Editorial de Luis del Pino: «La Decimoséptima Enmienda»

    La transformación del Senado en una cámara de representación territorial es anti histórica, es disgregadora, favorece la partitocracia y acaba, por la puerta de atrás, con la soberanía nacional.

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    Constitución de Estados Unidos.
    Constitución de Estados Unidos.

    La Constitución original de los Estados Unidos tal como entró en vigor en 1789, preveía un sistema bicameral en el que los miembros del Congreso serían elegidos por votación popular mientras que los miembros del senado no serían designados por los ciudadanos, sino por las camaradas representativas de cada estado, es decir, los senadores que representaron a Alabama en Washington, no serían elegidos mediante sufragio por los votantes de Alabama, sino mediante designados por la asamblea estatal.

    El objeto de este sistema era claro: proteger los intereses de los estados frente al poder central de Washington, lo cual tenía sentido en un país que acababa de formarse por agrupación voluntaria de las 13 colonias británicas que habían conseguido su independencia. Habían decidido voluntariamente fusionarse, pero querían conservar su propio carácter y autonomía, y como temían que la fusión centralizara en Washington todo el poder, introdujeron en la Constitución un Senado, no que fuera elegido por los ciudadanos, sino por lo estados y que pudiera actuar como contrapeso del Congreso que sí era elegido por sufragio universal.

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    Había una segunda razón para que el Senado no fuera elegido por votación popular. Muchos prohombres norteamericanos desconfiaban en aquel momento del mecanismo de sufragio universal ya que creían que existía el peligro de que los ciudadanos se dejaran convencer por políticos demagogos y de que al amparo de mayorías circunstanciales, se llegara a legislar tal o cual barbaridad en el Congreso, de modo que el Senado se veía como una forma de contrapesar la posible demagogia del Congreso.

    Al no ser los miembros del Senado elegidos por los ciudadanos, sino por las asambleas de cada estado (compuestas por políticos) la clase política tenía el control de su posición y podría oponerse a lo que el Congreso hiciera. Desde este punto de vista, los Padres Fundadores veían el Senado como una especie de Cámara de los lores británica, pero en la que los lores no lo eran de por vida (sino que por 6 años) y no eran nombrados por ningún rey, sino por sus compañeros lores de cada esto.

    Sin embargo, no tardó mucho en comprobarse que ese modo de designar a los senadores prestaba grandes deficiencias. Primero, al no ser los senadores elegidos por los ciudadanos, los  senadores no defendían en Washington los intereses de los ciudadanos de su estado, si no los intereses de la clase política de su sestado (que es bien distinto). Segundo, al ser elegidos lo senadores por un grupo reducido de personas -los miembros de la asamblea estatal-, resultaba posible comprar directamente el puesto de senador. En el primer siglo de vigencia de la Constitución, se detectaron 13 casos de posible compra del escaño, aunque solo en uno llegó a anularse la elección del senador en cuestión. Tercero, puesto que eran los miembros de la asamblea estatal los que elegían a los senadores, se reforzaba el poder de los aparatos de los partidos, lo que puede deteriorar la calidad del sistema democrático.

    La transformación del Senado en una cámara de representación territorial es anti histórica, es disgregadora, favorece la partitocracia y acaba, por la puerta de atrás, con la soberanía nacional

    De modo, que pronto comenzaron a alzarse voces reclamando la reformad el Senado para que sus miembros fueran elegidos también por sufragio universal. El primero en proponerlo fue el congresista Henry Storrs, en 1826, aunque reforma no llegó a coger impulso hasta que el partido populista la planteó en la campaña presidencial de 1892. A partir de ahí, los partidos tradicionales terminaron tuvieron que enarbolar también esa bandera y la reforma se aprobó en 1913 convirtiéndose en la 17º enmienda de la constitución.

    Viene esto a cuento de que aquí, en España, el senado está formado por dos tipos de senadores. De los 266 miembros, 208 son elegidos por sufragio entre los ciudadanos, mientras que otros 58 son designados por las comunidades autónomas, es decir, el sistema original de los EEUU. Y en los últimos años, tres de los cuatro principales partidos (PSOE, PP y Ciudadanos) han estado haciendo campaña en favor de lo que ellos llaman “convertir el senado en una cámara de representación territorial” que consiste en que todos los senadores pasen a ser designados por las CCAA, es decir, que los votantes dejemos de poder elegir senadores. PSOE y Ciudadanos incluyeron esa propuesta en su frustrado acuerdo de gobierno de 2015 y el PP también incluyó una referencia al tema en el programa electoral de los últimos comicios.

    Estados Unidos introdujo la elección directa de senadores hace un siglo para acabar con la perversiones del sistema de designación por parte de los estados. Ahora, nuestros partidos políticos quieren que recorramos el camino inverso quitando a los ciudadanos la posibilidad de votar a sus senadores y reintroduciendo esas perversiones. De triunfar esas pretensiones, todos los senadores pasarían a ser elegidos por los partidos políticos a través de los respectivos parlamentos autonómicos. Se reforzaría, por tanto, el poder de los aparatos de los partidos y el senado se convertiría en un representante de los intereses de la clase política. Pero hay una amenaza todavía mayor: actualmente no existe una manera sencilla de transformar España en un Estado confederal porque eso exigiría unos consensos parlamentarios que no existen y un referéndum entre toda la ciudadanía que no se ganaría. De modo que nuestros partidos políticos pretenden introducir la confederación por la puerta de atrás con un sistema muy ingenioso. Transformar el senado en cámara de representación territorial, es decir, que todos los senadores sean designados por los parlamentos autonómicos y, además, otorga al Senado capacidad de veto para todo lo relacionado con las CCAA. Esa reforma del Senado no requeriría tocar las partes protegidas de la Constitución, de modo que podría hacerse una reforma de la Constitución light sin someterla a referéndum de los españoles. De aprobarse una reforma así, la soberanía nacional se habría fragmentado en 17 mini soberanías porque, a partir de ese momento, el conjunto de los españoles a través del Congreso podría imponer nada a las CCAA, serían estas quienes tendrían la última palabra a través del Senado.

    Y lanzo este aviso porque ayer he visto a Albert Rivera volver a insistir con lo de que si hay que tocar la Constitución sería en todo caso para acabar los aforamientos o “reformar o suprimir el senado”. Me preocupa esa referencia a una eventual reforma del senado viendo lo que ciudadano firmo con el PSOE en su idea.

    Déjeme decírselo claramente, don Albert, la transformación del Senado en una cámara de representación territorial es anti histórica, es disgregadora, favorece la partitocracia y acaba, por la puerta de atrás, con la soberanía nacional. No vamos a consistir que eso suceda.

    Yo le aconsejaría que no siguiera usted persistiendo en el error, don Albert, pero haga lo que quiera, por supuesto.

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    Luis del Pino estudió ingeniería de telecomunicaciones, pero desde hace unos años ejerce la labor periodística, habiendo colaborado en este tiempo con numerosos medios. Es autor de diversos libros sobre informática y sobre la actualidad política española. En la actualidad, dirige el programa de tertulia política Sin Complejos, que se emite en esRadio los sábados y domingos de 8 a 11 de la mañana.