George Soros, Donald Trump y Viktor Orban/Actuall.

Hace unos meses, Ignacio Ruiz Quintano resumía en su columna de ABC las panzadas de reír que nos estamos pegando los carcas cuando vemos a la ‘izquierda caviar’ poner a la CIA, la misma que desvelaba las armas de destrucción masiva en poder de Sadam Hussein y organizaba los golpes en Irán y en Chile, como fuente de autoridad:

“Qué bonita es la venganza cuando Dios nos la concede: ver a todos los medios progres abrazando a la CIA y cantando el estribillo de Serrano Súñer para la División Azul: ‘¡Rusia es culpable!’. Otro éxito de Trump.”

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¡Cuántas risas y cuántos gintonics le debemos a Donald Trump! Y no lleva ni un año en la presidencia.

Orban y Soros chocan, el primero en defensa de la nación y el segundo en defensa de la Humanidad (y de su fortuna)

Ahora el Imperio Progre, que la verdad tiene el cerebro frito como si hubiese metido la cabeza en un microondas, nos da otra muestra de su incoherencia al defender a un especulador, un destructor de economías, divisas y naciones, uno de esos ‘peces gordos de Wall Street’ que denunciaban los demócratas hasta que la dinastía Clinton se compró el partido.

Ese especulador es quien podría encarnar a Monty Burns o a Lex Luthor, de no ser que está en lado políticamente correcto. Me refiero, por supuesto, a George Soros.

El pueblo húngaro escogió en 2010 a Viktor Orban como primer ministro, con un programa de promoción de la natalidad y defensa de la identidad cristiana y nacional frente a la UE.

Y eso irritó a Soros, nacido húngaro, y uno de los paladines de la globalización. Desde entonces, ambos personalidades han chocado varias veces, uno en defensa de su nación y el otro en defensa de la humanidad (y de su fortuna).

Soros ha declarado que Orban está transformado Hungría en un “Estado mafioso”, porque se exige a la universidad que él paga unos requisitos determinados, los mismos que a otras universidades privadas. ¡Qué poco gusta la igualdad al rico!

El último enfrentamiento ha sido con motivo de una campaña realizada por el Gobierno en favor de sus medidas contra las cuotas de inmigrantes y supuestos refugiados que le quiere imponer la UE. Consiste en carteles con la cara sonriente del financiero y la frase “¡Que Soros no ría el último!”.

Como Soros es de origen judío y como los típicos ultras descerebrados han usado los carteles para escribir frases antijudías, el embajador de Israel protestó y la campaña concluye este sábado 15 de julio.

En el combate entre un Gobierno electo y un especulador, ¿por quién toma partido el Imperio Progre? Por éste.

La ‘lucha contra los mercados’ sólo se aplica a los griegos de izquierdas. ¿Las razones de semejante preferencia? Pues dos. La primera es que Soros apoya las causas progresistas, desde el aborto a la inmigración desbocada.

Y la segunda, la más obvia, que Soros dona millones de dólares y euros a las ONG, las fundaciones, los candidatos y los medios de comunicación de este bando, y algo cae de la mesa.

El País dio el siguiente titular: “Orban llena Hungría de carteles contra el filántropo Soros”

El País, que ha publicado varias tribunas de Soros y también entrevistas de estilo lametazo, dio la noticia el viernes 14 con el siguiente titular: “Orban llena Hungría de carteles contra el filántropo Soros”.

Si es que dan ganas de llorar, sea por los problemas de un hombre tan bondadoso, o sea por la muerte del periodismo.

En mayo, el mismo periódico publicó un perfil de este santo laico en el que destacaba su faceta frustrada de filósofo. ¡Cómo les gusta la filosofía a los super-ricos!

Jaime Botín, ex presidente de Bankinter, firmaba sus tribunas en El País como alumno de una tal Escuela de Filosofía… Y no sé yo qué aprendería en ella, porque ha recibido dos multas de la CNMV por mentir sobre asuntos financieros y se le va a juzgar por contrabando.

En cambio a Trump muchos medios de comunicación le siguen llamando ‘magnate’. Me parece que el remedio comienza por la letra te, te de talonario.

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Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es Lecciones de España, en versión digital: http://www.editorialmanuscritos.com/Lecciones-de-Espana.