La periodista de La Sexta, Ana Pastor.

Uno creía que el fascismo ya estaba aquí, entre nosotros. Porque en las televisiones y los periódicos nos dicen a todas horas que Trump es fascista, Salvini es racista, Orban es xenófobo. Putin es homófobo. Kavanough es machista. Marine Le Pen es lepenista. Iván Duque es meapilas. Wilders es islamófobo. Viganò es ultracatólico. Bolsonaro es ultraderechista. Macri es genocida. Polonia es neonazi. Piñera es pinochetista. Albert Rivera es joseantoniano (sí, sí, el que fundó la Falange). Pablo Casado es franquista…

Pues no, todavía faltaba un peldaño más para alcanzar el cenit del fascismo. Y ese peldaño se subió el domingo 7. Ante el éxito del acto convocado por VOX, en Vistalegre y con Santiago Abascal riéndose de la pegatina de ‘facha’ que el Imperio Progre trata de poner a todo el que se escapa del corral de lo políticamente correcto.

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Desde entonces, el fascismo está llamando a la puerta como los zombis nazis de esa película, casi tan mala como ‘Abraham Lincoln, cazador de vampiros’.

Los periodistas que hacen la ‘Prensa de Kalidá’ se plantean cómo cumplir su deber de progresistas y parar al monstruo del fascismo

Los guerreros del bien que son los periodistas que hacen la ‘Prensa de Kalidá’ llevan dos años viendo fascistas por todas partes, desde la elección de Donald Trump, y han tocado a rebato, se han reunido y han discutido la gran pregunta: ¿cómo parar el fascismo en España?

Ejemplos de profesionalidad periodística sobre Trump (El País) y su esposa (La Vanguardia).
Ejemplos de profesionalidad periodística sobre Trump (El País) y su esposa (La Vanguardia).

De tanto escribir sobre ‘memoria histórica’ te acabas creyendo que los moros y los legionarios de Yagüe acechan en la Casa de Campo.

En el programa El Objetivo del mismo 7 de octubre, Ana Pastor preguntó a sus tertulianos cómo enfrentarse al partido “de ultraderecha” VOX, ¡que no tiene ni un solo diputado! Una de las respuestas más aplaudidas ha sido la de impedirle el acceso a los medios de comunicación. O sea, censurar. Lo mismo, por cierto, que le pasaba a VOX hasta ahora.

De tanto escribir sobre ‘memoria histórica’ creen que los moros y los legionarios de Yagüe acechan en la Casa de Campo

Algunos proponen contrargumentar y dar datos que demuestren las mentiras de “los ultraderechistas”, como que no hay ninguna invasión de inmigrantes. ¡Y te lo dicen los que sostenían en 2015 que uno de cada tres españoles era pobre! ‘Fact checking’ escrupuloso. Si es que tienes que reírte con los buenistas.

En este debate, ha sido muy comentado el hilo en Twitter del periodista Pedro Vallín, que trabaja en La Vanguardia, periódico que no recuerdo haya dado ninguna exclusiva sobre la corrupción de la banda de los Pujol en la patria del 4%.

Él propone lo siguiente: “no hay que difundir la agenda fascista”. Lo primero es preguntarle de qué “fascismo” habla, el de VOX, el de Ciudadanos o el del PP, que uno sigue liado. Para él se colabora con la “agenda fascista” hablando sobre los “pocos cientos de manteros que operan en Madrid o Barcelona”, “los narcopisos” o “dando espacios sin fin a la llegada de inmigrantes, como si viviéramos una oleada que no existe”.

Se queja, y con razón, de que “toda la programación televisiva de las mañanas” consista en “sucesos escabrosos”, a pesar de que España disfruta de “los niveles de delincuencia criminal más bajos de la historia y de los más bajos del continente”. ¡Bienvenido al mundo de los deplorable, tocayo! Diles lo mismo a nuestros colegas que crean olas de alarma por violaciones, cuando España es uno de los países más seguros para las mujeres (y los varones).

