Estamos perdidos

    Nicolás de Cárdenas hace un repaso de las masacres más relevantes producidas en los últimos años e insta a recordar que también existen actos salvajes en África y Asia.

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    Atentado 11 de septiembre en Nueva York/Fuente:EFE

    Hace ya tiempo que se viene hablando de la posibilidad de que estemos asistiendo al desarrollo de la Tercera Guerra Mundial. De hecho, el Papa Francisco ha reiterado esta idea en las últimas semanas con especial insistencia.

    Probablemente, las causas profundas de esta guerra haya empezado mucho antes de que al mundo se le cortara la respiración, al ver cómo se estrellaban dos aviones contra las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001.

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    Pero el hecho es que, desde entonces, no han sido pocas las masacres. Sólo en occidente, tenemos que recordar un buen puñado de actos salvajes:

    • El 11 de marzo de 2004 en los trenes de Madrid. Fueron 191 muertos y 1.600 heridos.
    • El asesinato del cineasta Holandés Theo Van Gogh en noviembre de 2004.
    • Los atentados contra el metro de Londres en julio de 2005, con 56 muertos y 700 heridos.
    • El asesinato en marzo de 2012 de tres ninos y cuatro adultos a manos de un musulmán francés en Toulouse y Montauban.
    • El atentado suicida en un autobús con turistas israelíes perpetrado en Bulgaria, que acabó con la vida de ocho personas. Era julio de 2012.
    • En mayo de 2013, asesinaron a machetazos a un soldado en Londres, al grito de ‘Alá es grande’.
    • Un año más tarde, otro yihadista (francés para más señas) asesinó a cuatro personas en un ataque contra el Museo Judío de Bruselas.
    • En enero de 2015, 17 personas fueron asesinadas en los ataques consecutivos contra la revista Charlie Hebdo y un supermercado judío.
    • Hace cuatro días, una cadena de atentados en París acabó con la vida de al menos 129 inocentes.

    A estos episodios que recordamos con profusión por el interés que despiertan en los medios occidentales, hay que añadir las masacres en África y Asia a manos de las diferentes agrupaciones terroristas de inspiración islámica radical.

    No se puede olvidar la barbarie que arrasa Nigeria a manos de Boko Haram, que sólo en lo que llevamos de año ha asesinado a más de 3.500 personas. O los estragos de Seleka, la sucursal de Al Qaeda en la República Centroafricana, lugar al que próximamente acude el Papa.

    Es inevitable igualmente hablar del llamado Estado Islámico en Siria e Irak, de donde huyen miles de personas que están llegando ahora a Europa.

    El panorama es, desde luego, dantesco. Y probablemente no sea desajustado hablar de una situación de guerra total. Lo que sucede es que no tiene nada que ver con lo que se ha vivido el pasado siglo XX. La amenaza puede venir casi de cualquiera y puede concretarse en cualquier momento y lugar.

    Lo peor, con todo, no es ni siquiera la falta de determinación en muchos líderes occidentales. Es la falta de sentido, el saber por qué luchan. Tener claro este punto fue fundamental para mantener el ideal y reconquistar la península ibérica para la Cruz y lograr la unidad de acción. Cuando esto no está claro, estamos perdidos.

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    Nicolás de Cárdenas fue inoculado por el virus del periodismo de día, en el colegio, donde cada mañana leía en su puerta que “la verdad os hará libres”. Y de noche, devorando los tebeos de Tintín. Ha arribado en su periplo profesional a puertos periodísticos de papel, internet, televisión así como a asociaciones cívicas. Aspira a morir diciendo: "He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe".