Cartel de concienciación sobre la violencia contra la mujer / EFE.
Cartel de concienciación sobre la violencia contra la mujer / EFE.

Las izquierdas tienen en común con los carcas nostálgicos que presentan un mundo donde todo va mal y, encima, va a empeorar. La diferencia es que las izquierdas emplean esa táctica de propaganda para incitar a la acción, mientras que los carcas caen en la parálisis.

Ejemplos de lo que decimos los encontramos en los eslóganes de Podemos: los millones de niños que pasan hambre, la juventud sin futuro… El mantra de la ‘emergencia social’ con el que se movilizó a mucha gente preocupada sinceramente por sus semejantes desapareció en cuanto los podemitas empezaron a sentarse en los despachos del poder. ¿A qué destinan dinero los ‘Ayuntamientos del cambio’? A depurar los callejeros de fachas, a cabalgatas de ‘magas republicanas’, a pancartas de ‘Welcome refugees’, a multar al autobús de Hazte Oír

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Y es que la izquierda, al menos mientras no gobierna, no puede admitir ningún dato positivo ni ningún acontecimiento amable del que sentirnos orgullosos, porque eso implicaría rebajar la famosa tensión que Zapatero reconoció beneficiaba al PSOE.

De ahí esas campañas contra el 12 de octubre, la Organización Nacional de Trasplantes de Órganos, la Toma de Granada, la transición, el cambio climático, el artículo 155…

Mientras no gobierna, la izquierda no puede admitir ningún dato o hecho positivos. Tiene que atraer a sus votantes con mentiras y exageraciones.

Se trata, sí, de movilizar votantes a su favor, pero no sólo de ello, sino también de establecer un discurso —el del malestar, el fracaso, la culpa y la venganza—, que le permita a la izquierda imponer su versión de la realidad.

Lo hizo el PSOE cuando estuvo en la oposición a UCD —los 200.000 abortos clandestinos anuales― y lo hace ahora Podemos. Y por inverosímiles o ridículos que sean los datos y las afirmaciones siempre habrá periodistas dispuestos a difundirlos y gente dispuesta a creer que las vacunas matan y que los inmigrantes que saltan la valla de Melilla nos pagarán las pensiones.

Donde las izquierdas están echando el resto es en el asunto de la ‘ideología de género’, porque en él se juega el control moral y legal de la sociedad, junto con una inmensa fuente de financiación para sus ONG —¡200 millones de euros sólo en 2018!―. Tanto el PP y Ciudadanos, como algunas instituciones cristianas aquí hacen de los habituales compañeros de viaje que no entienden lo que hay en juego, y sólo desean pasar por modernos.

Los últimos días del año pasado, con varios asesinatos de mujeres y el hallazgo del cadáver de Diana Quer, fueron la excusa para que el Imperio Progre soltase a sus tropas de asalto. Nadie se quedó atrás.

El presidente de Extremadura, el socialista Guillermo Fernández Vara, se inculpó él e inculpó a todos los varones de “matar mujeres”, como otros, y otras, matan moscas.

De las barbaridades proferidas por los altavoces de la izquierda selecciono las siguientes:

Cristina Fallarás:

“Basta ya, carajo. Dejemos de usar la palabra “monstruo” para referirnos al asesino de Diana Quer. Es un hombre. Y lamentablemente hay miles y miles como él solo en España.”

A Diana Quer no la mató “la violencia machista”, sino un canalla con nombre y apellidos, y además encubierto por una mujer

¿Qué aullaría Fallarás si alguien, después de un atentado yihadista, hubiese escrito que el “monstruo” era un musulmán y que “lamentablemente hay miles y miles como él solo en España”?

Una columnista de ElDiario.es, Raquel Ejerique, tituló así su columna “A la fresca de Diana Quer la mató la violencia machista”.

Pues no: el autor (bueno, el sospechoso) tiene nombre y apellidos. Además, fue encubierto por su mujer.

Otra columnista del mismo periódico, Ana Requena Aguilar, escribió: “Diana Quer: ser mujer es una actividad de riesgo”.

Volvemos a la ‘culpa colectiva’, que constituye una afrenta a los inocentes y las víctimas. La izquierda está pasando de dividir y enfrentar a la sociedad por clases sociales a hacerlo por sexos, y, puesto que dos sexos son pocos, ahora hay decenas de géneros.

