Elecciones 2019: ¿Cuál es la estrategia populista que esconde cada partido?

    Es injusto calificar de “populistas” a determinados partidos, porque todos, al ser compañías de marketing y agencias de publicidad, acaban pecando de populismo. Todos son marcas comerciales que ganan unas elecciones a golpe de propaganda. La política es pose, no “gestión del talento”.

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    De izquierda a derecha: Pablo Iglesias (Podemos); Pedro Sánchez (PSOE); Albert Rivera (Ciudadanos); Pablo Casado (PP); Santiago Abascal (VOX).
    De izquierda a derecha: Pablo Iglesias (Podemos); Pedro Sánchez (PSOE); Albert Rivera (Ciudadanos); Pablo Casado (PP); Santiago Abascal (VOX).

    Para entender de verdad la política, hay que dejar de ver a los partidos como mesías  e incluso, como gestores, y sustituir dichas ideas por la de compañías de marketing, agencias de publicidad que tienen que seducir con sus campañas a unos posibles compradores llamados votantes.

    Al hilo de lo expresado, es preciso entender la democracia como mercado y no como una solemnidad de la antigua Grecia, como un mercadillo, rastrillo, showroom o pop up en el que  cada mercachifle te intenta vender su producto, disfrazado de tendero, feriante, trilero, mendigo, vaquero, ejecutivo agresivo, tiburón financiero o modelo de Abercrombie, cada cual en función de la imagen que quiera proyectar en su rebaño.

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    Por esto, es injusto calificar de “populistas” a determinados partidos, porque todos, al ser compañías de marketing y agencias de publicidad, acaban pecando de populismo, ya que dan prioridad a la venta de una imagen y a la construcción de una percepción que a las acciones que están dispuestos a acometer. En este saco, también, es menester incluir a los que van de gestores eficaces de cara a la galería. Todos son marcas comerciales que ganan unas elecciones a golpe de propaganda. No te dejes embaucar. La política es pose, no “gestión del talento”. La política es “puro teatro”, como reza una parodia de Los Morancos, y tal y como refleja Don Agustín de Foxá en su novela Madrid, de corte a checa.

    Tras esta puesta en situación, procedo a exponer, con mayor brevedad que en mis disquisiciones introductorias, la estrategia populista de propaganda que esconde cada partido político en la guantera.

    El Doctor Pedro ha logrado aquel fenómeno galvánico de la novela de Frankenstein, consistente en dar vida humana a un cúmulo de despojos con manipulación científica

    1.- Pedro Sánchez y la táctica del podemismo de rostro guapo y la de convertir la ficción en realidad 

    Pedro Sánchez ha sacado de su chistera de burgués socialista dos conejos de la suerte y de Duracell, de Duracell y de la suerte porque podrían proporcionarle la potra de su perdurabilidad en el trono, que no en el Altar. Este Paul Newman de chaqué y rosa roja ha logrado reflotar a un PSOE hundido hasta las marismas de la descomposición, y lo ha conseguido echando el lazo a dos estrategias de una efectividad estruendosa, que son las que voy a revelar a renglón seguido:

    La primera, la de convertir la ficción en realidad a base de manipular las encuestas, tezánica práctica de una inmoralidad supina, pero de una efectividad clamorosa. Pedro el guapo, que no el grande, ha conseguido resucitar a un PSOE muerto a golpe de vender un ficticio triunfo en los sondeos, hasta el punto de alterar la voluntad de los votantes e inclinar las urnas en su ansiada e ilusoria dirección. Los socialistas han creado una realidad virtual y la han transformado en el mundo real. Han fusionado a Goku con Vegeta y lo han hecho con mucha jeta. El Doctor Pedro ha logrado aquel fenómeno galvánico de la novela de Frankenstein, consistente en dar vida humana a un cúmulo de despojos con manipulación científica, con una descarga eléctrica. En el caso que nos ocupa, la manipulación es tecnológica y la ciencia, la estadística.

    Pedro Sánchez y Francisco Franco.
    Pedro Sánchez y Francisco Franco.

