Cleopatra es uno de los personajes más reconocibles de la Historia antigua.
Cleopatra es uno de los personajes más reconocibles de la Historia antigua.

El estreno de Aída en el Teatro Real de Madrid ha sido la excusa perfecta para conferencias -Museo del Romanticismo, Museo Arqueológico-, exposiciones -Biblioteca Nacional- y demás actividades en torno a un país cuyo pasado sigue ejerciendo un enorme magnetismo. Y una mujer en especial: Cleopatra, mucho más real -en todos los sentidos- que la protagonista de la ópera de Verdi.

La anécdota según la cual apareció ante César dentro de una alfombra puede tener sus visos de certeza. No en vano, el palacio donde se produjo el encuentro estaba rodeado por los seguidores de su hermano Ptolomeo XIII, con quien mantenía una agria disputa dinástica. Así que, sabedora de que Julio César era su mejor baza, decidió a toda costa presentarse ante él y el único modo de hacerlo era escondida. César terció entre ellos, y al parecer de forma ecuánime; significativo, toda vez que el romano y la egipcia habían pasado la noche juntos. Es una de las muchas historias que se han contado de Cleopatra, reina que ha pasado a la posteridad con un aura de frivolidad no siempre justificada.

Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

Haz un donativo ahora

Conviene saber, por ejemplo que fue la primera de su dinastía -de la que sería su última integrante- en aprender la lengua egipcia. Provenía de una estirpe macedonia, que tenía como punto de partida a Ptolomeo Lágida, uno de los mejores generales de Alejandro Magno que, a su muerte, se quedó con Egipto. La reina, además, hablaba griego, hebreo y latín y, según Plutarco, eran también notorios sus conocimientos de astronomía, música y matemáticas. Pero ante todo, era una mujer pragmática que veía en César al aliado perfecto de un Egipto que había conocido tiempos mejores, y que se hallaba entonces en franco declive.

En un descuido de sus captores, se dice que se suicidó dejándose morder por una cobra que le habían camuflado dentro de un cesto de higos

César y Cleopatra hicieron un romántico crucero por el Nilo que duró tres meses, seguidos por una comitiva de cuatrocientos barcos. Semejante travesía, con independencia de los escarceos amatorios de ambos personajes, tuvo una vertiente práctica nada desdeñable. Y es que Egipto era el granero de Roma, por lo que la comitiva, lejos de dar boato al viaje, tenía como misión aprovisionarse de la mayor cantidad de trigo posible. De su unión nacería un hijo, Cesarión, y juntos partirían hacia Roma, donde Cleopatra vivió dos años como concubina en la residencia de César. Pero éste caería asesinado en los idus de marzo del año 44 a. C., por lo que Cleopatra se vio forzada a huir, regresando a Egipto.

Allí escribiría la última “página rosa” de su vida junto a Marco Antonio, lugarteniente de César. Este idilio daría como fruto dos nuevos hijos: Alejandro y Cleopatra, aunque, a la postre, también forjó su final. Antonio fue derrotado por Augusto en la batalla de Accio, y no pudiendo soportar la derrota, se quitó la vida con su propia espada. Capturada por el Emperador, la suerte de Cleopatra era cuando menos incierta. Así que, en un descuido de sus captores, se dice que se suicidó dejándose morder por una cobra que le habían camuflado dentro de un cesto de higos. Moría así una reina cuya leyenda frívola ha eclipsado desde siempre la trayectoria de una gran mujer.

Comentarios

Comentarios

Compartir