El fin del principio en Cataluña

    El 27-S ha demostrado que se puede batir al separatismo, incluso peleando con una mano atada a la espalda

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    Winston Churchill / Wikipedia

    «Esto no es el fin. Ni siquiera es el principio del fin. Pero quizás sí que sea el fin del principio». Esa frase, pronunciada por Winston Churchill tras la victoria de El Alamein, podría hoy aplicarse, con toda propiedad, a los resultados de las últimas elecciones catalanas.

    Porque, de la misma manera que El Alamein representó la primera victoria para una Gran Bretaña que, hasta el momento, había sufrido derrota tras derrota a manos de las fuerzas del Eje, las elecciones catalanas del 27-S constituyen el primer paso atrás de un separatismo que no había hecho sino avanzar en las últimas tres décadas.

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    Los separatistas echaron el resto en estas elecciones, concurriendo con una candidatura unitaria de partidos antagónicos, con el único fin de plantear un plebiscito en toda regla. Y han perdido ese plebiscito. Los resultados de las elecciones han dejado claro que son más los catalanes que no quieren dejar de formar parte de España, que los que sí quieren la secesión.

    En condiciones normales, ese fracaso del plebiscito planteado por Mas debería ser razón suficiente para que el separatismo renunciara a sus objetivos: si la mayoría de los catalanes ha vuelto a dejar claro (y esta vez sin posibilidad de apelación) que se consideran españoles, ¿con qué legitimidad pretenden los separatistas seguir reivindicando la ruptura del marco constitucional? ¿Con qué derecho una minoría (porque las elecciones han demostrado que los separatistas son minoría) pretende impulsar una secesión que la mayoría de los catalanes no desea?

    Pero nada en el separatismo es normal. Y esta derrota en las urnas no va a disuadir a Artur Mas, ni a ningún otro líder separatista, de seguir practicando la reivindicación permanente y continuar sometiendo a España a una permanente tensión territorial.

    ¿Se imaginan cuáles habrían sido los resultados si los gobiernos hubieran obligado a los separatistas a cumplir las leyes?

    Porque esa reivindicación y esa tensión territorial constituyen el modo de vida, el lucrativo negocio, de demasiada gente en Cataluña. Aunque en realidad no importa lo que los separatistas quieran o no quieran hacer. El problema no son ellos. El problema es que, si el separatismo existe hoy en día, si el separatismo es tan pujante, si el separatismo ha sido capaz de llevar a España al borde del abismo, es por la pura y simple razón de que los gobiernos centrales llevan treinta años dejándole manos libres.

    A pesar de contar con recursos ilimitados, a pesar de contar con medios de comunicación controlados, a pesar de la incomparecencia del estado central en Cataluña, a pesar de llevar décadas manipulando la educación… el separatismo ha sido incapaz de ganar el órdago que él mismo había planteado.

    ¿Se imaginan ustedes cuáles habrían sido los resultados si los gobiernos centrales no hubieran permitido manipular la educación ni los medios, y si los gobiernos centrales no hubieran estado financiando con generosidad a los impulsores del proceso separatista?

    ¿Se imaginan cuáles habrían sido los resultados si los gobiernos centrales hubieran obligado al separatismo catalán a cumplir las leyes, en vez de dejar desprotegidos a los catalanes no nacionalistas? Resulta fácil dar respuesta a ambas preguntas: si los gobiernos centrales hubieran cumplido con su deber, el órdago separatista ni siquiera habría podido llegar a plantearse nunca.

    Esto no es el fin. Los separatistas catalanes han perdido el órdago, pero poco les ha faltado para ganarlo. Y no van a renunciar a sus objetivos sin más.

    Esto no es ni siquiera el principio del fin. Deshacer el camino andado por Cataluña en las últimas décadas no va a ser tarea fácil. Es mucho el odio inculcado, es mucha la desinformación vertida, son muchos los intereses creados. Y costará mucho tiempo y esfuerzo enmendar los rotos y reforzar las costuras de la Nación.

    Pero las elecciones catalanas del 27-S sí que representan el fin del principio. Porque hemos demostrado que se puede batir al separatismo, incluso peleando con una mano atada a la espalda. Los propios catalanes han demostrado que la frase «Cataluña es España» es algo más que un artificio retórico o que una eventualidad jurídica heredada de la Transición: es la voluntad mayoritaria de los catalanes de hoy.

    En estas elecciones, los constitucionalistas catalanes han conseguido sentar las bases sobre las que pelear en los meses y años venideros para que la Ley, la Democracia y la Libertad triunfen en Cataluña. Lo que queda por hacer (desandar todo lo andado por el separatismo) es solo cuestión de tiempo, de trabajo y de perseverancia. La tarea será dura, sí, pero España se merece todos los esfuerzos que hagamos por ella.

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    Luis del Pino estudió ingeniería de telecomunicaciones, pero desde hace unos años ejerce la labor periodística, habiendo colaborado en este tiempo con numerosos medios. Es autor de diversos libros sobre informática y sobre la actualidad política española. En la actualidad, dirige el programa de tertulia política Sin Complejos, que se emite en esRadio los sábados y domingos de 8 a 11 de la mañana.