El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump y el dictador venezolano, Nicolás Maduro.
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump y el dictador venezolano, Nicolás Maduro.

Bastante mala es la hambruna que reina en el país, pero que ni él ni sus lacayo padecen en sus rollizos cuerpos; bastante malo es el exilio forzado de miles de venezolanos que huyen de ella y de la persecución política y bastante malo es que le hayan crecido los enanos con la proclamación de Juan Guaidó como Presidente, fruto del décifit democrático reinante en Venezuela.

Pero eso a Maduro le importa bien poco. Buena prueba de ello ha sido el bloqueo de la frontera con Colombia en Cucutá, para evitar que llegue ayuda humanitaria.

Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

Haz un donativo ahora

Pero esa desidia para con su pueblo ha logrado enfadar a la comunidad internacional. Colombia y Brasil comparten frontera con el país hispanoamericano, y EEUU cuenta con una comunidad del exilio venezolano cada vez más influyente, junto con la cubana de Miami.

El discurso de Trump pronunciado en Florida no deja lugar a dudas: los tiene muy presentes y no va a dejar las cosas como están. Una intervención militar extranjera es poco probable, pero un apoyo con algo más que palabras al Presidente Guaidó sí que es más que previsible. Y desde luego a los militares y funcionarios que están siendo valientes reconociendo al presidente interino, dentro y fuera del país, y que se juegan literalemente la vida.

«Trump llama a los militares venezolanos a derrocarle, pero Maduro va de farol y reta a Guaidó a convocar elecciones»

Trump es consciente de la ingerencia cubana en Venezuela, que ha transplantado sus servicios de seguridad allí -y son el círculo íntimo del dictador-. Por eso llama a los militares venezolanos a derrocarlo. Pero Maduro va de farol y reta a Guaidó a convocar elecciones. Esta jugada no le puede salir bien, pero si se empeña en ir contra su pueblo e impedir que llegue ayuda, la Comunidad Internacional no se quedará cruzada de brazos.

Cierto es que ni China ni Rusia ocultan sus simpatías por el orondo déspota pero EEUU siempre ha considerado Hispanoamérica su «patio trasero» y, por mucho que hagan ademán de influenciar allí, no van a ir más allá de la protesta cuando caiga Maduro.

Maduro, por tanto, tiene todas las papeletas para irse. Cuan sangrienta o pacífica sea su salida depende solo de él, pero lo deseable sería un exilio a Cuba y que deje a los venezolanos en paz. Me temo que su orgullo y altanería dificultan mucho una resolución pacífica de este problema.

Comentarios

Comentarios

Compartir
Miguel Vinuesa (1983, Madrid) es licenciado en Periodismo por la Universidad San Pablo-CEU de Madrid, y cursó el Máster de traducción de la Universidad de Ginebra (Suiza). Fue responsable de comunicación interna en una empresa relacionada con el mundo financiero y anteriormente ha sido parte de los gabinetes de prensa de Telefónica, la Conferencia Episcopal o la propia Universidad San Pablo-CEU. Actualmente es redactor en la Fundación CitizenGO.