La red social Twitter censura cuentas por extremistas.
La red social Twitter censura cuentas por extremistas.

Twitter -al fin, una empresa privada- ha decidido que quiere tener una red social limpita de odios y malas maneras, y desde el pasado día 18 ha aplicado nuevas reglas que implican, entre otras cosas, la eliminación a perpetuidad de todas aquellas cuentas que tengan más de diez denuncias aceptadas por Twitter contra ellas.

El objetivo de las empresas es ganar dinero. No significa que no puedan servir para muchas otras cosas o que no puedan interesarse en muchas otras cosas, pero lo demás debe supeditarse a crear valor para sus accionistas, o les estará estafando.

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Así que si Twitter cree que enviando al exilio eterno, donde es el crujir de dientes, a violentos y extremistas, va a hacer la red más atractiva para el usuario y, a la larga, un negocio más pujante para sus dueños, no tengo nada que decir.

Twitter es un instrumento del pensamiento único, y ya ha demostrado en el pasado que prefiere perder ‘clientes’ con tal de acallar determinadas opiniones y avanzar otras.

Solo que no, como sabe cualquiera que no viva en los mundos de Yuppi y esté medianamente atento a la jugada. Twitter es, deliberadamente o no, un instrumento del pensamiento único, y ya ha demostrado en el pasado que prefiere perder ‘clientes’ con tal de acallar determinadas opiniones y avanzar otras.

Twitter lleva tiempo eliminando cuentas que osan contradecir el dogma reinante, y conservando con mimo otras que, por extremistas y violentas que sean, lo son en el sentido apetecido por la modernidad.

De hecho, si uno mira la lista de las primeras ‘bajas’ descubrirá con escaso asombro que todas ellas cojean del mismo lado, que no es nunca la izquierda.

Un ejemplo. El nivel más alto en Twitter es el emblema azul. Significa que la red social garantiza a sus usuarios que tú eres quien dices ser -cuenta autentificada-, lo llevan muy especialmente periodistas y famosillos varios, y la casa ha usado como ‘primer aviso’ antes de suspender la cuenta de algunos de ellos el privarles de tan codiciado distintivo.

Pues bien, el profesor George Ciccariello no solo no ha perdido su cuenta en la nueva ‘cruzada contra el odio y el extremismo’ de Twitter, sino que ni siquiera le han despojado del emblema azul, a pesar de que la cuenta es una sentina de odio y de deseos de exterminio masivo.

Un ejemplo: “Todo lo que deseo por Navidad es el genocidio de los blancos”. Hermoso pensamiento navideño, ¿no les parece?

No digo, naturalmente, que no vayan a caer algunas cuentas de los más descerebrados y violentos en el sector que querría castrar a todos los varones o violar a todas las infieles, porque ni Twitter es tan idiota, pero pueden apostar que algo como lo de Ciccariello en sentido inverso sería, sencillamente, impensable, incluso antes de entrar en vigor las nuevas reglas.

Ha caído la cuenta de la política británica Jayda Fransen, que saltó a la fama mundial después de que le retuiteara tres veces el presidente de EEUU

Una de las cuentas que ha caído el primer día de la purga ha sido la de la ‘número dos’ del grupo antiinmigracionista Britain First, Jayda Fransen, que saltó a la fama mundial después de que le retuiteara tres veces el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el mes pasado.

La cuenta fue suspendida el mismo lunes, junto a la de su correligionario y líder de Brittain First Paul Golding.

Los tuits favorecidos por el presidente norteamericano consistían en otros tantos vídeos que pretendían ilustrar de un modo terriblemente gráfico los peligros de la inmigración masiva de musulmanes hacia Europa, y los retuits presidenciales provocaron la indignación de las autoridades británicas y un rifirrafe en Twitter entre Trump y la primera ministra Theresa May.

Twitter no es en esto distinto de Facebook, cuyo fundador se reunió con Angela Merkel, a quien prometió censurar en su gigantesca red, más poblada que la mayoría de los países, los comentarios ‘islamófobos’ o agresivamente contrarios a la inmigración masiva.

Los medios convencionales han perdido hace tiempo el monopolio sobre nuestra percepción de la realidad; hoy son las redes sociales los medios en los que una mayoría de gente entra para hacerse una idea de lo que pasa y formarse una opinión.

Por eso, quien controle las redes controla el pensamiento de la mayoría. Y ya saben en qué dirección.

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Traductora, inconformista, muy suya, amante del periodismo con y sin papel, y sobre todo lectora: ésa es su verdadera vocación. Y por ese orden: primero leer y luego escribir.