    La segunda de las estrategias de Pedro es la de acalorar su discurso para sustraerle votantes a Pablo Iglesias y escorarse hacia las bulliciosas pasiones de la izquierda joven. Para ello, ha fijado el foco de sus promesas en la exhumación de Franco, utilizando la efigie del difunto Jefe del Estado como chivo expiatorio de sus intereses electorales. A su vez, para ir de podemita sin ser etiquetado de “podemita” y de este modo, evitar asustar a los votantes tradicionales con un radicalismo, no ha dejado de ofrecer una imagen de niño guapo, moderno y que se cuida. Este tira y afloja, también, parece que le está beneficiando electoralmente.

    Albert Rivera ha visto la oportunidad de quitarse la camisa azul de Suárez para enfundarse en la chaqueta de Lerroux, pero con zapatillas de Pompeii

    2.- Ciudadanos y la técnica del sacrificio de su propia Dama para reinar en todos los tableros

    El ING o la cuenta naranja de la política española comenzó definiéndose como un partido de “centro-izquierda”, pero, con el transcurso de los acontecimientos, vio que le compensaba más escorarse hacia un centrismo de corte derechista y entronizar a Albert Rivera como el Adolfo Suárez de la nueva centuria.

    Una vez instalado en el poder como una marca consolidada, unido a la presión internacional para alinearse a la gran coalición socialdemócrata mundial liderada por la estirpe Clinton-Macron (la dinastía Julio-Claudia de 2019), Ciudadanos se ha permitido recuperar sus raíces progres, en pos de erigirse en el Partido Socialista Remozado del siglo XXI, en el socialismo “cool”, “trendy”, “fucker”, “instagrammer”, “european” y “new-european” de la gente con chispa. Albert Rivera ha visto la oportunidad de quitarse la camisa azul de Suárez para enfundarse en la chaqueta de Lerroux, pero con zapatillas de Pompeii.

    Albert Rivera es presidente de Ciudadanos / Flickr Cs
    Albert Rivera es presidente de Ciudadanos / Flickr Cs

    En torno al tema que nos ocupa, a muchos les asalta la siguiente duda: ¿Por qué está Ciudadanos dispuesto a perder cientos de miles de votos para alzarse como el Partido Socialista Remozado del siglo XXI? Este interrogante encuentra una respuesta convincente dentro de una lógica revirada, alambicada o complicada. Detrás de este maquiavélico jeroglífico, existe una contestación inteligible y hasta fácil de explicar para desentrañar el galimatías: Perder un puñado significativo de escaños para ser la llave de todos los gobiernos, pudiendo trabar esponsales con el PSOE y maridar en forma de trío con el binomio VOX-PP. Me recuerda a la estrategia que me enseñó un baqueteado ajedrecista en mi más tierna infancia, consistente en sacrificar la propia Dama como distractor para dar jaque mate al adversario en el siguiente movimiento y así, ganar la partida con chulería torera.

    Esto último me recuerda a la fundación de la república romana, allá por el 509 antes de Cristo, momento en el que se forzó al último rey etrusco, Tarquinio el Soberbio, a ser depuesto en pos de abrir camino a un régimen republicano que duraría cerca de 5 siglos, hasta la llegada de Julio César y Octavio Augusto, es decir, de Santiago Abascal y Javier Ortega Smith.

    El PP está optando por un voxismo de rostro amable, pero con cara de niño bueno y apariencia de cordura

    3.- El Partido Popular y la táctica del patriotismo “happy flower”

    El PP está optando por un voxismo de rostro amable, está focalizándose en ofrecer un conservadurismo tradicional y patriotismo sin tapujos, pero con cara de niño bueno y apariencia de cordura, altamente efectivo entre esa derecha sosegada y asustadiza, de gente lisa y aburrida, pero cabal, que busca la estabilidad, la calma, el aplomo, la gallardía, la bizarría, la gentileza, el saber estar, la seriedad, pero, también, la ñoñería, la mojigatería y la falta de vidilla, a la que le asustan los ademanes imperiosos de Javier Ortega Smith y la mastodóntica hechura vaquera de Santiago Abascal.

