11S/ Actuall-AMB
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Que Puigdemont encabece la manifestación de la ‘Diada de la desconexión’, tras haber cruzado la raya roja de la legalidad es la última escena de un proceso incubado hace décadas.

El Parlament presidido por Forcadell, con su 23 F a la catalana, y formaciones como Partit Demòcrata Europeu Català (PdCAT), Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) y Candidatura d’Unitat Popular (CUP) son, sin duda, los “Tejeros” de este golpe de Estado contra la democracia.

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Pero no son los únicos responsables. Sino el último y (decisivo) eslabón de una larga cadena de complicidades, directas e indirectas, sin las cuales hoy no tendríamos que estar conteniendo la respiración ante un ataque contra la unidad de España que puede tener impresivisibles consecuencias.

Los demás eslabones son éstos.

1. Suárez y los ‘padres’ de la Constitución, por ceder ante los nacionalismos

Junto a grandes aciertos -que es de justicia reconocer- los políticos que hicieron la Transición cometieron un error cuya factura estamos pagando ahora: ceder ante esa antigualla del siglo XIX que son los nacionalismos.

Primero, concediendo privilegios electorales a PNV y CiU; y segundo, colando en el diseño del Estado de las Autonomías, el caballo de Troya de las “nacionalidades”: caja de Pandora de la que saldrían los reinos de taifas del País Vasco peneuvista/abertzale y la Generalitat de CiU, con su balance de sangre roja (en el primer caso) y sangre verde (en el segundo). El chantaje de la violencia y el chantaje de la ‘pela’.

“No hay nacionalidades -advertía Julián Marías-. Nacionalidad no es el  nombre de ninguna unidad social ni política, sino un nombre abstracto”

El concepto de “nacionalidades” es un disparate jurídico, como advirtió entonces el filósofo Julián Marías, senador por designación real: “No hay nacionalidades  -ni en España ni en parte alguna-” decía. “Porque ‘nacionalidad’ no es el nombre de ninguna unidad social ni política, sino un nombre abstracto, que significa una propiedad, afección o condición”.

Explicaba el discípulo de Ortega que “nacionalidad” no es más que un anglicismo, procedente del tratado Representative Government (1861), de Stuart Mill, que usó la palabra “nationality”.

Miquel Roca
Miquel Roca

Pero los padres constituyentes lo aceptaron, hipotecando así el Estado de las Autonomías, proporcionando a peneuvistas y convergentes un arma dialéctica para tirar del hilo y descoser el tejido del Estado español.

Y dando pie al concurso de majaderías en el que han competido desde el sobrevalorado Miquel Roca (“hay naciones sin Estado”) hasta el segundo clasificado (Pedro Sánchez y “su nación de naciones: España, Cataluña, País Vasco y Galicia”). El primer puesto es para Zapatero y su “nación, concepto discutido y discutible”.  

2. El PSOE de González y el PP de Aznar, por un puñado de votos

Son responsables indirectos de la crisis catalana, los gobiernos del PSOE y el PP, al ceder al chantaje violento de los vascos (los pistoleros agitaban el árbol y los políticos del PNV recogían las nueces, según la famosa frase de Arzalluz) y al chantaje fenicio del pujolismo, a cambio de un puñado de votos.

González, en los años 80, y Aznar, en los años 90, se mantuvieron en el poder en la Moncloa, gracias al apoyo teñido de sangre de los vascos y al apoyo teñido de corrupción y asuntos sucios de la mafia pujolista.

Aznar -tan buen gestor y eficaz gobernante por otro lado-, cometió un error estratégico -pero también de principios- al entregarle al pujolismo la “cabeza” de Aleix Vidal-Quadras, el único ‘pepero’ que hacía oposición de verdad en Cataluña, cargándose así el bastión del constitucionalismo frente a los nacionalismos.

Felipe González en los años 80/El País

3. Pujol y el pujolismo, por un puñado de dólares

Nacionalismo suele rimar con caudillismo, régimen personal. Y eso fue el de Jordi Pujol cuando daba el pego de líder democrático y luchador antifranquista, escondiendo bajo el título de Molt Honorable las maneras y la trayectoria de un estafador.

Durante su largo mandato de 23 años en el Palau (1980-2003), creó un red clientelar, a base de comprar voluntades, apalacando a CiU en el poder, de forma similar, a como lo hizo el PSOE en Andalucía.

Esto le sirvió para generar una cultura que Artur Mas, su sucesor en la Generalitat, amortizaría con las famosas comisiones del 3%, actualmente en fase de investigación.

Y al mismo tiempo para cabalgar sobre el tigre del secesionismo, sentando las bases (inmersión linguística, persecución del castellano, siembra de “ikastolas” donde se inoculaba el antiespañolismo a los escolares) de lo que Maragall, Montilla o Artur Mas perpetraron en los años 2004-2014, cuando se aprobó la reforma del Estatut y Esquerra Republicana presionaba para radicalizar el desafío.

No se puede entender el golpe duro de ahora, sin la gota malaya de las tres décadas de pujolismo

No se puede entender el golpe duro de ahora, sin la gota malaya de las tres décadas de pujolismo.

Una mezcla de ambición personal, delirios de grandeza y desprecio por la democracia que ha terminado como el rosario de la aurora, con todo el clan Pujol investigado por estafa por la Unidad de Delincuencia Fiscal de la Policía.

José María Aznar, en su etapa de presidente de España / Wikipedia

El propio Jordi Pujol reconoció en 2014 haber ocultado a la Hacienda Pública durante 34 años «un dinero ubicado en el extranjero».

