Cuarenta años después / Carrillo: de la limpieza histórica a la memoria histórica

    Hoy hace cuatro décadas que Carrillo se hizo detener por la Policía, tras haber entrado clandestinamente en España y fue liberado 12 días después. Formaba parte de una farsa cuyo objetivo era legalizar el PC.

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    Santiago Carrillo con su legendaria peluca
    Santiago Carrillo con su legendaria peluca.

    «El secretario general del Partido Comunista de España, Santiago Carrillo, fue detenido a las siete menos veinte de ayer en Madrid, en la confluencia de las calles Padre Jesús Ordóñez y López de Hoyos, cuando salía del inmueble número 14 de la primera de las calles.

    También fueron detenidos junto al señor Carrillo, Julio Aristizábal, Victoriano Diaz-Cardiel, Jaime Ballesteros, Juan Manuel Azcárate, Pilar Bravo, Simón Sánchez Montero y Santiago Alvarez, dirigentes del PCE.»

    Algunas personas creen que La Sexta da información.

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    23 de diciembre de 1976. Saltaba la noticia. Hace ahora cuarenta largos años. Habían pasado muchas cosas, pero iba a pasar muchas más.

    Aún hay dudas razonables sobre aquella detención.

    Todo apunta a que estaba pactada. Su esposa Carmen Méndez, sus tres hijos, Luz Pereira, hija de un fundador del PSOE, y Pedro Manuel Sánchez Montero, enviaron un telegrama al Rey D. Juan Carlos quejándose de la ‹‹arbitraria detención, procesamiento y prisión incondicional de Carrillo››.

     EXIGÍAN EN EL TELEGRAMA AL REY LA INMEDIATA LIVERTAD (SIC) DEL DIRIGENTE COMUNISTA

    ‹‹… expresamos nuestra enérgica protesta arbitraria detención procesamiento y prisión incondicional haciéndonos eco de su alocución navideña en torno a familia le recordamos tremenda injusticia y dolor provocado nuestros hogares único motivo ser comunista… nos dirigimos a SM. exigiendo inmediata livertad (sic) incansables luchadores medida inaplazable garantizar democracia y pacífica convivencia››.

    Seis días después, el 30 de diciembre de 1976, Carrillo fue liberado.

    Había entrado en España revestido con bata de enfermero y con una grotesca peluca, bigote y barba postiza.

    Todo bien estudiado para más tarde, en una esperpéntica ceremonia, devolverle las prendas de la vergüenza en la sede del Ministerio de la Gobernación con una parafernalia y propaganda que rozaba el ridículo, aunque con clara intencionalidad política.

    Era la vía comunista hacia la democracia, que de nuevo utilizaba uno de sus muchos disfraces y camaleónicos colores. Fue una de las ceremonias pactadas y orquestadas desde la ingeniería política más absurdas de la democracia. La democracia se quitaba la peluca. Todo suena a chiste. Lo más serio de la historia suele convertirse en parodia. Aquello lo fue.

    Han pretendido que nos creamos las intenciones del bondadoso Santiago Carrillo en esta esquizofrénica manipulación de la historia. Nadie lee. Los titulares se convierten en historia. La escriben las redes sociales. Autómatas.

    JOSÉ MARÍA RUIZ GALLARDÓN LO ADVIRTIÓ: “NO ES DEMÓCRATA EL QUE ADMITE Y MIMA A AQUELLOS QUE PRETENDEN DESTRUIR LA DEMOCRACIA››

     La vía comunista hacia la democracia fue el título de una tercera de ABC firmada por José María Ruiz Gallardón: ‹‹Frente al sofisma, muy extendido y utilizado hoy, de que no es democrático el sistema que no acepta a todos, absolutamente a todos, los grupos políticos, hay que afirmar el válido principio de que no es demócrata el que admite y mima a aquellos que pretenden destruir la democracia››, decía don José María. Y decía bien.

    Desenmascaraba el disfraz democrático del Partido Comunista, en concreto el de PC español con sede en Toulouse. En aquellos momentos tiró de peluca y de livertad, con uve claro. Los mismos que nunca tuvieron claro ese concepto.

    Los mismos que encabezaban aquellos ‹‹Tribunales populares›› que te condenaban en función de tu respuesta a aquella pregunta que al parecer les angustiaba:

    ‹‹¿Tú eres católico?››, y cuya respuesta a pesar de sus consecuencias siempre fue:

    ‹‹Apostólico y romano››. Jamás se claudicó en el terreno de la fe.

    Santiago Carrillo irá siempre unido al nombre de Paracuellos. Al reconocer su responsabilidad en aquellas expediciones dijo en la revista Guadiana en julio de 1976 que se trataba de militares que ordenó trasladar a Valencia para evitar que reforzaran los cuadros del Ejército de Franco que amenazaba entrar en Madrid.

     Era comisario de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid. La mayoría de los asesinados eran estudiantes, sacerdotes, modestos comerciantes y labradores. Los paseos duraron del 27 de noviembre al 4 de diciembre.

    Disfrazado de democracia, de moderado y persona afable y dialogante, con peluca, su poder estaba en la presión social de sus bases. Esa fue su baza y el miedo que impuso. Eso sí, siempre con disfraz. Jamás conocimos de verdad a Santiago Carrillo. No quisieron que le conociésemos.

    La legalización del Partido Comunista fue una prueba del talante del pueblo llano español que únicamente quería tranquilidad y una transicion sin malos recuerdos y con la mirada puesta en el futuro.

    Prueba de ello fue que después de la inicial incertidumbre y malestar en la cúpula militar llegó el momento de las urnas. Los comunistas eran menos del 10% de los españoles y fueron poco a poco en estrepitosa caída.

    Carrillo ya no era nadie. Había sido lo que fue, pero en el duelo democrático nunca fue nadie a pesar de que nos lo han vendido como uno de los artífices de la democracia.

    Fusilamientos de Paracuellos
    Fusilamientos de Paracuellos.

     Cuando en 1977 se publicó de nuevo la lista de los asesinados en Paracuellos tuvo la desfachatez de decir:

    «Si empezamos así no conseguiremos nunca una atmósfera de reconciliación nacional sino un espíritu de revancha que va a hacer imposible el camino hacia la democracia y el cambio pacífico. Sólo los nostálgicos de El Alcázar insisten en ello, pues lo que pretenden es perpetuar la dictadura y la guerra civil».

    Hubo una operación de limpieza de la memoria. El Partido necesitaba que se blanqueasen sus sepulcros. De ello se encargaron algunos historiadores. Siguen en ello. Dirigentes, historiadores (?) y algún intelectual de redes sociales. Son los mismos que una vez hecha la limpieza de la memoria siguen con la memoria histórica.

    Todo sea por la causa. Una causa que sería irrisoria si no fuese una obra dramática desarreglada, chabacana y grotesca donde todos los participantes disfrazados parecen lo que no son, pero son. ¡Vaya que si! No hay hora ni día que no actúen. De la limpieza histórica a la memoria. No se dejen engañar. ¿Qué vendrá a continuación?

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