    Este afán por casar el voxismo de fondo con las formas de un monaguillo ha terminado desembocando en un patriotismo happy flower, consistente en lucir los colores de la Bandera nacional sin vergüenza y con insistencia, pero en un tono escrupulosamente mesurado y calculado. Aquí, se pueden ver dos vídeos de esta técnica populista de marketing político o propaganda.

    https://youtu.be/aRhIbRoV-IA

    https://youtu.be/GtzVKRh3FVo

    Tras criar fama, VOX se podía haber echado a dormir para entrar cómodamente en las instituciones con un par de escaños, pero fue más allá

    4.- VOX y la táctica de denunciar a los separatistas,  la del folclore patrio y la de beneficiarse de la publicidad negativa

    VOX pasó de ser relativamente anodino a la comidilla de todas las televisiones, todo por llevar a los tribunales a los gerifaltes del separatismo catalán en un momento clave. Esa fue su jugada maestra para volver a ser visible y brillar con una refulgente aureola de heroísmo patriótico. A veces, el éxito en la política, en los negocios y en la vida en su conjunto consiste en pulsar una tecla. La idónea, la adecuada.

    Tras criar fama, VOX se podía haber echado a dormir para entrar cómodamente en las instituciones con un par de escaños, pero fue más allá del refrán, en aras de soñar con unas miras mucho más altas que le quitarían el sueño, pero que le conducirían al lugar soñado, a la posibilidad de reconquistar la pecaminosa isla de Utopía y rescatar a Santo Tomás Moro de la Torre de Londres.

    Para retroalimentar esa fama, VOX ha puesto especial empeño en evitar ser invisible, y para la consecución de su fin, ha tratado en transformarse, durante las últimas semanas antes de las elecciones, en la comidilla de las televisiones del establishment, a base de fabricar noticias polémicas (como la vindicación de la legítima defensa con armas de fuego, recuperar la mili o construir un muro en las fronteras de Ceuta y Melilla), aún corriendo el riesgo de perder votos por escandalizar a un puñado de electores convencidos.

    Claramente, el partido verdigualda tiene estudiado que gana más votantes de los que pierde prendiendo fuegos de escándalo en los grandes medios de comunicación, lo que viene a ser la consabida práctica de beneficiarse de la publicidad negativa. Santiago Abascal se ha tatuado en el alma el refrán de que “quien no arriesga, no gana” y ha cincelado en su mente aquel dicho de Oscar Wilde al que se acogen múltiples gurús del marketing, ese que reza: “Hay solamente una cosa en el mundo peor que hablen de ti y es que no hablen de ti”. La formación voxeadora ve mayor rentabilidad electoral en que echen pestes de ella que en ser silenciada y por ende, inexistente, intrascendente, inapreciable, desapercibida…. No olvidemos que esta arriesgada técnica, de incierta y tambaleante efectividad, abrió a Donald Trump las puertas de la Casa Blanca.

    Si la base del edificio que VOX ha construido es el haber denunciado a los patriarcas del independentismo catalán en un momento crucial y si la prolongación de su cornisa es el beneficiarse de la publicidad negativa proveniente de las televisiones del sistema, faltaría por mencionar la fachada de la edificación, la imagen exterior que le confiere su identidad, su esencia, su significado, su alma, su razón de ser…

    Esta fachada y tercer ingrediente propagandístico es el folclore patriótico, materializado en las fotos con los toreros, con la Legión, con los militares y en mimetizarse con las fuerzas del orden.

    Dentro de este folclore patrio, también, cabe destacar la mezcla de comedia y épica, esa que le lleva a gozar de difusión en Instagram, WhatsApp, Twitter y Facebook, a que corran de móvil en móvil sus fotos a lomos de un caballo, disfrazado de Tercio o con su cara colocada en memes de indomeñables e icónicos héroes, además de su vídeo en Pachá orientado a ser concebido como el patriota barbado y corpulento que mola y lo peta entre los jóvenes, frente a la imagen mojigata, ñoña, descafeinada, cándida, pueril, lechuguina y alfeñique de Pablo Casado y José Luis Martínez-Almeida, que carece de tirón entre los rebeldes posmillennials.