José Vicente Barcia Magaz comienza así su columna en Público, “El exterminio sistemático de mujeres a manos de la cultura machista…”, y se me pasan las ganas de leer ante semejante exceso. 48 asesinatos en una población de 23 millones de mujeres es una tragedia, pero no es un “exterminio sistemático”.

Como ya dijo Nicolás Gómez Dávila, “el vicio que aqueja a la derecha es el cinismo, y a la izquierda la mentira”.

España ha pasado en veinte años de ser el país de Europa Occidental con mayor tasa de homicidios a tener la segunda más baja

¿Se puede decir que ser mujer en España “es una actividad de riesgo”, como los de Black Lives Matter pretenden que lo es el ser negro en gran parte de Estados Unidos?

Acudamos las estadísticas oficiales del Ministerio de Interior español, muy discutibles —no desglosan los varones muertos por mujeres y dependen de los cuerpos policiales que quieren enviarle datos―, pero las únicas que tenemos.

Comparativa de asesinatos generales con los producidos por violencia machista en España.
Comparativa de asesinatos generales con los producidos por violencia machista en España.

En esta gráfica tomada de El País, se ve que el número de homicidios, está disminuyendo de manera constante. Y eso ocurre cuando en el cambio de siglo, debido a la droga y la inmigración descontrolada, España era el país de Europa Occidental con mayor tasa de homicidios. Ahora es el segundo con la tasa más baja, después de Austria.

En 2016, en Chicago la tercera mayor ciudad de EEUU, gobernada siempre por demócratas y donde Barack Obama comenzó su carrera política, el número de homicidios fue de 762, más del doble que en toda España. Baltimore, otro feudo de los demócratas, con menos de 700.000 habitantes, registró 343 homicidios en 2017. Y Londres, convertida en ciudad sin ley a la vez que en centro financiero mundial, ya es más peligrosa que Nueva York. En la capital británica, donde los controles de armas de fuego son muy estrictos, los criminales recurren al puñal y el ácido.

Y tres datos más que molestan al Imperio Progre porque refutan su discurso del ‘terrorismo machista’ y la ‘culpa colectiva’ de los varones.

Por suicidio mueren hasta veinte veces más mujeres que por ‘violencia machista’, pero no hay ningún plan nacional contra este tipo de muerte

La relevancia de la condición de la nacionalidad entre las víctimas y sus asesinos. En torno a un tercio de las asesinadas suele ser extranjera, de cualquier país. Uno de estos asesinos, un alemán, siguió a su víctima, una compatriota, desde su país a Vinaroz (Castellón).

El segundo consiste en que España es una de las naciones europeas donde la violencia contra las mujeres es menor, muy por debajo de los modelos escandinavos que fascinan a la izquierda, desde el PSOE a Podemos.

El tercero es que, como ya expuse en un artículo dedicado al suicidio, anualmente mueren en España por su propia mano entre quince y veinte veces más mujeres más que por violencia machista, pero este hecho no conmueve a las feministas ni a los políticos. ¿Alguien sabe de alguna ONG o algún plan nacional que luche contra el suicidio?

¿Por qué las feministas no reprochan a sus partidos favoritos que hayan aprobado en las Cortes la supresión de la cadena perpetua ‘revisable’ para los violadores?

Por último no me deja de llamar la atención que todas las feministas y sus ‘aliados’ masculinos que lloran por el asesinato de Diana Quer no chisten porque sus partidos favoritos reclamaran hace meses en las Cortes que se suprimiera del Código Penal una de las pocas cosas buenas que hizo el PP en su desperdiciada legislatura con mayoría absoluta: la introducción de la prisión permanente revisable.

A ver si enunciándolo se soluciona mi incomprensión: hay que poner bajo sospecha legal a todos los varones porque son violadores y asesinos de mujeres en potencia, porque eso es propio de la izquierda; pero a la vez hay que oponerse a que un asesino o un violador de mujeres pase toda su vida en la cárcel, porque tiene derecho a la reinserción, y eso también es de izquierdas.

Pues sigo sin entenderlo. ¡Como no soy de izquierdas!

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Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es Lecciones de España, en versión digital: http://www.editorialmanuscritos.com/Lecciones-de-Espana.