Irene Montero y Pablo Iglesias, durante un pleno en el Congreso de los Diputados. /EFE Chema Moya.
Irene Montero y Pablo Iglesias, durante un pleno en el Congreso de los Diputados. /EFE Chema Moya.

‘Ridículo’ es una palabra de la que abusamos en nuestras diatribas, porque ridículo es, etimológicamente, lo que mueve a risa, y nueve de cada diez cosas que motejamos de ridículas en la vida pública no tienen maldita la gracia.

Pero la saga del chalet, sí, ¿ven? Si ustedes pueden ver el desarrollo de esta farsa sin esbozar siquiera una sonrisa, desespero de su sentido del humor.

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Un líder proletario que ha construido su carrera política a base de vestirse de pueblo y presumir de piso de protección oficial en Vallecas se compra un chalet que, si bien bastante hortera, tiene de obrero lo que yo de arzobispo de Tegucigalpa.

Eso ya es gracioso.

Más aún, ver a los sicofantes del líder ponerse en ridículo para justificar en Pablo lo que han atacado rabiosamente en cualquier otro. Mayoral, leo, ha llegado a decir de Irene Montero que es uno de los “grandes cerebros” de la formación. Irene. Montero. Están Marx, Gramsci e Irene Montero, no necesariamente por este orden.

Eso es carcajeante.

Pero luego van y, en vez de no meneallo, que es lo que haría cualquiera con dos dedos de frente, ¡convocan un referéndum interno! ¡Por un chalet, por una compra privada!
Y eso, amigos, es para caerse de la silla y retorcerse por el suelo.

Y, sin embargo, si se mira con sus ojos, es perfectamente coherente con ese cúmulo de despropósitos que es la formación morada.

La ideología es una forma degenerada de teología para un tiempo sin Dios. En ese sentido, no basta con que presente un esqueña racional y convincente sobre cómo organizar mejor la convivencia y el gobierno de la comunidad, sino que debe responder a todo y esbozar una visión del hombre, de la historia, del bien y del mal.

Lo vemos por todas partes. Lo vemos en un Alberto Garzón diciendo muy serio a no recuerdo qué periodista televisiva que una persona de izquierdas no puede delinquir. No PUEDE. Es decir, ser de izquierdas no es ser un tipo cualquier que en algún momento se convence de que las fórmulas políticas de la izquierda son especialmente convenientes, no: es otra especie, es otro tipo de Homo sapiens, es un ser literalmente impecable, destinado, como en una recreación laica del calvinismo, a ser siempre justo y benéfico.

Por contra, eso significa que quienes no son de izquierdas no están meramente equivocados, es que son malvados, son los ímprobodos destinados a las llamas desde toda la eternidad. Por eso yerran quienes critican a la izquierda que llamen ‘fascistas’ a todo el mundo, desde los liberales a los conservadores, pasando por la izquierda moderada. No es un error de terminología porque, si el mundo está dividido en buenos y malos, ¿qué sentido tiene ir andando con distingos en el bando de los réprobos?

“Lo importante es que Pablo aparezca ungido por sus bases, su elección habitacional bendecida con el santo óleo de los votos, que borra los pecados”

Y por eso, porque es algo que afecta a la naturaleza humana -porque es un error sobre el hombre, podríamos decir- es por lo que el liderazgo podemita considera tan importante sus compras personales y su modelo de vida como para someterlo a voto.

Que es un voto más trucado que una película de chinos lo sabemos todos, naturalmente. Por eso, informa ESdiario, el auditor de Podemos hasta 2017, Openkatrio, dejó de supervisar las elecciones internas del partido después de Vistalegre II alarmado por el descontrol del escrutinio.

Pero eso no es lo importante. Lo importante es que Pablo aparezca ungido por sus bases, su elección habitacional bendecida con el santo óleo de los votos, que borra los pecados.

En cualquier otro partido, daría igual. Todos estamos un poco contagiados por esta visión omnímoda y multicomprensiva de la política, y de ahí que desde la derecha se suela criticar que un comunista use un iPhone, como si pudiese usar un móvil de fabricación estatal, o que viva a todo tren, confundiendo ser comunista con ser franciscano.

Un comunista rico podría, con toda la coherencia del mundo, decir que él defiende un sistema que le parece más adecuado y justo, pero que vive en el sistema que existe y, naturalmente, lo aprovecha.

Pero ninguno lo hace, por lo que decía más arriba: porque las ideologías son ya teologías, y una que se basa fundamentalmente en la envidia sabe que lo último que puede hacer es dar motivos para que le envidien los suyos.

Por eso creo que Pablo ha desactivado el peligro de que Podemos pueda a llegar a gobernar. Oh, sí, ganará la consulta. ¿Y qué? Si lo hace por poco, sabrá que tiene a una gran parte de sus bases descontentos y en su contra; si gana por abrumadora mayoría, todos nos reiremos y hablaremos de mayoría búlgara.

A largo plazo, los escraches se harán imposibles, las críticas ‘sociales’ sonarán huecas, y el chalet colgará del cuello de la parejita como réplica comodín en el discurso de todos sus rivales políticos.

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Traductora, inconformista, muy suya, amante del periodismo con y sin papel, y sobre todo lectora: ésa es su verdadera vocación. Y por ese orden: primero leer y luego escribir.