Cuatro comportamientos de Pedro Sánchez propios de un nuevo rico

    Un esnob de la política no es un Pablo Iglesias, un Llamazares o un Julio Anguita, sino figuras más cool como Pedro Sánchez, Albert Rivera, Justin Trudeau, Hillary Clinton, Leo Varadkar y Enmanuel Macron, entre cientos.

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    Pedro Sánchez, a bordo del avión presidencial español, en una foto distribuida en la cuenta oficial de Twitter del Gobierno.
    Pedro Sánchez, a bordo del avión presidencial español, en una foto distribuida en la cuenta oficial de Twitter del Gobierno.

    Pulula por las redes sociales, y se expande como un reguero de pólvora, un vídeo que muestra una interminable concatenación de ocasiones en las que Pedro Sánchez recuerda que es el presidente del Gobierno. Para más inri, la recopilación de recordatorios de su distinguida posición se produce en un mismo tiempo y espacio, en concreto, en una entrevista que le hizo la aguerrida periodista Ana Pastor, ducha en repartir mandobles y zurriagazos por doquier.

    Cacarear a los cuatro vientos que eres el presidente del Gobierno es un flagrante delito contra la buena educación, pero, además, repetirlo con machacona insistencia, a modo de cantinela, disco rayado, sonsonete monocorde o con la intermitencia de una aguja en una máquina de coser es un asesinato contra todo tratado de las buenas maneras.

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    Este comportamiento es propio de un nuevo rico encastillado que queda fascinado con tocar las nubes del cielo, de un burgués encumbrado que estima necesario recordar a la plebe que él pertenece a un estamento superior, de aquellos a los que les gusta comer delante de los pobres y sentirse aceptados por las élites a expensas de sacar brillo a su estrato socioeconómico. Y como agravante del delito, el altanero en cuestión es un caudillo de corte socialista. ¡Tócate las narices!

    Otra conducta que permite vislumbrar el talante new rich de Pedro Sánchez es el haber colocado a Begoña Gómez, su mujer, en un puesto de capital importancia en el Instituto de Empresa. No le podía haber enchufado en un departamento público, ni en un organismo internacional de notorio raigambre, tenía que hacer la esnobada de enriscarle en una de las escuelas privadas de máster más renombradas de España y con resplandeciente prestigio a nivel internacional (“global”, como dicen las huestes de la jerga “chic”). Se nota que es un matrimonio cool y open-minded, de lo más trendy, fashion y molón, la flor y nata de la izquierda caviar. Me dan ganas de ponerles un hastag y un arroba (# y @, para los profanos). No cabe duda de que #Bego y @Pedro están en la pomada.

    Que no caiga en el olvido aquel episodio de viajar dentro de un avión con gafas de sol y gesto de modelo de marca de relojes. Y para colmo del esnobismo, habiendo copiado la idea a John Fitzgerald Kennedy.

    Sin embargo, todo lo puesto sobre el tapete hasta ahora se queda corto en comparación con el plato que viene a continuación. Si abrimos la caja de los truenos y hurgamos en el baúl de los recuerdos, nos quedaremos sobrecogidos al toparnos con las saunas gais del suegro de Pedro Sánchez, del pater familias de Begoña. Los Gómez no han forjado su dinastía jugándose la vida en épica batallas ni en honrosas lides, sino que han engrandecido su estirpe con negocios de dudosa moralidad. Los Gómez se han granjeado un apellido al margen del pundonor, como excelsos nuevos ricos, lo que, en México, llaman ser unos nacos con caudal o fortuna.

    ¿En qué cosiste el esnobismo político o esnoblishment?

    Un participante del esnobismo político o esnoblishment es aquel que va de élite social y a la vez, de hombre del pueblo, que encuentra ese punto medio vistiendo con traje y sin corbata, que tiene complejo de superioridad socioeconómica pero, al mismo tiempo, se ve conminado a casar su ideología y creencias con la voluntad popular mayoritaria, lo que le lleva a renegar de lo carca, conservador y apolillado, para abrazarse a lo moderno, guay, progre, mundialista y políticamente correcto. Para que se entienda con nitidez el concepto, un esnob de la política no es un Pablo Iglesias, un Llamazares o un Julio Anguita, sino figuras más cool como Pedro Sánchez, Albert Rivera, Justin Trudeau, Hillary Clinton, Leo Varadkar y Enmanuel Macron, entre cientos.

    En resumen, la palabra esnoblishment es el esnobismo a merced del establishment, representa la fusión de ambos términos.

