Un hombre busca comida en un basurero, en Caracas (Venezuela) en septiembre de 2018. /EFE
Un hombre busca comida en un basurero, en Caracas (Venezuela) en septiembre de 2018. /EFE

Errejón, la has vuelto a liar. Se te ha vuelto a notar demasiado que eres un paniaguado que vive del narcoestado de Maduro. Un lacayo. Un sirviente. Un mercenario. Un tipo sin escrúpulos al que le importa un comino que miles de venezolanos estén en la miseria con tal de que le llegue su recompensa a fin de mes. Un cómplice de un régimen opresor, mafioso, corrupto y asesino que mata de hambre a su población. Algo muy habitual en el comunismo a lo largo de la historia, por cierto. Eso, o que eres un imbécil integral que no se entera de nada. Y no sé cuál de las dos opciones es peor.

¿Duermes bien por las noches, Íñigo? Es decir; cuando soltaste hace unos días la sandez y la mentira canalla de que los venezolanos comen tres veces al día, ¿te acostaste con algo de remordimiento, o ya estas acostumbrado a amortiguar la voz de tu conciencia, si es que aún la mantienes? Numerosos estudios hablan de que los venezolanos han perdido alrededor de 10 kilos de peso en los últimos años. Ya ves: un avance más del régimen chavista para evitar que sus súbditos caigan en la epidemia de la obesidad que asola al mundo occidental.

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¿Te importa algo el dolor de una madre que abraza el cadáver de su hijo recién nacido, Íñigo? Porque en Venezuela -ese paraíso comunista sobre la Tierra-, el número de neonatos muertos ha aumentado un 30% sólo en 2017, mientras que las mujeres fallecidas durante el parto crecieron un 65,8%. Qué cosas, ¿verdad, Íñigo? Pero a ti eso te da igual. Como dijiste en 2014 en un homenaje a Chávez, “le debemos la reivindicación de la democracia como tensión permanente, el socialismo como democracia sin fin”. Soltaste otra de tus frases farragosas, cínicas y sinsentido, cursi y resabiada. Porque la única “tensión permanente” que te conocemos es que te llegue lo pactado a tu cuenta corriente.

Errejón, eres un sinvergüenza, un tipo sin escrúpulos y sin entrañas; un desalmado que miente ante las barbaridades que comete un tirano como Maduro. Cerca de 4 millones de venezolanos se han exiliado ya de su país –sólo en 2017 lo hicieron 1,7 millones-, pero para ti eso son “inmensos avances en una transformación de sentido socialista, inequívocamente democrática, donde se respetan los derechos y libertades de la oposición”.

¿No tienes un mínimo de humanidad, Íñigo? ¿No te importan nada esas personas que huyen del narcoestado, de la hambruna, de la falta de medicamentos, de la terrible violencia que ha convertido a Venezuela en uno de los países más peligrosos del mundo?

Tú y todos los de tu banda morada sois mercenarios al servicio de Venezuela e Irán. Sois calaña de la peor especie, que no duda en traicionar a su patria y darle la espalda a la realidad con tal de mantener su mantra marxista. Que la realidad no enturbie el paraíso comunista en la Tierra.

¿No tienes un mínimo de humanidad, Íñigo? ¿No te importan nada esas personas que huyen del narcoestado, de la hambruna, de la falta de medicamentos, de la terrible violencia que ha convertido a Venezuela en uno de los países más peligrosos del mundo? ¿No se te mueve algún músculo de la cara cuando ves las imágenes de cientos de niños y ancianos buscando comida podrida entre los cubos de basura? ¿Tienes agallas para sentarte con las víctimas del chavismo –no necesitas ir muy lejos: tienes muchas de ellas exiliadas en España- y que te cuenten la realidad de lo que ocurre en Venezuela, y no el mundo imaginario que defiendes?

Me temo que no, que estás cegado por tu fanatismo ideológico o por los narcodólares que te llegan de Venezuela. Y por eso hay que combatiros, a ti y a toda tu banda morada, porque sois un peligro público. Sois la antítesis de los valores de la civilización occidental; sois la mentira, la miseria, la plaga y la corrupción. Como dijo alguien, si en el desierto se instaurara un régimen comunista, pronto habría escasez de arena.

La defensa que has hecho estos días sobre el régimen de Maduro sirve para dejar claro lo que sois y lo que pensáis. Para poneros en evidencia. Para que todos se den cuenta de una vez por todas hacia dónde querríais conducirnos: a la miseria, al odio, a la violencia, a la tiranía y a la dictadura. Y no; no estamos dispuestos.

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