¿Debemos hacer un hueco a la sharia en nuestra sociedad?

    La sharia es un conjunto de normas en las que se confunde la apelación religiosa a la conciencia individual, el modo de comportarse en el ámbito privado de la familia, en el más amplio de la comunidad o sociedad, y todo ello con instrumentos coactivos propios del derecho penal, más que de la moral.

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    Musulmanas llaman abiertamente a la conversión de Francia al islam y a la sumisión a la sharia.
    Musulmanas llaman abiertamente a la conversión de Francia al islam y a la sumisión a la sharia.

    Según un informe del gobierno sueco, Estocolmo tiene 62 agujeros en la red del Estado de Derecho que, en principio, debía cubrir todo el país. Son zonas en las que la presencia de la comunidad musulmana es mayoritaria, casi exclusiva. En ellas, la fuerza de la comunidad organizada según los preceptos tradicionales, fijados con la fuerza de la religión, se impone a las costumbres, los valores y, en última instancia, el derecho del país.

    El número de barrios de Estocolmo que se escapan al normal funcionamiento de las instituciones es importante, porque se corresponde con el primer semestre de 2017, mientras que seis meses antes, en diciembre de 2016, eran 55. Es un crecimiento importante en sólo un semestre. Y son datos de hace un año. ¿Cuál será la situación en estos momentos?

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    La sharía es un conjunto de normas en las que se confunde la apelación religiosa a la conciencia individual

    Hemos conocido este informe gracias a Infobae. El medio de comunicación recoge también unas palabras del comisario de la Policía Nacional de Suecia, Dan Eliasson, quien pide ayuda a todos los poderes del Estado, porque la presencia de policías está vedada en aquellas zonas. La policía es el rompeolas del sistema judicial, que acude sobre el terreno que han preparado las fuerzas del orden para imponer, con toda solemnidad, ese excelso fruto de la civilización que llamamos Ley. Si la policía no puede ni entrar, ni los jueces ni el derecho pueden tener asiento.

    Pero la ausencia del entramado institucional sueco no deja un vacío en estos barrios. El Islam tiene una vocación universal, y en consecuencia igualitario, en su sometimiento a la voluntad de Alá. Esa voluntad fue digamos que descubierta por Mahoma, en el mejunje de cristianismo, judaísmo y elementos nuevos e imaginativos que es el Corán. El texto es insuficiente para organizar una sociedad, de modo que se han recabado los ecos de los hechos y palabras del profeta, más algunas normas consuetudinarias, en lo que se llama sharia. La sharia es un conjunto de normas en las que se confunde la apelación religiosa a la conciencia individual, el modo de comportarse en el ámbito privado de la familia, en el más amplio de la comunidad o sociedad, y todo ello con instrumentos coactivos propios del derecho penal, más que de la moral.

    Esto es importante tenerlo en mente, porque tenemos que plantearnos en serio hasta qué punto se puede permitir que haya distintos sistemas judiciales en una sociedad abierta, y no uno sólo sometido a los mismos principios y en un orden estrictamente jerárquico.

    Y debemos hacerlo porque nuestra propia historia, la de Europa, conoce esa situación. Tendemos a pensar que ciertas instituciones, como el derecho, han sido siempre como son ahora, poco más o menos. Pero eso es un error. En la Europa fragmentada tras el pesado pero inexorable derrumbamiento del Imperio Romano, en esa Europa que adquiría una religión oriental que acabó haciendo propia, la Iglesia, los reyes, los comerciantes, los restos del Derecho Romano, las aportaciones de los principios jurídicos bárbaros, sobre un suelo agrietado y aún sin unir por medio del comercio, se crearon fueros distintos. La Iglesia tuvo el suyo.

    La sharia tiene su propia voluntad totalizadora, en la que el derecho y la moral, la opinión y el asalto a la vida o la propiedad, todo se confunde en un mismo sistema

    Intentó, por cierto, crear una estructura unificada muy parecida a la de la sharia, pero fracasó. Los reyes tenían su propio fuero. Quienes reconstruyeron el Imperio, también. Los comerciantes crearon unos usos y unas instituciones propias. Y sólo la naturaleza totalizadora del poder y la creación del Estado pudieron romper ese puzzle jurídico. Hemos perdido mucho en esa evolución, porque en las grietas que se abren entre un fuero y otro se filtra la libertad y la autonomía personal.

    ¿Podemos, entonces, esperar a que la sharia nos retrotraiga a los orígenes de nuestras instituciones? Romper la unicidad del sistema legal, reconocer fueros distintos, reconocer que el derecho es una creación de la sociedad, y que distintos ámbitos de la misma pueden crear las normas que le atañen a ellos, llevaría a recuperar para la sociedad el control del derecho que ahora tienen, de forma ilegítima, los políticos.

    ¿Nos ayudará la sharia a recuperar el control sobre el derecho? Yo creo que no. Primero, porque la unicidad de las fuentes jurídicas, aunque sea en el proceso político, tiene sus ventajas, como la posibilidad teórica de que haya igualdad ante la ley. No la hay nunca porque, por ejemplo, unos pagan más impuestos que otros, pero en otros ámbitos sí podemos aspirar a ese ideal. Por otro lado, la sharia tiene su propia voluntad totalizadora, en la que el derecho y la moral, la opinión y el asalto a la vida o la propiedad, todo se confunde en un mismo sistema.

    Además, sus principios atentan contra nuestra forma de entender la vida. Nosotros creemos firmemente en la igualdad esencial entre hombres y mujeres. Creemos en la autonomía personal. Creemos en libertades que, vistas desde la sharia, resultan disolventes e inaceptables. La presencia de la sharia lleva inevitablemente al enfrentamiento con la sociedad de acogida. Un enfrentamiento que sólo se puede retrasar en la medida en que asumamos nosotros el significado de la palabra Islam: sometimiento.

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    José Carlos Rodríguez es periodista. Forma parte del equipo de ProducciONE, pero en otra vida ha sido redactor jefe de Internacional de La Gaceta, y ha trabajado en la prensa digital en medios como Factual.es, elimparcial.es y libertaddigital.com. También ha colaborado con el semanario Alba, Expresión Económica, La Ilustración Liberal, La Gaceta de los Negocios o la agencia APIE, entre otros.