Una de las propuestas es borrar de la agenda, o sea, censurar, las noticias que pueden dar la razón a VOX

Vallín concluye con una opinión que quiero compartir con usted, amigo lector. Él destaca que “el primer deber del periodismo es la selección de agenda. Esa jerarquización del mundo es lo más importante que hace cada día un periodista, mucho más importante que escribir bien o invitar a analistas sensatos”. Y añade que “la agenda no viene dada ni la marcan los políticos. La creamos nosotros. Si existe alguna posibilidad de detener el fascismo y si esa posibilidad pasa por el periodismo (son dos “y si”), no creo que dependa de cómo los tratamos, sino de silenciar su agenda racista e identitaria”.

Bueno, omitamos que estos consejos sobre la necesidad de silenciar la “agenda racista e identitaria” los da un redactor del periódico que tiene a Pilar Rahola y a Francesc-Marc Álvaro como columnistas, que despidió a Gregorio Morán y Eduardo Goligorsky por criticar el catalanismo y que desde 2012 fomenta el separatismo y el ‘derecho a decidir’.

Fijémonos, en cambio, en la insistencia en la agenda. Uno de los hombres más influyentes de España, Daniel Gavela, director de la cadena de radio SER, reveló a principios de septiembre que “nosotros no gestionamos la actualidad, la creamos”.

La manipulación o la censura de las noticias, como la mala salud de Hillary Clinton, no sirvió para impedir la victoria de Donald Trump

De modo que este sector de la profesión reconoce que ellos deciden qué es noticia, qué debe aparecer en la televisión, la radio y los periódicos, y con qué sesgo. La profesionalidad, la ética, el servicio al público, el derecho a la información veraz y todas esas grandes palabras que hasta tienen asignaturas en las carreras son, por tanto, filfas.

Se manifiestan delante del Congreso 50 jubilados para exigir más dinero y las televisiones titulan “Los jubilados protestan”. VOX propone la expulsión de los “inmigrantes ilegales” y se elimina el adjetivo “ilegales” de las crónicas.

Luego se ofenden cuando se dice que Podemos es, en gran parte, creación de los media. Cuando veía las tertulias matutinas de La Sexta y Cuatro, solía mandar tuits en que explicaba que a las dos de la tarde, pleno ‘prime-time’, en una cadena aparecía Pablo Iglesias o Rita Maestre y en la otra, al mismo tiempo, Íñigo Errejón o Irene Montero; y concluía: “¿Veis? Esto es pluralismo informativo”.

Algunos de los miembros de esta casta viven tan separados de la realidad, como los políticos, que llegan a escribir que niegan lo que todos hemos visto.

¿En qué mundo viven? Una colaboradora de El País asegura que la mayoría de la prensa se tomó a broma a Trump, en vez de oponerse a él

En este debate al que me refiero, una colaboradora de El País ha afirmado que los medios de comunicación de EEUU no se decantaron contra Trump. “Los medios estadounidenses no tomaron partido frente a Donald Trump y lo mostraron como un entretenimiento. No lo era. Era un peligro, como Vox”.

Lo cierto es que docenas de diarios pidieron a sus lectores que votaran a Hillary Clinton, con el único argumento de que el republicano iba a ser un desastre. Hasta la Wikipedia tiene una entrada en la que se lista los periódicos que se pronunciaron a favor de cada candidato.

Al final, le están dando la razón al presidente Trump cuando dijo que el 75% de los periodistas son “sin ninguna duda mentirosos”.

Y encima han arrastrado por el suelo su escaso prestigio y hundido su negocio a cambio de nada. Porque el ‘fascismo’ no para de crecer. Alguien sensato se plantearía que es la agenda la equivocada y no la realidad, pero sé que la sensatez ha sido erradicada de las redacciones al igual que la objetividad.

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Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).