Carlos Abascal Carranza, político mexicano de profunda raigambre cristiana.
Carlos Abascal Carranza, político mexicano de profunda raigambre cristiana.

Por Jaime Urcelay*.

La reciente publicación de una completa biografía del político mexicano Carlos María Abascal Carranza (1949-2008), obra de la historiadora María Luisa Aspe, me da pie a recuperar para los lectores de Actuall una de las figuras de la política de los últimos años, a nivel mundial, a mi juicio más admirables.

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En esta España del descrédito de la clase política y el vacío de principios verdaderos en el espacio público, es urgente dar a conocer ejemplos de congruencia vital, compromiso público con los valores del humanismo cristiano y, a la vez, pragmatismo político, como el que representó Abascal a lo largo de toda su trayectoria y, de modo más notorio, en el desempeño consecutivo de las carteras de Trabajo y Gobernación en el sexenio del presidente Vicente Fox (2000-2006).

Quién fue Carlos Abascal

Nacido el 14 de junio de 1949 en Ciudad de México, Carlos María Abascal Carranza fue hijo de Salvador Abascal, líder del sinarquismo, un amplio movimiento político-social de corte católico y patriota, que, tras los arreglos que pusieron fin a la guerra cristera, trató de volver a unir a los católicos frente al régimen posrevolucionario, sobre todo en defensa de la libertad educativa.

Educado en el ambiente de catolicismo vivo y coherente de sus padres, Carlos Abascal fue desde niño una persona de sólida práctica religiosa y vocación familiar, que, como han testimoniado su esposa y sus cuatro hijos para el libro de Aspe, siempre armonizó con sus responsabilidades políticas.

Como presidente de COPARMEX buscó recuperar la plena dignidad de la persona en el trabajo y superar la vieja confrontación entre empresarios y trabajadores

Tras licenciarse en Leyes, despuntó profesionalmente en la Afianzadora Insurgentes, de la que llegaría a ser, con el paso de los años, director general. En esta empresa proyectó su constante inquietud por la doctrina social de la Iglesia, consiguiendo el éxito de aquella con una cultura y unos sistemas de trabajo fuertemente humanistas.

En 1995 dio el salto a la vida pública al ser elegido, en un momento crítico para la economía del país azteca, presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX).

Pronto destacó por su capacidad de escucha y su compromiso con el diálogo social, impulsando el proyecto Nueva Cultura Laboral, con el que buscó recuperar la plena dignidad de la persona en el trabajo y superar la vieja confrontación entre empresarios y trabajadores, en línea nuevamente con las propuestas del pensamiento social cristiano.

El expresidente de México, Vicnete Fox (d) junto a Carlos Abascal Carranza, secretario de Gobernación. /Fundación Carlos Abascal
El expresidente de México, Vicente Fox (d) junto a Carlos Abascal Carranza, secretario de Gobernación. / Fundación Carlos Abascal

En el Gobierno de Fox

El año 2000 tuvo un decisivo significado histórico en México: con el triunfo del PAN y Vicente Fox en las elecciones presidenciales, terminaban 71 años de “dictadura perfecta” del PRI, iniciándose la transición, hoy todavía inconclusa, hacia un sistema político de democracia abierta y participativa.

Carlos Abascal, a quien Fox conocía de su paso por la cúpula empresarial, fue nombrado secretario de Trabajo y Previsión Social –el equivalente, en España, al ministro de Empleo y Seguridad Social.

Desde esta responsabilidad trató, ante todo, de consensuar con los agentes sociales y políticos una gran reforma legislativa inspirada por los mismos propósitos de la nueva cultura laboral, dirigida asimismo a modernizar las caducas estructuras laborales heredadas del priismo.

“Cumplía con sus obligaciones familiares, caritativas y religiosas con sorprendente regularidad, a pesar de las cargas de trabajo que le imponían sus altos cargos en el gobierno”

El enquistamiento de intereses de todo tipo y la falta de mayoría del PAN en la cámara legislativa, terminarían por bloquear, sin embargo, la que fue bautizada como “Ley Abascal”.

Criticado por no disimular sus convicciones religiosas, le correspondió también a lo largo de su mandato enfrentarse a difíciles conflictos sociales y laborales, lo que hizo siempre desde una gran capacidad para propiciar el encuentro.

El presidente Fox dijo de él, tal y como recoge María Luisa Aspe en su biografía, que “estableció desde su humanismo muy hábilmente una estrategia de negociación con los empresarios, los trabajadores, las distintas instancias basadas en el diálogo, la escucha, para poder conocer a sus oponentes y entender sus resistencias siempre pensando en la democracia”.

Fernando Franco, uno de sus más estrechos colaboradores, destacó también de este período su “disciplina espartana y costumbres sobrias (…); cumplía con sus obligaciones familiares, caritativas y religiosas con sorprendente regularidad, a pesar de las cargas de trabajo que le imponían sus altos cargos en el gobierno, las cuales nunca descuidó o desatendió por cumplir con las otras”.

Al frente de la política interior de México

En 2005, la dimisión de Santiago Creel en la Secretaría de Gobernación –equivalente a nuestro Ministerio del Interior- llevó a Fox a nombrar a Carlos Abascal para este cargo.

