El declive sindical: de las mariscadas a las esteladas

    Los sueldos de los dirigentes y trabajadores de UGT y CCOO, sus viajes, el coste de mantenimiento de los edificios, todo pasa por nuestro bolsillo. No hay elección ni ‘X’ que valga en la declaración de IRPF para mantener a esta gente.

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    Muestra del despiporre patrio a cuenta de la mariscada pantagruélica y sindical desvelada por ABC en 2013.

    Hay que reconocer que la especie conocida como ‘españolito común’ se caracteriza por su agilidad mental y su puntito de mala leche. Hay, por supuesto, una ‘geografía’ hispana del ingenio que tiene su epicentro en Andalucía y sus efectos, a modo de réplicas sísmicas, en el resto de la península ibérica. El Siglo de Oro de nuestra literatura reflejó ese talento nacional de forma magistral. Por cierto, que muchos de los escritores de aquel tiempo encontraron en la picaresca su fuente de inspiración.

    Pues precisamente las queridas tierras andaluzas proporcionaron a los autores de nuestro tiempo una jugosa noticia en el año 2013. El diario ABC lo titulaba así: “UGT Andalucía cargó una mariscada de 2.047 euros a una subvención de la Junta”. La noticia detallaba después el menú y su coste: “Treinta raciones de langostinos, 1.080 euros; seis pargos al horno, 126 euros; seis cilindros de foie, 90 euros; ocho botellas de Rioja de reserva Marqués de Arienzo, 152”.

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    Esta muestra de austeridad sindical con cargo a los fondos públicos en un país que a duras penas combatía una crisis económica, desató la creatividad popular. Y las redes sociales se poblaron de frases e imágenes en las que el histórico lema anarcosindicalista ‘A las barricadas’ era sustituido por el más actualizado de ‘A las mariscadas’. No tienen más que revisar las redes sociales en las proximidades del 1 de mayo para comprobar la habilidad hispánica para reírse de su sombra.  

    José Álvarez y Unai Sordo, secretarios generales de UGT y Comisiones Obreras.
    José Álvarez y Unai Sordo, secretarios generales de UGT y Comisiones Obreras.

    El expolio de las arcas públicas llevado a cabo por no pocos dirigentes de Unión General de Trabajadores (UGT) y, en menor medida, Comisiones Obreras (CCOO), los sindicatos mayoritarios o de ‘clase’ merece una enciclopedia. El problema es que, más allá de las bromas, esto nos cuesta dinero. A usted y a mí, aunque nunca hayamos estado afiliados ni a UGT ni a CCOO. Los sueldos de los dirigentes y trabajadores de estas entidades, sus viajes, el coste de mantenimiento de los edificios, todo pasa por nuestro bolsillo. No hay elección ni ‘X’ que valga en la declaración de IRPF para mantener a los sindicatos. Lo pagamos sí o sí. Como a los funcionarios pero, por lo que hemos podido comprobar en no pocos casos, sin control.

    No es de extrañar que, como detallaba el diario El Mundo, ambos sindicatos hayan perdido más de 500.000 afiliados entre 2011 y 2015. Y no sólo, como han argumentado sus portavoces, por el desempleo y la escasez de trabajadores en activo. La corrupción, la ineficacia y el dedicarse a tareas que no les competen tienen mucho que ver. Robar y no ser eficientes sale carísimo.

    «Con el dinero del ‘opresor’ Gobierno de España estas ‘joyas’ sindicales primero gastaron en mariscadas y ahora en esteladas. Ni corrupción económica ni politiquería ajena a los intereses de los obreros, señores»

    Por si fuera poco, el pasado fin de semana UGT y CCOO, los destinatarios de una parte de nuestros impuestos, nos dieron otra ‘alegría’ porque salieron a las calles de Barcelona para manifestarse con lazos amarillos a favor de los independentistas catalanes encarcelados por vulnerar la ley y burlarse de todos los españoles, también de los trabajadores. Las redes sociales llevan días ‘ardiendo’ con mensajes de personas que anuncian que se han dado de baja en alguno de estos sindicatos por su deriva secesionista. Lo entiendo perfectamente.

    Lo que no acierto a comprender es por qué una organización que tiene un objetivo claro -que es defender a los trabajadores- se dedica a hacer reivindicaciones políticas que nada tienen que ver con lo laboral. Sobre todo, cuando se financian con los Presupuestos Generales del Estado. Vamos, que con el dinero del ‘opresor’ Gobierno de España primero gastaron en mariscadas y ahora en esteladas. Ni corrupción económica ni politiquería ajena a los intereses de los obreros, señores.

    Y por si fuera poco, a estas dos `’joyas’ de la lucha obrera les ha dado por promover con fuerza eso que se llama ‘diversidad sexual’ o ‘ideología LGTBI’. Sólo dos ejemplos. La ‘Guía sindical sobre diversidad sexual y afectiva en el entorno laboral’ de UGT y la ‘Diversidad afectiva y sexual: Una cuestión sindical’ de CCOO. Ambas guías proclaman, con términos casi idénticos, que los sindicatos tienen “la obligación de velar por los derechos de las personas LGTB y garantizarles una igualdad de oportunidades real, especialmente en el mundo del trabajo”.

    Es decir, en función de sus preferencias sexuales, las organizaciones sindicales le protegen a usted más o le protegen menos. Yo me había creído que eran organizaciones que velaban por los derechos de los trabajadores independientemente de sus características, origen, circunstancias o condiciones. Por el sólo hecho de ser empleado o desempleado, proletario en términos marxistas, pensé que el sindicato me iba a atender. Y, por supuesto, estaba segura de me defendería ante cualquier discriminación sin preguntarme antes por mi vida personal o con quién me acuesto.

    Esto de dedicarse a todo menos a lo que uno tiene encomendado no es admisible, sobre todo cuando lo pagamos los ciudadanos (la mayoría, por cierto, trabajadores). Si en una empresa el encargado de la contabilidad, por poner un ejemplo, se dedica a abrir la puerta y atender a las visitas, sin duda alguien le llamará la atención. Es de cajón. Pero UGT y CCOO parece que tienen un privilegio que les permite hacer de todo menos dedicarse a su misión, sin distracciones. Que estos presuntos defensores del obrero hayan metido la mano en la caja pública para comer langostinos es miserable y delictivo. Y zafio y de nuevo rico. Pero desatender las tareas por las que a uno le pagan -dedicarse en cuerpo y alma a los trabajadores que tienen ocupación y a los que carecen de ella- me parece una inmoralidad.

    A mi núnca se me ha pasado por la cabeza afiliarme a los mencionados sindicatos porque, además de su escasa credibilidad, me consta que resuelven más bien poco en lo que a problemas laborales se refiere. Así que, lamentablemente, no puedo darme de baja. Pero si en el proceso que les ha llevado de las mariscadas a las esteladas (pasando por la elaboración de guías LGTBI) UGT y CCOO desaparecen o se refundan les confieso que no voy a derramar ni una lágrima.

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