Más allá de las cábalas sobre el gobierno que puede surgir del nuevo parlamento, los resultados electorales nos permiten extraer ciertas conclusiones sobre nuestra sociedad. Y no son nada gratificantes.

Uno de cada cinco votantes se decantó por Podemos, incluyendo sus coaliciones catalana, gallega y valenciana. Es decir, hay cinco millones largos de españoles que han optado por una formación neocomunista, con evidentes y estrechos vínculos con el régimen chavista de Venezuela, ya sea con plena consciencia o con relativa ignorancia de lo que ello significa.

Pablo Iglesias celebra los resultados de las elecciones generales / EFE

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Una explicación bienintencionada muy común, en casos similares, es que estas personas son víctimas desesperadas de los peores efectos de la crisis: parados, desahuciados y pobres en general, lo que las habría llevado a optar por soluciones tan extremas como utópicas. Sin embargo, las encuestas, y la simple experiencia que cada uno puede realizar en su entorno, revelan que buena parte de los votantes de Podemos son ciudadanos cuya situación material no se ha visto tan gravemente afectada por la crisis, por muy indignados que se manifiesten.

Aquí cuento desde jovenes que llaman “precariedad laboral” a no ver satisfechas unas expectativas desmesuradas para su edad o su verdadero nivel de formación, hasta un gran número de funcionarios y profesionales muy ideologizados hacia la izquierda, acaso porque se creen a salvo de los efectos de los experimentos socialistas, que invariablemente se ceban en la clase media baja.

Los resultados de Podemos son tanto más notables cuanto los comparamos con los que ha cosechado el único partido (entre los que tenían una remota posibilidad de obtener al menos un escaño) que se ha presentado a estas elecciones con un programa a contracorriente del pensamiento único progresista, basado en la defensa del derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural, la familia, la economía de mercado, la libertad educativa y la unidad de España. Me estoy refieriendo a Vox; pero antes de analizar su fracaso, permítanme un inciso.

Santiago Abascal conversa con Carmen Lomana durante la noche electoral/ Rosana Ribera

Esos valores morales y políticos eran los que supuestamente defendía el Partido Popular hace cuatro años, antes de cosechar una mayoría absoluta que utilizó para mantener todas las leyes ideológicas de Zapatero, para respetar el pacto secreto con ETA, para permitir que Artur Mas lleve tres años preparando impunemente la secesión, para subir los impuestos y seguir aumentando nuestro endeudamiento. Y para que la reforma laboral, el principal argumento de este gobierno y sus apologistas para que volviéramos a votarlo, no haya conseguido reducir el paro por debajo del 20 %.

Resulta decepcionante que el Partido Animalista obtuviese más de 200.000 votos  y Vox  58.000

Por eso era tan necesaria la aparición de un partido como Vox, liderado por Santiago Abascal. Pero ¿cuál ha sido su resultado? Menos de 58.000 votos. Ha quedado en la quinta posición entre las más de cuarenta siglas que no han obtenido representación, lo que no está mal, pero resulta francamente decepcionante al lado de los más de 200.000 votos del Partido Animalista, que a mi parecer no tuvo más apoyos mediáticos que Vox.

Digámoslo sin remilgos. En España hay más personas preocupadas por el maltrato animal que por el asesinato de miles y miles de seres humanos en edad de gestación. Hay más ciudadanos que votan a un partido minoritario porque está contra las corridas de toros, que los que han votado a Vox porque defiende la familia o la unidad de España.

Lo malo del resultado de Vox no es que no haya obtenido un escaño: es que ha quedado muy lejos de obtenerlo. Y el problema no consiste en que mucha gente ni siquiera conociera a este partido, porque sin duda el nivel de conocimiento era muy superior al de votos obtenidos.

Tampoco el problema es que el comprensible miedo a Podemos haya llevado a muchos a votar al PP, porque siendo esto así, no era incompatible con obtener doscientos o trescientos mil votos.

El PP ha cometido ‘errores’ más graves que Vox y aún así más de 7 millones de españoles le han votado

Y tampoco han sido el problema los errores que haya podido cometer Vox desde sus orígenes. Porque el PP ha cometido ‘errores’, si queremos llamarlos de esta manera, mucho más graves en los últimos años, y aún así hay más de siete millones de españoles que lo han votado.

La conclusión es ineludible. El problema no es Vox, no es el PP y su largo brazo mediático; no son ni siquiera Podemos o el PSOE. El problema es la sociedad española, que está enferma. Se trata de una vieja nación que desde hace años se ha encanallado con el discurso de los “derechos sociales” y la ausencia de las correspondientes obligaciones.

Una sociedad que es muy solidaria con los inmigrantes, porque la mayoría no piensa hospedarlos en su casa; pero si se trata de una criatura no nacida de doce semanas, que ya se mueve por sí misma, no se siente responsable de ella.

Una sociedad que cuando se produjo el mayor atentado terrorista de nuestra historia, reaccionó con virulentas manifestaciones contra su gobierno “por mentir”, para después conformarse mansamente con lo que, significativamente, algunos dieron en llamar la “verdad judicial”.

Cada vez más familias optan por tener mascotas en lugar de hijos

Una sociedad en la que cada vez más familias optan por tener mascotas en lugar de hijos, mientras algunos defienden apasionadamente el “derecho” de los homosexuales a adoptar ninos, o incluso a su reproducción asistida con cargo al presupuesto, ignorando el auténtico derecho, que es el de los ninos a ser criados por su madre y su padre biológicos, siempre que ello sea posible.

Una sociedad así tiene los líderes que se merece: Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Albert Rivera. Todos de acuerdo en lo esencial, en no contradecir a un ciudadano malcriado, que exige bienestar a cambio de ninguna responsabilidad individual. Que no soporta que nadie le diga verdades incómodas, que tolera mal sentirse personalmente aludido, que siempre encuentra culpables de sus males en otros: los ricos, los bancos, los viejos políticos o la señora Merkel.

En una sociedad así hay que trabajar mucho todavía, desde el asociacionismo y medios de comunicación, como este en el que tengo el honor de escribir, antes de pensar siquiera en fundar un partido político, o reformar los que hay –lo que no significa que esto no deba hacerse también.

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Barcelona, 1967. Escritor vocacional y agente comercial de profesión. Autor de Contra la izquierda (Unión Editorial, 2012) y de numerosos artículos en medios digitales. Participó durante varios años en las tertulias políticas de las tardes de COPE Tarragona. Es creador de los blogs Archipiélago Duda y Cero en progresismo, ambos agregados a Red Liberal.