Descristianización fascista

    El narcisismo de los antiliberales queda plasmado en cómo se presentan. Todo en ellos es bueno, todo es solidaridad, mejora, cambio, progreso, y todo en ellos es modernidad.

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    Pablo Iglesias y Benito Mussolini / Actuall

    El fascismo es el demonio para los autodenominados progresistas. Sin embargo, el fascismo y el socialismo en cualquiera de sus variantes tienen más coincidencias que diferencias. Esa confluencia totalitaria también se revela en su actitud hacia la religión.

    El narcisismo de los antiliberales queda plasmado en cómo se presentan. Todo en ellos es bueno, todo es solidaridad, mejora, cambio, progreso, y todo en ellos es modernidad. Condenan a sus adversarios como atrasados, antiguos, reaccionarios. Llamativamente, no hay ninguna de las ideas fundamentales de los progresistas que sea realmente nueva: en su odio a la libertad, la propiedad privada y los contratos voluntarios,  estos pretendidos modernos son más viejos que la tos.

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    Los progresistas pretenden utilizar la descristianización como seña de identidad de la izquierda

    Hace un tiempo me enteré gracias a Rubén Amón en “Más de Uno” en Onda Cero de otro ejemplo más que ilustra hasta qué punto el antiliberalismo es cualquier cosa menos un monopolio de la izquierda de nuestros días. Es un ejemplo religioso, lo que resulta particularmente llamativo porque los progresistas pretenden utilizar la descristianización como seña de identidad de la izquierda. Ellos atacan el catolicismo, como lo hemos vuelto a ver esta Semana Santa, y a cualquiera que defiende las tradiciones cristianas lo llaman fascista. Pues bien, lo que hicieron los fascistas fue nada menos que…¡instaurar la Navidad de Mussolini y los Reyes fascistas!

    Donaciones a los agricultores

    La Befana, cuyo nombre proviene de la palabra epifanía, es una figura folclórica italiana, vinculada con las fiestas de Navidad. Al estilo de los Reyes Magos, la Befana pasa por las casas el 5 de enero por la noche y deja dulces en los calcetines de los ninos y carbón en los que han sido malos (en realidad: dulces con forma de carbón). Vuela en una escoba, pero va sonriente y feliz, no como las brujas. No es una tradición anticristiana, al contrario: según el relato popular sucedió que los Reyes Magos se perdieron en su camino a Belén y pidieron ayuda a una señora que les regaló unos dulces.

    En 1928 se estableció en Italia la Befana fascista, que después cambió de nombre a Befana del Duce o Navidad del Duce, una celebración benéfica del día 6 de enero, en la cual la dictadura fascista hacía regalos a los ninos pobres. Fue una iniciativa de Augusto Turati, secretario del Partito Nazionale Fascista, que se le ocurrió la brillante idea de pedir “donaciones” a los agricultores, industriales y comerciantes. Dichas espontáneas “donaciones” eran administradas posteriormente por las organizaciones juveniles y femeninas del fascismo. La primera Befana fascista tuvo lugar el 6 de enero de 1928.

    Como todo lo que el Estado “regala” entrega a cambio de la coacción sobre sus súbditos, mediante impuestos o “donaciones”

    La celebración tuvo siempre mucho éxito, naturalmente, como todo lo que el Estado “regala”, es decir, entrega a cambio de la coacción sobre sus súbditos, mediante impuestos o “donaciones”.

    La tradición fue rápidamente adoptada en otros países con influencia fascista, como sucedió con el peronismo: los populistas argentinos generalizaron la costumbre, que habían inaugurado los emigrantes en la época de Mussolini, y el régimen peronista estableció en los años 1940 y 1950 el “regalo” para el día de Reyes de un “pan dulce”, es decir, un panettone, a todo el mundo, y diversos “obsequios” para los ninos. Obviamente, ni eran regalos, ni obsequios, ni nada por el estilo, sino solo un remedo de los regalos de Reyes, pero con cargo a los forzados contribuyentes…tan forzados como habían sido un par de décadas antes los empresarios italianos a realizar “donaciones” a los fascistas.

    Me dirá usted: bueno, cualquiera sabe que los socialistas y los fascistas tienen más coincidencias que discrepancias. Le diré yo: por supuesto que tienen sobre todo coincidencias, porque los une su rancio antiliberalismo. Pero eso no es algo que “cualquiera sabe”.

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