Ernesto Cardenal, rehabilitado por Francisco

    Ernesto Cardenal entró desde la primera hora en el gobierno sandinista de Daniel Ortega en el Ministerio de Cultura, que era como se llamaba en el régimen sandinista al órgano de propaganda marxista.

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    Ernesto Cardenal (Flickr)
    Ernesto Cardenal (Flickr)

    Es Ernesto Cardenal un sacerdote y poeta nicaragüense, pero sobre todo ello, un político. Sobre su faceta literaria no vamos a recalar por que no se nos acuse de ensañamiento. Juan Goytisolo o Ricardo de la Cierva mencionan su apasionada devoción por José Antonio Primo de Rivera, referida en fuentes de lo más diverso y siempre en tono superlativo. Se instaló en distintos países antes de volver a Nicaragua y crear en una de las islas de Solentíname, en 1965, una comuna con forma cristiana y alma marxista. Se embelesó con la dictadura cubana in situ, y a ella le dedicó un libro titulado, sin alardes literarios, En Cuba. Varios discípulos suyos de Solentíname asaltaron, junto con otros guerrilleros, el cuartel de San Carlos, por lo que el régimen de Somoza disolvió la comuna y ordenó encarcelarlo. Cardenal había participado en un intento armado para derrocar a Somoza en 1954.

    Juan Pablo II estaba muy preocupado por la influencia del marxismo dentro de la Iglesia, especialmente desde el papado de Pablo VI

    Ernesto Cardenal entró desde la primera hora en el gobierno sandinista de Daniel Ortega en el Ministerio de Cultura, que era como se llamaba en el régimen sandinista al órgano de propaganda marxista. Su hermano, Fernando Cardenal, se dedicaba a la propaganda por otros medios desde el Ministerio de Educación. El sacerdote Miguel d’Escoto, ministro de Relaciones Exteriores. Tomás Borge, implacable ministro del Interior, ejercía una especie de sacerdocio laico dentro de la Teología de la Liberación. Ese movimiento es una inoculación del marxismo en el cuerpo de la Iglesia. Tiene su raíz en Alemania, en Karl Rahner y Johan Baptist Metz, pero prosperó en Hispanoamérica.

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    Para hacernos una idea de a quién servía Cardenal, sólo tenemos que acudir a uno de sus libros, El evangelio de Solentíname, en el que recoge las conversaciones con las personas que vivían en la isla. Ahí podemos leer a Cardenal cosas como esta: «Se ha creído que hay una gran diferencia entre cristianos y marxistas con respecto a esto de la resurrección, pero no es verdad». «Esto de la resurrección» es lo que da sentido al cristianismo, pero sigamos. Continúa Cardenal: «Hay una gran cantidad de canciones, de poemas, de afiches, en que se dice que el Che está vivo, y que están vivos muchos otros, todos aquéllos que han dado su vida por el pueblo». Dice en otra ocasión: «La meta del Evangelio es la sociedad comunista perfecta, como la definió Marx: ‘de cada uno según su capacidad, a cada uno según sus necesidades'».

    La imagen del Papa regañando a Cardenal dio la vuelta al mundo, y a mí me sigue sobrecogiendo

    Juan Pablo II estaba muy preocupado por la influencia del marxismo dentro de la Iglesia, especialmente desde el papado de Pablo VI. Con esa idea realizó un viaje por Centroamérica en 1983 que le llevó a Nicaragua. El 4 de marzo, Juan Pablo II baja del avión en el aeropuerto Sandino de Managua. Es un día brillante. En frente tiene un cartel que reza: «Bienvenido a la Nicaragua libre gracias a Dios y a la revolución».  Entre las escasas personas que tiene en frente (la dictadura ha limitado mucho el acceso al lugar), se encuentra el propio Daniel Ortega, que le lanza una arenga revolucionaria, tratándole de eminentísimo, como si fuera otro cardenal. La charla dura media hora. El Santo Padre reclama la presencia de «miles y miles de nicaragüenses que no han podido acudir como hubieran deseado».

    Es entonces cuando Ernesto Cardenal, ministro de propaganda del régimen sandinista, hinca una rodilla ante el Santo Padre y le pide la bendición. Juan Pablo II le dice: «Antes tiene que reconciliarse con la Iglesia». La imagen del Papa regañando a Cardenal dio la vuelta al mundo, y a mí me sigue sobrecogiendo.

    Luego, un helicóptero le trasladó a la ciudad de León, donde le recibió una muchedumbre. “No tenéis necesidad de ideologías ajenas a vuestra condición cristiana para amar y defender al hombre”. Y advirtió, por si no quedase claro lo que estaba hablando, advierte que el hombre no es un mero agente productivo.

    Cardenal dijo: «Nunca me levantaron la suspensión sacerdotal y no me interesa que me la levanten»

    Más tarde, ya en la plaza 19 de julio de Managua, Juan Pablo II vuelve a dirigirse a los nicaragüenses en términos inequívocos: «Cuando el cristiano prefiere cualquier otra doctrina o ideología a la enseñanza de los Apóstoles y de la Iglesia, cuando se hace eco de esas doctrinas el criterio de nuestra vocación, cuando se intenta reinterpretar según las categorías la catequesis, la enseñanza religiosa, la predicación; cuando se instalan magisterios paralelos, de impide a la Iglesia el ejercicio de su misión de sacramento de unidad para todos los hombres y, más aún, ningún cristiano y menos aún cualquier persona con título especial de consagración en la Iglesia puede hacerse responsable de romper esa unidad, actuando al margen o en contra de la voluntad de los obispos». Sabía muy bien lo que estaba haciendo. Las iglesias de la Nicaragua de Ortega, la de Cardenal, cubrían sus paredes con invocaciones marxistas.

    El poetastro nicaragüense fue suspendido a divinis por el Papa Juan Pablo II por formar parte del gobierno sandinista, en contra de las indicaciones del Derecho Canónico. Su hermano Fernando, Miguel d’Escoto y Edgard Parrales corrieron la misma suerte.

    En una entrevista concedida hace dos años, Cardenal dijo: «Nunca me levantaron la suspensión sacerdotal y no me interesa que me la levanten». Y es cierto. Porque no ha sido hasta muy recientemente que la Iglesia de Francisco le ha restablecido las funciones saterdotales. La decisión del Papa actual le fue comunicada por medio del Nuncio Apostólico en Nicaragua, Monseñor Waldemar Stanislaw Sommertag, en el hospital en el que está internado. Ernesto Cardenal tiene 94 años.

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    José Carlos Rodríguez es periodista. Forma parte del equipo de ProducciONE, pero en otra vida ha sido redactor jefe de Internacional de La Gaceta, y ha trabajado en la prensa digital en medios como Factual.es, elimparcial.es y libertaddigital.com. También ha colaborado con el semanario Alba, Expresión Económica, La Ilustración Liberal, La Gaceta de los Negocios o la agencia APIE, entre otros.