4. Zapatero, el optimista antropológico que dio alas al Estatut

Quiso pasar a la Historia solucionando los problemas de ETA y de Cataluña. Y no se le ocurrió nada mejor que impulsar la negociación con los terroristas (a través del PSC); y de dar alas a la reforma del Estatut.

Esto último se saldó con una exacerbación del separatismo en la Cataluña post-Pujol, durante la etapa del Tripartito (PSC-Esquerra-ICV).

Lo que desembocó en el viraje hacia la autodeterminación dado por Artur Mas, con su famosa consulta ilegal del 9-N (de 2014), por la cual fue condenado a inhabilitación por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC).

José Luis Rodríguez Zapatero
José Luis Rodríguez Zapatero

5. El Conde de Godó y los medios domesticados por el Govern.

Probablemente las cosas no hubieran llegado tan lejos si los nacionalistas no hubieran contado con la correa de transmisión del 99% de diarios, radios y cadenas de televisión de Cataluña, domesticados a base de subvenciones.

No ha habido prensa libre en los últimos 30 años y eso se nota. Y el que alzaba la voz para discrepar del pujolismo era condenado por la omertá o ley del silencio (casos de La Voz de Barcelona o Libertad Digital).

Los medios desfilaban al paso de la oca que le marcaba el Palau, y se comportaban como los periódicos de la cadena del Movimiento (en tiempos de Franco), llegando a publicar editoriales conjuntos, como el que lanzaron doce de ellos en 2009, en defensa del Estatut.

El comentario de agradecimiento del entonces ‘president’ Montilla parece un parte del Palacio de El Pardo: “refleja la amplia unidad que hay en la sociedad catalana”.

Para asegurarse las “inquebrantables muestras de adhesión” de su corte de periodistas aduladores, la Generalitat creó un orwelliano Consejo Audiovisual, el CAC, que premiaba a los buenos y castigaba a los malos.

La TV3 ha funcionado como una bien engrasada máquina de propaganda, lavando el coco a una generación de “catalanitos”

Y su cadena oficial, la TV3, ha funcionado como una bien engrasada máquina de propaganda, lavando el coco a una generación de “catalanitos”, que lo mismo excluía al resto de España en el mapa del tiempo que ofrecía la quema en directo de un ejemplar de la Constitución, como hizo la periodista Empar Pineda.

Tal era el grado de servilismo de la prensa catalana, que la Generalitat no pudo soportar que un rotativo (El Periódico) recuperara por un día la dignidad y publicara una exclusiva: que la CIA había avisado del atentado “específicamente” en la Rambla.

Se lleva la palma de la sumisión La Vanguardia,  propiedad del Conde de Godó, monárquico, hijo de un procurador de Franco, y un ejemplo palmario de esa burguesía catalana cómplice de la deriva sececionista.

Cabecera del periódico la Vanguardia
Cabecera del periódico la Vanguardia

Sostres ironiza con las “inverosímiles cantidades de ejemplares” que regala en el Tibidabo: “podría ser que cuando el diablo  quiso tentar a Jesús con su tibi dabo le regalase, mientras se lo pensaba, un ejemplar de La Vanguardia‘“.

6. Rajoy, y los gobiernos centrales, débiles e inoperantes

No olvidemos, finalmente, al Estado central (con gobiernos de izquierdas y de derechas), que se ha dejado comer la tostada por la bestia secesionista en un doble sentido.

Por un lado, al ceder permanentemente al chantaje económico de los gobernantes catalanes.

Para aplacar la amenaza secesionista, los distintos gobiernos (incluído el de Rajoy) les concedían ventajas financieras. Solución injusta y además ineficaz, porque los separatistas jamás se saciaban y pedían más. Y el mismo Gobierno que ahora se raja las vestiduras constitucionales ante el 23 F sececionista cedía una y otra vez ante el voraz sablista.

Y por otro, el Estado central se ha rendido sin oponer resistencia ante los ataques contra la Constitución y los derechos de los españoles, al no poner coto a la persecución al castellano o a la tergiversación de la Historia en las aulas.

La Alta Inspección del Estado  no movió un dedo cuando en los libros de texto escolares se decía que Cervantes o Fernando el Católico eran catalanes.

Así, Aznar, por ejemplo, no llevó al Tribunal Constitucional la ley catalana que preveía sanciones lingüísticas e impidió que el Defensor del Pueblo lo hiciera. Y la Alta Inspección del Estado hizo la vista gorda y no movió un dedo cuando en los libros de texto escolares se decía que Cervantes o Fernando el Católico eran catalanes.

Las juventudes nacionalistas y radicales que han brotado como setas en la última década no lo han hecho por generación espontánea, sino porque han mamado las tergiversaciones y la inquina hacia España en libros de texto y en las aulas. Ahora ya es tarde.

Los Ejecutivos secesionistas le han tomado la medida al Estado central y a los tribunales y se han reído de las sentencias del Supremo.

Y Puigdemont, Junqueras y Forcadell juegan ahora con la baza del miedo escénico de un Gobierno preso de los complejos como el de Rajoy.

Ejemplo. El Gobierno tuvo la ocasión de aplicar el famoso artículo 155 de la Constitución (que contempla mecanismos excepcionales para obligar a una Comunidad Autónoma al cumplimiento forzoso de sus deberes cuando se niega a hacerlo).

Y no lo hizo, no se atrevió. Y se le pasó el plazo procesal (exigido por el artículo 189 del Reglamento del Senado). De suerte que  ahora ya es tarde para aplicarlo.

Que luego no se quejen.

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Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.