En Andalucía, las ‘tres derechas’ resisten

    Entre las conclusiones que dejan las elecciones, una de las más curiosa es la resistencia en Andalucía del Gobierno de las ‘tres derechas’. Mostrar la corrupción de la izquierda y despedir enchufados (aunque sean pocos) no perjudica en las elecciones.

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    Francisco Serrano (Vox) y Juan Manuel Moreno Bonilla (PP).
    Francisco Serrano (Vox) y Juan Manuel Moreno Bonilla (PP).

    El sistema de partidos en España está tan descuajeringado como en el resto de países europeos. Mientras en Francia, Alemania, Italia y Austria, la socialdemocracia se ha hundido, aquí ha resucitado, sí, pero ¡de qué manera!

    En las elecciones generales del 28 de abril, el PSOE, que en 2016 había caído a su peor resultado desde 1933, ha recuperado un 45% de sus escaños y con el mismo candidato, aunque con la apreciable diferencia de hallarse Pedro Sánchez en la presidencia del Gobierno, gracias a la cobardía de Mariano Rajoy.

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    El Partido Popular, partido español más votado desde 2011, se desploma y en ocho años escasos pierde más de la mitad de su electorado. La campaña de Pablo Casado ha sido nefasta, porque en ella ha mostrado que sólo aspiraba a ser segundo. Ha dedicado más tiempo a atacar a Santiago Abascal y a Albert Rivera que a Sánchez y ha suplicado el regreso al PP de los votantes que se le fueron con la promesa de que esta vez cumplirá sus promesas.

    En cada convocatoria electoral, el sistema de partidos español sufre una sacudida hasta los cimientos

    En Cataluña, el partido fundado por Jordi Pujol, CDC, hoy convertido en JXCat, obtiene pocos votos más que la primera vez que se presentó a unas elecciones, en 1979: 497.000 frente a 483.000; y un diputado menos que hace cuarenta años. Además, ERC le ha superado. Sin embargo, el separatismo catalanista retrocede de un 48% de los votos a un 39%.

    Ciudadanos empieza a comerse al PP y ya supera a la extrema izquierda de Podemos. Y entra Vox en el Congreso, un partido con un discurso anti-feminista, rebelde ante la corrección política y defensor de la Constitución, que, a pesar de tener a todos los grandes medios de comunicación en contra, obtiene 2,7 millones de votos y 24 diputados.

    Cada convocatoria electoral produce una convulsión en los partidos españoles. El arco parlamentario cada vez está más agrietado, de manera que bien puede producirse dentro de poco un cataclismo como el vivido en Francia, donde el partido-movimiento de Macron ha barrido del mapa a los socialistas, los centristas, los liberales y parte del centro-derecha.

    Iglesias ha sido el jefe de campaña de Sánchez. Le ha dado todos sus eslóganes: la justicia social, la precariedad, el feminismo…

    A Pedro Sánchez le ha beneficiado la ‘alerta antifascista’ proclamada por Pablo Iglesias, ese genio político, admirador notorio de la dictadura socialista venezolana. Las imágenes que ven los españoles en sus televisores y teléfonos de muertos de hambre o de asesinados en Venezuela quedarán para siempre asociadas a Iglesias defendiendo a Nicolás Maduro y sus ‘gorilas’. ¡Y éste es el más sabio de la Facultad de Políticas de la Complutense!

    Sánchez le ha birlado a Iglesias todos sus eslóganes de los últimos años: la justicia social, la precariedad, el feminismo, el empoderamiento, la igualdad, el antifascismo, el diálogo con los separatistas… Da igual que el PSOE sea el partido español más corrupto y que en sus años de Gobierno se rebasen todas las cifras de parados. La gente no vota exclusivamente por rebajas fiscales, sino por identidades y emociones.

    La participación en Andalucía subió en un millón de personas desde diciembre y la izquierda no ha arrollado a las ‘tres derechas’

    Otra de las verdades ratificadas por los resultados del domingo 28 es que una mayor participación electoral no supone una victoria arrolladora de la izquierda. Y así lo ha demostrado la anterior fortaleza socialista de Andalucía.

    En las elecciones autonómicas de diciembre pasado, con una participación inferior al 57%, las ‘tres derechas’ se acercaron al 50% del voto: el PP, con un candidato peor incluso que Casado, siguió bajando y se quedó en un 20,75%; Cs, con el aliado de Susana Díaz al frente, subió a un 18,27%; y Vox dio la sorpresa con un 10,97%. Total: 49,99%. La suma del PSOE y de Podemos no llegó al 45%. Los tertulianos y politólogos izquierdistas, junto con los habituales tontos útiles, explicaron esa victoria por simple incomparecencia, aunque con argumentos contradictorios: los votantes de izquierdas se habían abstenido por asco a la corrupción de la Junta socialista o por creer que el PSOE iba a ganar sin bajarse del autobús.

    Menos de cinco meses después, la participación en Andalucía aumentó en casi 17 puntos y un millón de votantes. Los cinco partidos ganaron sufragios, hasta el PP, pero el resultado popular no beneficia a la izquierda. El PSOE ha subido medio millón y obtenido cuatro diputados más, pero Cs y Vox han crecido en más de un 20% en papeletas. La suma de los dos bloques da un empate a 48%.

    Si bien la izquierda ha movilizado a sus votantes con los fantasmas de las armas, la pérdida de derechos para las mujeres y el desmantelamiento de lo público que iban a aplicar las ‘tres derechas’, semejantes toques de rebato no han funcionado entre los andaluces. Éstos, por el contrario, comprueban que no ocurre ninguna catástrofe y, también, asisten a la limpieza de los chiringuitos montados por la Junta del PSOE, apoyada siempre por una muleta comunista (o centrista).

    En conclusión, gobernar de acuerdo a las promesas de la campaña y diferenciándose del Imperio Progre, aunque sea por miedo a Vox, te gana la aprobación de los ciudadanos, al menos de la parte más sana de la sociedad, la que no se entrega a los políticos a cambio de unas paguitas para vivir de balde.

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    Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).