El derecho a discriminar y a ser grosero

    Lo mejor de la civilización es que nos enseña a respetarnos independientemente de lo que pensemos o de nuestras inclinaciones personales. En Estados Unidos, mermado, herido y bajo un intenso fuego enemigo, todavía se reconoce el derecho de propiedad y su corolario, la libertad personal.

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    Sarah Huckabee Sanders es portavoz de la Casa Blanca.
    Sarah Huckabee Sanders es portavoz de la Casa Blanca.

    La secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, acudió el pasado viernes, 22 de junio, a un restaurante en Lexington, a tres horas de la capital, llamado The Red Hen. Es un sitio caro donde sirven comida de mucha calidad; no es un lugar para cualquier bolsillo. El de Sanders está financiado por el sueldo de un alto cargo de Washington, de modo que esperaría no tener ese problema, ni ningún otro, al acudir a él.

    Pero no fue así. El camarero, según confesión propia, le atendió durante dos minutos. Lo que tardó la chef y dueña del local, Stephanie Wilkinson, en darse cuenta de su presencia, acudir a su mesa y echarle del local. “Yo le expliqué”, dice Wilkinson, “que el restaurante tiene ciertos cánones que espero mantener, como la honestidad, la compasión y la cooperación”. Y sobre esas bases le dijo a Sanders: “Yo le pido que se vaya”.

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    ¿Por qué dijo la chef esas palabras? Porque Sanders pertenece a la Administración Trump y hay políticas dictadas por la Casa Blanca con las que Wilkinson está en un profundo desacuerdo; le parecen “políticas crueles”, llevadas a cabo por una Administración “inhumana y antiética”.

    Estaba claro que echarla de ahí le podría enemistar con los potenciales clientes que sí fuesen partidarios de Trump, pero cree que “es el momento, en nuestra democracia, en el que la gente tiene que adoptar comportamientos incómodos para mantener la moral”. Además, como ella misma reconoce, la mayoría de los votantes en derredor del restaurante son demócratas.

    «Fascista o no, lo cierto es que Stephanie Wilkinson echó de su local a una mujer por motivos estrictamente ideológicos»

    Sanders, por su parte, ha explicado que abandonó el local de forma educada y recuerda que este incidente “habla más de ella que de mí”, porque por lo que a ella respecta, “siempre intento tratar del mejor modo a la gente, incluyendo a aquéllos con los que estoy en desacuerdo”.

    Este incidente es muy revelador por la creciente intransigencia política por parte de un lado del espectro ideológico. Recientemente, la Secretaria de Seguridad Interior Kirstjen Nielsen, fue expulsada de un restaurante mejicano por un escrache en su contra. El escrache, para quien no lo sepa, es una manifestación reforzada, así como en los Estados Unidos hay “interrogatorios reforzados”. Así mismo, el consejero de la Casa Blanca Stephen Miller vió como, en otro mejicano, un comensal se levantó y le llamó “fascista”.

    Fascista o no, lo cierto es que Stephanie Wilkinson echó de su local a una mujer por motivos estrictamente ideológicos. Lo mejor de la civilización es que nos enseña a respetarnos independientemente de lo que pensemos o de nuestras inclinaciones personales.

    «Charlie y David no tienen derecho a forzar a Jack Phillips a que trabaje para ellos. Y lo mismo habría podido alegar la furibunda chef de Lexington»

    En este sentido, la actitud de Wilkinson se puede considerar incivilizada. Como la de Jack Phillips. Él se negó a hacerle una tarta de bodas a dos clientes, ambos varones, que se iban a casar. Charlie Craig y David Mullins debieron sentirse decepcionados. Y, según parece, también ofendidos, porque llevaron la negativa de Phillips ante las autoridades. La Comisión de Derechos Civiles de Colorado falló en contra del pastelero, y éste llevó el asunto ante el Tribunal Supremo.

    Los abogados de Phillips alegaron principalmente la libertad de expresión de su cliente, pero los argumentos del Supremo se basaron sobre todo en la libertad religiosa. El fallo, redactado por el juez Kennedy, decía que la Comisión había mostrado hostilidad hacia su fe religiosa, y considera que los comentarios de la Comisión, que vinculaba la negativa de Phillips con la esclavitud y el Holocausto, como “uno de los ejercicios retóricos más despreciables a los que se puede recurrir para atacar la religión de otros”.

    Tanto los defensores como el propio Tribunal Supremo podían haber invocado la 13ª Enmienda a la Constitución, que es la que prohíbe el trabajo esclavo. Charlie y David no tienen derecho a forzar a Jack Phillips a que trabaje para ellos. Y lo mismo habría podido alegar la furibunda chef de Lexington.

    En los Estados Unidos, mermado, herido y bajo un intenso fuego enemigo, todavía se reconoce el derecho de propiedad y su corolario, la libertad personal. La libertad es lo único que nos puede salvar de la ingeniería social.

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    José Carlos Rodríguez es periodista. Forma parte del equipo de ProducciONE, pero en otra vida ha sido redactor jefe de Internacional de La Gaceta, y ha trabajado en la prensa digital en medios como Factual.es, elimparcial.es y libertaddigital.com. También ha colaborado con el semanario Alba, Expresión Económica, La Ilustración Liberal, La Gaceta de los Negocios o la agencia APIE, entre otros.