Cruda realidad / Una fortuna en idiomas para aprender a decir «Sí, Bwana»

    El perfeccionamiento del inglés del personal del Ministerio de Presidencia y las Administraciones territoriales, y del personal de la Presidencia nos ha costado a los españoles 230.000 euros desde 2002. Mucho viendo que no progresan adecuadamente. 

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    El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy (izda), y el presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, ofrecen una rueda de prensa conjunta tras la reunión mantenida en la Casa Blanca, en Washington, EE.UU., el 26 de septiembre del 2017. / EFE - Michael Reynolds
    El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy (izda), y el presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, ofrecen una rueda de prensa conjunta tras la reunión mantenida en la Casa Blanca, en Washington, EE.UU., el 26 de septiembre del 2017. / EFE - Michael Reynolds

    Desde 2002, nuestro amado Gobierno ha gastado 230.825 euros en formación y perfeccionamiento en inglés y francés a altos cargos del Ejecutivo. Y no sé ustedes, pero yo estoy más que harta de pagarles cosas que deberían traer aprendidas de casa o formarse en ellas de su propio bolsillo, que tampoco pueden decir que no les llegue.

    No es tan difícil, realmente. Tampoco voy a referirme a lo que en mi juventud se vendía como «El Inglés Sin Esfuerzo», porque nada que se haga sin esfuerzo vale la pena y, a la inversa, todo lo que vale la pena requiere esfuerzo. Pero no coste o, al menos, no muy grande en el mundo de Internet, cuando uno tiene a sus disposición gratis todo el material imaginable para aprender y practicar incluso élfico.

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    De todos es sabido que a nuestros políticos no les ha llamado Dios por el camino de los idiomas, y con el que hoy ocupa la Moncloa la oposición se ha echado sus buenas risas a costa de su desconocimiento del inglés. Y sí, claro, es estupendo saber idiomas, quién lo duda. Pero, ¿sabe Theresa May una palabra de español? ¿No es un poco humillante dar por hecho que el idioma de la pérfida Albión es la lengua universal sin dar la batalla por el español, que está ahí, ahí en número de hablantes?

    Si el estamento académico parece poco serio en la concesión de títulos a según quién debe de ser porque hay una demanda desesperada de títulos

    Valga esto de tímida excusa: no es lo mismo que ignore el inglés -o alguna otra lengua universal- un español que un húngaro o un finés. Cualquiera de los segundos no podría entenderse con nadie de fuera tirando solo de su idioma natal, mientras que en español te entiendes con, al menos, quinientos millones.

    Pero no es en eso en lo que quería fijarme de toda esta polémica menor, que parece basar la fuerza de su argumento en la importancia exagerada que se da al credencialismo. Vivimos estos días la crisis de los másters que, aparte de lo que afecte directamente a la presidente de la Comunidad de Madrid, parece haber desatado un escándalo, este sí importante, de corrupción en la Universidad.

    Los partidarios de la legalización de las drogas basan buena parte de su defensa en que la prohibición no parece mermar su consumo. No lo creo, pero tienen un punto ahí, y en el mismo sentido, si el estamento académico parece poco serio en la concesión de títulos a según quién debe de ser porque hay una demanda desesperada de títulos.

    Y no, no es que los desprecie, pero, ¿en qué haría mejor gobernante de Madrid a Cifuentes ese máster? ¿De verdad nos parece que vale la pena juzgarles por su formación académica?

    Tenemos un presidente que ganó una oposición famosa por su dificultad, registro de la propiedad, una vicepresidente, Soraya Sáenz de Santamaría, que es el retrato robot de la primera de la clase. ¿Qué tal resultado están dando, en su opinión?

    Ser políglota está muy bien cuando uno tiene algo importante que decir, pero también es la capacidad de decir tonterías en varios idiomas

    Ser políglota está muy bien cuando uno tiene algo importante que decir, pero también es la capacidad de decir tonterías en varios idiomas.

    Personalmente, creo que Rajoy podría hacerse entender perfectamente en Europa con su castellano y, presumiblemente, nociones de gallego. «No» es una palabra sencilla de aprender en muchos idiomas, y es la que me gustaría oírle más a menudo.

    En la Europa que nos exige el Advance en inglés se recela abierta y descaradamente de nuestro Estado de Derecho. Pese a la existencia de un mecanismo para obviar el trámite común de las extradiciones, la euroorden, con España se hace la excepción y los jueces alemanes dedican cinco minutos a concluir que apesta una instrucción que a Llarena le ha costado meses completar.

    Al paso que va, Rajoy va a acabar dominando el inglés cuando ya lo único que le quede por decir -y esto, a los españoles- sea «goodbye«. Pero mientras podría hacer un curso acelerado de alemán y descubrir los entresijos de una interesante palabrita: Untermenschen. Es lo que parece que nos considera la ministra alemana de Justicia.

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