El momento era muy difícil: desgaste de la popularidad del presidente después de cuatro años y medio al frente de una nación con una herencia muy compleja de burocracia, corrupción y pobreza;  falta de mayoría del PAN en la Cámara de Diputados; y las siguientes elecciones presidenciales ya en el horizonte…

El entonces nuncio de la Santa Sede, Monseñor Christophe Pierre, afirmó de él que era “un hombre de Dios, un hombre como lo que se ha dicho de él, un hombre de diálogo”

Los desafíos más duros llegaron para el nuevo secretario de Gobernación en 2006. Primero fue el gravísimo conflicto entre los maestros y el gobernador del estado de Oaxaca, en el que Abascal consiguió que las fuerzas de seguridad pudieran entrar, sin provocar heridos ni muertos, en el centro de la capital de dicho estado, que había sido ocupado.

Después, la crisis institucional provocada a raíz de las elecciones presidenciales por la negativa del candidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, a aceptar el resultado favorable, por estrecho margen, al candidato panista Felipe Calderón.

Andrés Manuel López Obrador, político mexicano de izquierda.
Andrés Manuel López Obrador, político mexicano de izquierda.

Como se recordará, en medio de grandes tensiones el centro de la capital mexicana fue ocupado durante un mes y medio por los partidarios del opositor, poniendo en riesgo la sucesión presidencial.

Como secretario de Gobernación fue responsabilidad de Abascal en ese momento garantizar la estabilidad interna del país, para lo cual resultaron decisivos su afán conciliador y, a la vez, su firmeza en la garantía del orden y los derechos de todos.

Impactado por la personalidad del político mexicano, el entonces nuncio de la Santa Sede, Monseñor Christophe Pierre, afirmó de él que era “un hombre de Dios, un hombre como lo que se ha dicho de él, un hombre de diálogo”.

“Es por los jóvenes…”

Tras dejar su cargo en el Gobierno, Abascal mantuvo su trabajo por el bien común de México, ocupando la dirección de la Fundación Rafael Preciado Hernández, del PAN, entre otras responsabilidades.

Un severo cáncer minaba ya para entonces su salud, pero la enfermedad y las quimios no le impidieron seguir luchando por los ideales que abrazó toda su vida. En este período final hay que destacar su vigoroso alegato en la Suprema Corte de Justicia de la Nación frente a la legalización del aborto, y su participación, como estratega e impulsor, en las reformas constitucionales de los diferentes estados de la República Mexicana para proteger la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte.

El broche final de una vida por completo consagrada a Dios, a su familia y al bien común de su Patria a través de la política -“una de las formas más preciosas de caridad”, como nos ha recordado el Papa Francisco- fue el postrer discurso en la Universidad Anáhuac del Sur con motivo de su Doctorado Honoris Causa.

Sobrecoge ver las imágenes de aquel acto del 26 de noviembre de 2008, cuando ya la muerte le cercaba. Abascal era entonces un hombre en un estado físico casi terminal, con dolores insoportables. Haciendo un esfuerzo sobrehumano quiso, no obstante, animar a los jóvenes a que actuaran como él lo había intentado toda su vida.

Cuenta Aspe que cuando su esposa trató de impedir que saliera a dar el discurso, Carlos Abascal le respondió: “Dios me prestó vida hasta este día y si puedo hablar lo voy a hacer… Es por los jóvenes”.

Carlos Abascal recibió el doctorado Honoris Causa por la Universidad Anáhuac del Sur poco antes de su fallecimiento. / Fundación Carlos Abascal
Carlos Abascal recibió el doctorado Honoris Causa por la Universidad Anáhuac del Sur poco antes de su fallecimiento. / Fundación Carlos Abascal

Abascal, en su último discurso: “La vida pública requiere de mujeres y hombres de vigoroso carácter moral, con una sólida formación espiritual y con un compromiso indeclinable de ser cristianos de tiempo completo”

Ser cristianos de tiempo completo

El discurso en la Anáhuac sigue siendo hoy una lección impagable, particularmente para los jóvenes que se sienten llamados a servir a sus semejantes en la política: “Afirmo que, hoy más que nunca, la vida pública requiere de mujeres y hombres de vigoroso carácter moral, con una sólida formación espiritual y con un compromiso indeclinable de ser cristianos de tiempo completo y al servicio de la nación. Bien vale gastar nuestra vida, al límite, al servicio de Jesucristo”.

Solo tres días después de aquel acto, el 2 de diciembre de 2008, Carlos Abascal falleció en Ciudad de México. Su velatorio congregó a numerosas personalidades mexicanas de todo signo. El entonces presidente de la República, Felipe Calderón, se refirió a él como “un hombre congruente entre la forma de ser y de pensar”.

Y, en efecto, es la congruencia el rasgo que mejor sintetiza la personalidad y la biografía de este gigante del “México, siempre fiel”. Una coherencia que él mismo explicaba en 2003, en una entrevista para La Jornada, titulada por el propio diario “Gobernar es amar; el Evangelio, mi guía” y en la que la periodista se hacía eco de los reproches a Abascal por llevar su fe al quehacer público:

“O la fe es vivencia, o es hojarasca. Una fe sin obras se debilita. O vives como piensas, o terminas pensando como vives. El mandato evangélico es amar. Y gobernar es mucho más que administrar, es finalmente amar también. Pero no con un amor humano, sino con amor reflejo del amor de Dios, del que se entrega sin esperar correspondencia”.

* Jaime Urcelay es especialista en recursos humanos, liderazgo y estrategia. Ha sido presidente de Profesionales por la Ética hasta 2014. Ahora preside el Capítulo Social de la Asociación Española para el Estudio de la Doctrina Social de la Iglesia.

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