    «Un esnob ultramoderno es la nada donde cabe todo»

    Un miembro del esnoblishment es dado a dejarse ver por los restaurantes caros, multicolor y psicodélicos de Chueca o de la Gran Vía, evita citar a Platón, a Santo Tomás o a Aristóteles y se abraza a Mark Twain, a Pablo Coelho o al coaching, a la intelectualidad fútil, banal, de palabras huecas y frases hechas de esas que circulan por LinkedIn.

    Un integrante del esnoblishment lleva gafapasta, camisas negras y jerséis de cuello alto. Un esnob ultramoderno no pronuncia términos barrocos, sino anglicismos y vocablos como “global”, “igualdad” y “dinamismo” y expresiones del estilo de “abierto de mente” o “de mundo”. Un esnob ultramoderno es Risto Mejide, Bill Gates o el difunto Steve Jobs (que en paz descanse).

    Un correligionario del esnoblishment lee El País y vota a Pedro, a Albert o a algún partido animalista o ecologista. Un esnob ultramoderno es la nada donde cabe todo.

    Un acólito del esnoblishment es Hillary Clinton, que sustituye la defensa de los pobres y de las clases desfavorecidas por complacer al lobby gay y a las feministas.

    El antiesnob es alguien con criterio propio, crítico con lo que le rodea, políticamente incorrecto, castizo y desenfadado, que defiende sus ideas con valentía

    Un adlátere del esnoblishment alberga y promueve la farsa de que el Papa Francisco es progre y es fan del Padre Ángel. Un esnob ultramoderno es aquel que utiliza expresiones huecas y que emocionan a una parte del rebaño, como “balón de oxígeno democrático”, “democracia en positivo”, “progreso», «capitalismo de amiguetes» o “la fuerza del cambio”.

    Un peón del esnoblishment es alguien como Risto Mejide, que, un día, se declara socialdemócrata, otro, dice que va a votar a PACMA, y en un tercero, defiende a Amancio Ortega como modelo de empresario.

    Un brazo vigoroso del esnoblishment es una persona como Bill Gates, que mientras el dinero se le escapa por las orejas, suelta la chorrada de que la culpa de que haya hambre en el mundo la tiene el cambio climático.

    Un caudillo del esnoblishment es Barack Obama paseándose con traje y sin corbata junto a Enmanuel Macron y Albert Rivera; es Obama dando la razón en algunos aspectos a sus enemigos para parecer un hombre comprensivo; es Obama narrando experiencias de su juventud que conectan con el pueblo (como la de que él, también, fue mochilero); y es Obama bajándose de un avión como si estuviese haciendo running o corriendo de la mano de Joe Biden.

    Un lacayo del esnoblishment es Justin Trudeau disfrazándose de hindú en Asia para aparentar tolerancia, diversidad y cosmopolitismo, es Trudeau haciendo running con Leo Varadkar y es Trudeau exhibiendo sus calcetines modernos junto al citado gobernante irlandés.

    ¿Qué es un antiesnob de la política o antiesnoblishment?

    El antiesnob de la política o antiesnoblishment es lo diametralmente opuesto a todo lo que se ha mencionado con anterioridad. Es alguien con criterio propio, crítico con lo que le rodea, políticamente incorrecto, castizo y desenfadado, que defiende sus ideas con valentía y sin tratar de adecuarlas al gusto de los demás, que habla claro y evita cursilerías terminológicas, que es realista y da prioridad a lo fundamental sobre lo secundario.

    Un  antiesnoblishment de izquierda es Bernie Sanders, rival de Hillary Clinton en las primarias del Partido Demócrata, al dar más importancia a la tutela de los desfavorecidos y a las políticas sociales que a contentar a las feministas y a lobby homosexual. Es el casticismo rojo de Julio Anguita, Gaspar Llamazares, Pablo Iglesias y Jorge Verstrynge, es el carácter de bandolero y miliciano de Joaquín Sabina.

    Un antiesnoblishment de derechas es Donald Trump, Chuck Norris, el difunto Jesús Gil, Silvio Berlusconi, Vladimir Putin, Matteo Salvini y Nigel Farage, entre otros.

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    Escritor por vocación y amor a las causas nobles. Mi licenciatura en Derecho no me ha impedido dedicarme profesionalmente al periodismo durante una temporada de mi vida, oficio que desempeñé en Intereconomía, casa en la que blandí la pluma, con más fuerza que la espada, cerca de 4 años. En el presente, no vivo solamente de escribir, sino de otros menesteres, al igual que Cervantes, pero es una afición que sigo cultivando como colaborador en diversos medios de comunicación y a través de mi blog, El Despacho de Don Pepone, el cual goza ya de más de 1 millón de visitas