El espacio: un concepto clave del marketing estratégico actual

    Si no escuchas, no sabes qué quiere escuchar el otro. Si no se lo dices, no creas ningún espacio de relación: creas un vacío. Si no te escuchan, no hay espacio y no hay comunicación.

    0
    Sin empatía no hay comunicación. Y por tanto no pueden abrirse espacios.
    Sin empatía no hay comunicación. Y por tanto no pueden abrirse espacios.

    Mientras que el pensamiento occidental, desde Platón y Aristóteles a Hegel, pasa por la dialéctica entre opuestos: absoluto, nada; teoría, práctica; ideas, realidad; fondo, forma; y por la noción judeocristiana de la creación de la nada y de un Creador –o Demiurgo, según Platón-, por tanto, de la separación entre observador y observado, creador y criatura, acción y resultado; el pensamiento chino discurre en la realidad como proceso: un proceso total y continuo donde todo está en acción y movimiento y ya produce unos resultados. La acción consiste, al mismo tiempo, en no hacer y hacer.

    No hacer crecer la planta a base de estirarla, acelerando el proceso natural y acabando con la planta.

    Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

    Haz un donativo ahora

    El oriental, sin embargo, no dejar de cavar la tierra alrededor de ella para facilitar su desarrollo.

    Se trata de escuchar o empatizar. Lo que conlleva abrir espacios de libertad, espacios para la reflexión, espacios para la reacción y la adaptación.

    Sin flexibilidad no hay espacio: no te mueves.

    Paradójicamente, el oriental, que se considera parte indistinta del proceso, ocupa un espacio como ser humano distinto más amplio que el espacio del ser planta. Este espacio es el que le permite respetar, esperar, actuar sobre el ser planta sin verse afectado directa e inmediatamente por su actuación.

    Espera que la planta crezca actuando sobre las circunstancias de la planta en su favor.

    En este sentido, el Cristianismo ha sido motor de progreso y de avance científico –sobre todo a partir de los siglos XVI, XVII y XVIII, superando a China– porque ha dejado un espacio abierto casi infinito.

    La clave es la pregunta de Pilatos a Cristo: ¿Qué es la verdad?

    Y no hay respuesta. Hay silencio. Espacio. Un espacio inmenso que Aquel que se dice Todo (Dios) abre cuando calla. Un espacio total donde caben todas las preguntas. Se suele confundir la “verdad absoluta” con la “verdad cerrada” o finita.

    La creación de un espacio tiene que ver con conexiones que permitan la comunicación empática

    La Verdad, pues, no responde y, al mismo tiempo, Aquel que ahora calla ha dicho que la Verdad existe y es Él en persona. También se ha definido como Amor. Luego no basta el lenguaje para conocer la verdad, ni para expresarla, ni basta SOLO la razón. Tampoco la verdad se opone a nada: calla. Por lo tanto, la verdad que propone Cristo es la apertura de un espacio infinito, que solo puede llenar otro infinito que es Él mismo. Un infinito que ha destruido, al encarnarse, la dialéctica citada al principio: un Todo que une idea y realidad, teoría y práctica, fondo y forma. Lo une de tal modo que el Cristianismo no es una religión: no es un conjunto de normas morales, ni un consuelo, ni una explicación del proceso continuo y una adaptación a él (budismo), que solo puede concebirse circularmente porque no hay principio creador y, por tanto, no hay final; ni siquiera es un conjunto dogmático fosilizado (islam) porque la palabra de Alá es inmutable –al no permitir interpretación, se cierra al progreso, porque cierra todo el espacio en el dogma de la infalibilidad de esa palabra-. Podría aducirse que el cristianismo tiene dogmas. Cierto, pero poquísimos. Cuatro o cinco: aquellos que delimitan el espacio, aquellos que, al delimitarlo, paradójicamente, lo hacen infinito (Si Dios no es Trino, no hay relación absoluta posible, no hay acción absoluta posible, por tanto no hay acción libre posible: el oriental es un determinismo “surfeante” sobre la inevitabilidad del movimiento contínuo). El Corán es todo él un dogma que no deja espacio. Ni siquiera a la duda –al ateo se le lapida-.

    El espacio es lo que propicia la libertad y la expresión. Incluso físicamente: si la boca está amordazada no puede moverse y no puede emitir sonidos. Y el hombre no puede hablar. Si la planta no ocupa un espacio, no puede crecer.

