Una feminista participa en una protesta callejera. /EFE
Una feminista participa en una protesta callejera. /EFE

Distintos colectivos y asociaciones feministas, bajo el lema “Feminismo, ni un paso atrás”, han convocado movilizaciones en las ocho capitales andaluzas para el próximo 15 de enero, en respuesta a las peticiones de Vox de eliminar medidas concretas de la sectaria e injusta ley de violencia de género.

Están nerviosas. Muy nerviosas. Saben que la configuración del nuevo gobierno andaluz pasa, sí o sí, por atenerse a las exigencias del partido de Abascal. Y éste –si pretende tener la línea ascendente que le dan todas las encuestas-, no tiene más remedio que mantenerse firme en sus promesas y en sus principales argumentos electorales.

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Es la primera vez en mucho tiempo que una fuerza política les planta cara, y no lo pueden permitir. Son miles las que viven de un cuento que les resulta más que rentable, y parece que están dispuestas a defenderlo con uñas y dientes.

A inicios de semana, el periodista Javier Negre hacía públicos algunos datos del chiringuito de la ideología de género -en su vertiente hembrista- en Andalucía.

Según publicaba, sólo en 2018, se destinó del presupuesto público andaluz 42,8 millones de euros para el Instituto Andaluz de la mujer, de los cuales llegaron, directamente, a las mujeres maltratadas, 1,2 millones. Esto es: el 2,8% del total. El resto se repartió entre trabajadores, uniformes y otros gastos –especificados, y no especificados-, así como en regar a las administraciones públicas (ayuntamientos y universidades) y a sindicatos (CCOO y UGT).

El cambio tiene que ser real, y mucho más hondo que el simple canje de rostros al frente de la Administración. A este respecto, parece que sólo VOX ha entendido de qué va la historia

Es, de nuevo, la compra de voluntades, que tan bien funciona en la región más poblada de España, que esta vez cambia el campo y las zonas agrícolas, por la ideología.

La brutal inversión en adoctrinar, falseando datos y retorciendo la realidad, es hoy, en Andalucía –pero no sólo- una sangría que hay que cercenar con urgencia.

Para algunos, el cambio de gobierno tras cuarenta años de socialismo es una prioridad, frente a la que no cabe hacer objeciones. Comparto, sin duda, que constituye una necesidad perentoria que las instituciones y la vida política andaluza se limpien por completo, se abran puertas y ventanas, y que vuelva a correr el aire después de décadas de oscurantismo y corrupción.

Pero no a cualquier precio. El cambio tiene que ser real, y mucho más hondo que el simple canje de rostros al frente de la Administración. A este respecto, parece que sólo Vox ha entendido de qué va la historia.

Ciudadanos, a día de hoy, se parapeta en las noventa medidas que ha firmado con el Partido Popular, y aseguran desde la formación naranja que “no se moverá una sola coma”. Su líder nacional, Albert Rivera, lo confirma: “Lo hemos dicho muy claro, y lo vuelvo a repetir: las 90 medidas no se tocan”.

Recordemos que, entre éstas, se encuentra lo que llaman la “defensa” de “los derechos de las personas lesbianas, gais, bisexuales, transexuales, transgénico e intersexuales” que, por supuesto, pasan siempre por la “dotación presupuestaria” (sic) oportuna, además del “diseño” –ya sólo el término echa para atrás- de “una estrategia global de erradicación por razón de orientación sexual, identidad y/o expresión de género en el deporte”. A la postre, y según se ha venido comprobando con el paso del tiempo, estas propuestas grandilocuentes, altisonantes y pomposas, concluyen en lo mismo: persecución del disidente, laminación de la familia, e imposición de un pensamiento único en torno a la persona y la sexualidad.

En definitiva, lo que PP y Ciudadanos proponen, no es más que el continuismo de lo que el laboratorio sociológico del PSOE ha venido implantando en esta tierra. Ni una sola novedad; ni una sola propuesta valiente, diferente y decidida.

Las feministas, que ven peligrar su pan de cada día, saben que es fácil torcer el brazo de los melifluos centristas, que viven por y para la foto. Pero tienen serias dudas de quebrar la voluntad de Vox.

Como digo, hay quien se satisface con ver cambiar las siglas del partido que rige los destinos de los andaluces, por más que, a grandes rasgos, siga socavando de igual modo los sustentos morales y cívicos de su sociedad.

Otros preferimos, e incluso exigimos, un cambio real. Hasta ahora, Vox es el único que se ha salido de la corrección política y ha pasado por encima de la imposición ideológica imperante. El próximo 15 de enero, la izquierda volverá a tomar las calles. Y si Vox aguanta el pulso, no sólo tendrá abiertas las puertas del Congreso Nacional, sino, probablemente, le regalarán las llaves de la gobernabilidad de España. Al tiempo.

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"Cordobés afincado en Sevilla. Licenciado en Bellas Artes y Derecho; Máster en Periodismo y Educación. Abogado de profesión, pintor por afición, comunicador por devoción. Siente España con acento del sur. Cautivado por el Bien, buscador de la Verdad, apasionado por la Belleza. Caminando."