    El éxodo de Íñigo Errejón a los brazos de Manuela Carmena, la abuela chulapa del comunismo 2.0, no es fruto de una ruptura política con Pablo Iglesias, sino de una estrategia minuciosamente pertrechada

    5.- Podemos y la táctica de dividirse a sí mismo para acabar sumando más

    El archiconocido “divide y vencerás”, también, es aplicable a uno mismo, aunque en contadas ocasiones, puesto que es una estrategia de arriesgada, incierta y azarosa efectividad.

    Un ejemplo tremendamente reciente de que el “divide y vencerás”, algunas veces, puede servir aplicándoselo a uno mismo es el triunfo de “la derecha” en Andalucía, donde la irrupción de VOX ha provocado su victoria, en vez de su declive, a través de su intencionado desmembramiento, de su autofragmentación.

    ¿Por qué me apoyo en este último ejemplo? Para explicar con poder de convicción lo que pretende hacer Pablo Iglesias, que consiste en diversificar el podemismo en varias ramas para garantizar la supervivencia de una izquierda aguerrida y desmelenada. Lo quiere rayar en distintas tiras porque la marca morada está bastante desgastada, por lo que quiere insuflar savia nueva y fuego renovador para que lo caduco se convierta en perenne, para lo que lo perecedero se transforme en sempiterno.

    El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, durante un acto en Pamplona. /EFE
    El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, durante un acto en Pamplona. /EFE

    Para empezar, estoy convencido de que el éxodo de Íñigo Errejón a los brazos de Manuela Carmena, la abuela chulapa del comunismo 2.0, no es fruto de una ruptura política con Pablo Iglesias, sino de una estrategia minuciosamente pertrechada para que la extrema izquierda sume más representantes en la capital de España, en la villa y corte del oso y el madroño.

    De hecho, es la estrategia que Podemos lleva aplicando, desde el principio, en varias regiones y localidades españolas, la de dar a luz marcas territoriales con otra denominación para no cansar al público con las siglas de Podemos.

    Ahora, la novedad es que mi intuición me dice que está allanando el terreno para hacer lo mismo a nivel nacional, dado el desgaste que está sufriendo Unidos Podemos y visto el fracaso de crear dicha coalición incorporando a Izquierda Unida. Está demostrado que cuando han realizado intentos de unificación, les han salido malogrados, rana, el tiro por la culata.

    La deriva feminista de Pablo Iglesias, de rebautizar su partido como Unidas Podemos, aparte de que se debe a que es más calzonazos que Fernando VII, creo que tiene su razón de ser en el ánimo de crear, por un lado, una izquierda que sea refugio de las mujeres progres millennials y posmillennials bajo las siglas moradas, que busca la cristalización de una formación más feminista, ecologista y animalista que socialista, y por otro, que esto dé lugar al nacimiento de un nuevo partido orientado a una izquierda más castiza, viril e incluso, nacional, defensora de un patriotismo revolucionario de corte jacobino. De hecho, ya hay una corriente de emblemáticas, icónicas y totémicas figuras de la izquierda octogenaria que persiguen este fin, como pueden ser Jorge Verstrynge y Gaspar Llamazares (quien declaró, hace escasos días, que estaría dispuesto a pactar incluso con VOX para frenar al separatismo), y no descarto que se sumen a la lista a Julio Anguita e Íñigo Errejón, entre otros tantos.

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    Escritor por vocación y amor a las causas nobles. Mi licenciatura en Derecho no me ha impedido dedicarme profesionalmente al periodismo durante una temporada de mi vida, oficio que desempeñé en Intereconomía, casa en la que blandí la pluma, con más fuerza que la espada, cerca de 4 años. En el presente, no vivo solamente de escribir, sino de otros menesteres, al igual que Cervantes, pero es una afición que sigo cultivando como colaborador en diversos medios de comunicación y a través de mi blog, El Despacho de Don Pepone, el cual goza ya de más de 1 millón de visitas