    La creación de un espacio en las organizaciones es la primera premisa. Debe crearse un espacio vital para la empresa que estará formado por el espacio vital que se conceda a:

    Sus empleados: espacio de libertad, confianza, responsabilidad.

    Sus estrategias y tácticas: espacio para la empatía, la flexibilidad, la reacción, la creatividad.

    Sus productos o servicios: espacio mental (en la mente del consumidor), espacio real (punto de venta), espacio de desarrollo (crecimiento en gama o cualidades).

    Su comunicación: espacio físico, o cada vez más virtual/digital, donde alojar los mensajes, los contenidos. Espacio estratégico: relato a largo plazo. Espacio multidisciplinar (publicidad, promoción, RR.PP…). Multiespacio: multicanal. Espacio tonal: para que haya ECO, en el sentido de resonancia, de impacto por emplear un término clásico.

    El espacio se abre cuando se limita

    El espacio se abre cuando se conectan los puntos que lo limitan. Espacio tiene que ver con conexión. Si no hay conexión, por lejanía, hay vacío entre los dos puntos, no espacio. El espacio debe llenarse de conexiones. Si está demasiado lleno, o las conexiones son demasiado próximas, se ahoga y muere (síndrome del espacio vital en el ascensor).

    La creación de un espacio tiene que ver con conexiones que permitan la comunicación empática.

    Sin empatía no hay comunicación. Y por tanto no pueden abrirse espacios.

    Empatizar es, en primera instancia y sobre todo, ESCUCHAR.

    El misterio abre espacio. Crea espacio. No explicarlo todo lleva a la creatividad, a pensar (Moliné)

    Si no escuchas, no sabes qué quiere escuchar el otro. Si no se lo dices, no creas ningún espacio de relación: creas un vacío. Si no te escuchan, no hay espacio y no hay comunicación.

    (La soledad o el silencio del místico cristiano no es tal, sino compañía y diálogo con el eternamente Otro. Es salir de uno mismo, no centrarse en uno mismo como en el budismo. Es salir HACIA el otro –Dios y el prójimo-. Es ir a la periferia, lo que está fuera de uno mismo y de la sociedad: este el mensaje clave del Papa Francisco).

    Para empatizar, tu propio discurso debe contener muy pocos principios, valores o “dogmas”: cuanto más desnudo, más libertad de movimientos, más flexibilidad. Más adaptación a distintas audiencias porque DEJAS mucho espacio libre. No lo llenas todo, nunca –gran error y no solo en los viejos anuncios de gráfica-.

    Vuelvo al Cristianismo. Valores de la Iglesia: Dios existe, es padre –o madre-, es trino –esto indica relación y comunicación, “verbo” o “logos” según san Juan-, la segunda persona de esa Trinidad se ha hecho hombre para llevarnos al Cielo que es la vida plena en el Amor infinito de Dios. Hay un símbolo –diseño, comunicación- que es la Cruz. Y un Libro –un contenido- con un mensaje muy sencillo y muy complejo a la vez: de nuevo, mucho espacio abierto.

    El contenido es tan universal que se entiende en cualquier lengua, aunque no se crea en él. La Cruz es tan simple que cabe representarla de las infinitas formas en que se ha hecho, se hace y se hará. Los dogmas pueden entroncar con tradiciones ancestrales –caso de América y el valor expiatorio de la sangre- y mitológicas; que el mito se haga real en Cristo es cuestión de fe. Y de Misterio.

    El misterio abre espacio. Crea espacio. No explicarlo todo lleva a la creatividad, a pensar (Moliné). No explicarlo todo lleva a la interactuación (hoy, lo digital). No explicarlo todo tiene que ver con sugerir. Sugerir tiene que ver más con un tono que con un discurso explícito. Sugerir tiene que ver con conectar. Conectar es sensitivo o sensorial más que racional. Los sentimientos también abren espacio: a las emociones, a las pasiones, a las reacciones, al impulso. La interacción es tan sentimental o emotiva como es racional, o quizá sea más emocional.

    No es otra la razón de hablar de “compra por impulso”, ni de la creación de entornos/espacios emocionales alrededor de las marcas.

    Comentarios

    Comentarios

    Francisco Segarra es director del digital geopolítico www.institutodeestrategia.com, publicitario y escritor. Por un milagro de la Gracia de Dios, después de 40 años de excesos, ya no fuma ni bebe. En Twitter es @ElCoronelPakez y en la vida real un alegre melancólico crónico. Con el monje Altisent cree firmemente que lo que pasa es lo que toca y Dios lo quiere. Su lema: OMNIA IN BONUM.