Fillon contra Le Pen

    La presidencia francesa se la disputarán, pues, la candidata de la ultraderecha y el más conservador de los candidatos del centro-derecha. Mientras que Fillon es liberal, Le Pen representa un nacionalismo populista y antiliberal, similar en algunos aspectos al de Trump.

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    François Fillon y Marine Le Pen
    François Fillon y Marine Le Pen / Actuall

    El exprimer ministro François Fillon tiene todas las papeletas para convertirse en el próximo presidente de la República Francesa. Su inesperado y apabullante éxito (44% de los votos) en la primera ronda de las primarias del centro-derecha francés –nuevo batacazo de los sondeos, que daban como favorito al centrista Alain Juppé– le sitúan muy cerca de la victoria definitiva. Ahora bien, se da por descontado que el candidato socialista (sea Hollande, Valls o Macron) será eliminado en primera vuelta en las presidenciales de la próxima primavera; la segunda opondrá, pues, al candidato del centro-derecha y a la del Frente Nacional, Marine Le Pen. Incluso si esta última doblara –como es probable- los resultados conseguidos por su padre en 2002 frente a Chirac, se situaría en un 35%, muy lejos de la victoria. Quien venza en las primarias de Los Republicanos tendría, pues, pie y medio en el Elíseo.

    Fillon era el candidato más a la derecha de los siete que se han disputado las primarias. Sus posiciones en materia económica son claramente liberales, con un diagnóstico descarnado sobre la insostenibilidad del elefantiásico Estado francés actual: Fillon habla abiertamente de despedir a cientos de miles de funcionarios, de simplificar la administración, de retrasar la edad de jubilación. Promete reducciones fiscales muy audaces, así como una flexibilización del mercado laboral. Terminará con la limitación de la jornada laboral a 35 horas, la “conquista social” introducida por el socialista Jospin que el supuestamente liberal Sarkozy no se atrevió a cuestionar.

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    En lo social, Fillon se muestra todo lo conservador que puede llegar a ser un político francés que no quiera condenarse a la marginalidad. Esto incluye, desgraciadamente, no cuestionar el aborto libre. Pero el programa de Fillon muestra, por ejemplo, una sana inquietud por la cuestión demográfica y la necesidad de fomentar la natalidad (denuncia que el índice de fecundidad francés haya descendido a… ¡1.95 hijos por mujer!; en España es de 1.32 y a nadie le importa…). Y se compromete a impedir la adopción conjunta por parte de parejas homosexuales, así como la inseminación artificial (PMA) para mujeres sin pareja o parejas de lesbianas. Promete también mantener la prohibición de la gestación subrogada, introduciendo sanciones para los que sorteen la interdicción alquilando vientres en el extranjero. El movimiento La Manif Pour Tous –que libró una batalla de impresionantes manifestaciones masivas contra la introducción del matrimonio homosexual- ha trasladado actualmente su foco a la cuestión de las técnicas de reproducción asistida y la preservación de la filiación natural. Es significativo que Sens Commun –plataforma política emanada de La Manif Pour Tous- recomendara el voto a Fillon. Cuando decidió avalarlo –el pasado septiembre- el exprimer ministro apenas cotizaba un 10% en los sondeos; en sólo un mes, se ha propulsado sorprendentemente al liderazgo. Fillon es católico practicante y padre de cinco hijos.

    Este enfrentamiento refleja el dilema al que se enfrenta la derecha en todo Occidente: o dar una última oportunidad a un liberal-conservadurismo remozado, o adentrarse en la terra incognita de la «alt righ»

    La presidencia francesa se la disputarán, pues, la candidata de la ultraderecha y el más conservador de los candidatos del centro-derecha. Y ese enfrentamiento refleja adecuadamente el dilema al que se enfrenta la derecha en todo Occidente: o dar una última oportunidad a un liberal-conservadurismo remozado, o adentrarse en la terra incognita de la «alt righ». Le Pen representa un nacionalismo populista y antiliberal,  similar en algunos aspectos al de Trump: no oculta su pretensión de sacar a Francia del euro y de la UE. Su receta para la crisis económica es el proteccionismo y la demonización de la globalización (las perversas “élites mundialistas” que conspiran constantemente para empobrecer al pueblo francés). El programa de Fillon incluye también, ciertamente, un fuerte ingrediente identitario: habla de hacer cantar a los ninos la Marsellesa en las escuelas, de reforzar la enseñanza de la historia de Francia, de exigir a la UE un reforzamiento del sistema FRONTEX, así como del derecho de Francia a controlar los flujos migratorios estableciendo cuotas limitadas de inmigración legal y simplificando los procedimientos de expulsión de los inmigrantes ilegales. Propone un incremento del gasto militar, y que Europa asuma su propia defensa abandonando progresivamente el paraguas norteamericano. Pero, siendo nacionalista –y participando del movimiento general de retorno de lo nacional- Fillon no da el paso decisivo de cuestionar la Unión Europea y el euro. Gaullista confeso, Fillon propone el retorno a la concepción originaria de la unión europea como un espacio de libre comercio, abandonando la idea federalista de Europa como superestado que devora progresivamente la soberanía de sus miembros. «La Unión deberá concentrar su acción en algunos asuntos bien definidos y dejar a los Estados-nación la libertad de gobernarse como lo crean oportuno en la mayoría de los temas, aplicando el principio de subsidiariedad».

    Impidiendo la victoria de Marine Le Pen, Fillon puede terminar siendo el salvador de la Unión Europea, evitando el retorno a un «chacun pour soi» de consecuencias imprevisibles. Su éxito demuestra la viabilidad de una fórmula ganadora que combine en las proporciones adecuadas el liberalismo económico, el conservadurismo social y un nacionalismo moderado, compatible con la preservación de una Unión Europea razonable y no leviatánica.

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    Francisco J. Contreras Peláez (Sevilla, 1964) es catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Sevilla. Autor de los libros: Derechos sociales: teoría e ideología (1994), Defensa del Estado social (1996), La filosofía de la historia de Johann G. Herder (2004), Savigny y el historicismo jurídico (2004), Tribunal de la razón: El pensamiento jurídico de Kant (2004), Kant y la guerra (2007), Nueva izquierda y cristianismo (2011, con Diego Poole), Liberalismo, catolicismo y ley natural (2013) y La filosofía del Derecho en la historia (2014). Editor de siete libros colectivos; entre ellos, The Threads of Natural Law (2013), Debate sobre el concepto de familia (2013) y ¿Democracia sin religión? (2014, con Martin Kugler). Ha recibido los premios Legaz Lacambra (1999), Diego de Covarrubias (2013) y Hazte Oír (2014). Diputado de Vox por Sevilla en la XIV Legislatura.