

Se hablaba de someter al presidente electo a una moción de censura antes de que empezase a gobernar, aunque tampoco debería extrañarnos tanto, porque a Obama -el hombre que ha bombardeado siete países- le nominaron para el Premio Nobel de la Paz cuando llevaba once días en el cargo.

He escrito aquí mismo contra los peligros de la teoría de la conspiración, y me reafirmo en lo que dije. Pero con las mismas tengo que admitir que Trump tenía razón, que el ‘Estado profundo’ existe sin necesidad de que se reúnan en una lóbrega sala subterránea, y que los medios no dudan en arriesgar la poca credibilidad que mantienen fabulando a placer.

¿Está Trump mal de la cabeza? No creo que muchos políticos de primer nivel pasen con nota esa prueba, pero si dijera a quiénes veo yo un poco para allá, con toda probabilidad tendría una demanda a vuelta de correo.

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