Francia: Cambio político sin terremoto

    Las democracias de EEUU y Francia han demostrado que el sistema funciona muy bien, ya que el seísmo político ha cambiado el sistema de partidos, sin que sufra la estructura institucional

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    Emmanuel Macron junto a su mujer Brigitte Trogneux
    Emmanuel Macron junto a su mujer Brigitte Trogneux / EFE

    Emmanuel Macron está a pocos días de completar una de las operaciones políticas de mayor calado en la reciente historia de Europa. Un candidato sin partido se ha convertido en el presidente de la República Francesa, y ha creado en torno a sí un movimiento que, muy probablemente, logrará la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional.

    Su partido, En Marcha!, ha obtenido el 32,3 por ciento de los votos en las elecciones legislativas celebradas este domingo. A media distancia queda el centro derecha neo gaullista, con el 21,5 por ciento. El tercer partido en el cómputo global de votos es el Frente Nacional, con un 13,2, y le sigue el otro partido anti sistema, La Francia Insumisa, con el 11. ¿Y el Partido Socialista? Cae a su pasokización, con el 9,5 por ciento de los votos.

    Algunas personas creen que La Sexta da información.

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    Francia tiene el mejor sistema electoral del mundo: Una circunscripción uninominal (o diputado de distrito, si lo prefieren), a dos vueltas

    Estos datos nos dan una idea de la relación de fuerzas, pero la operatividad política depende de su respectiva presencia en el Parlamento. Francia tiene el mejor sistema electoral del mundo: Una circunscripción uninominal (o diputado de distrito, si lo prefieren), a dos vueltas.

    El territorio francés está dividido en 577 distritos electorales, con un único candidato por partido. Si en la primera vuelta uno de ellos supera la mitad de los votos emitidos, se proclama el vencedor y se le atribuye su cargo de diputado. Si ningún candidato logra ese resultado, pasan los dos más votados, para que obtenga el acta quien más votos recabe de ambos.

    Tiene la ventaja de que son los electores quienes eligen directamente al diputado, y no los partidos. El apoyo del partido es muy importante, por lo que sigue influyendo, pero no tiene el poder absoluto, como en España. Y tiene la ventaja de ser a dos vueltas, por lo que los partidos minoritarios tienen opciones de influir en el resultado final, e incluso mediante el acuerdo con otras formaciones, pueden situar a sus candidatos en la segunda vuelta.

    Según las proyecciones del diario Le Figaro, Macron obtendrá de 400 a 440 escaños. El centro derecha entre 95 y 132, el PS de 15 a 25, Francia Insumisa de 13 a 23 y el Frente Nacional entre 2 y 5. Los resultados se confirmarán en la segunda vuelta, que tendrá lugar el domingo que viene.

    En definitiva, que toda la saliva gastada en la “cohabitación” entre el joven presidente de Francia y una eventual mayoría conservadora en la Asamblea Nacional ha resultado ser un desperdicio. Los franceses quieren a Macron, confían en él, y le han otorgado todo el poder que puede concederle la V República Francesa a una persona.

    Francia Insumisa y el Frente Nacional, son dos moscas cojoneras; una amenaza real, pero por el momento controlada

    De los viejos partidos sólo sobreviven Los Republicanos (centro-derecha). Sobre el Partido Socialista, que ya Manuel Valls dio por muerto, ha dicho Thierry Mandon, uno de sus miembros más destacados: “Por los suelos, decapitado, roto”. Los partidos anti sistema, los comunistas de Francia Insumisa y el Frente Nacional, son dos moscas cojoneras; una amenaza real, pero por el momento controlada.

    No es casual que todo ese poder lo haya recabado un político sin partido, aunque para jugar un papel dentro del partido haya tenido que crearlo, de forma improvisada. Y en esto consiste la gran obra política de Macron.

    En Francia ha ocurrido lo mismo que la historia nos enseña de los Estados Unidos. Allí, una Constitución que tiene 230 años ha visto la sucesión de distintos sistemas de partidos. La oposición entre federalistas y antifederalistas reapareció con los primeros enfrentados a los demócratas republicanos. El partido whig se enfrentó sin éxito a los demócratas de Jackson, pero fue heredado por el Partido Republicano. Incluso esos dos partidos, que han sobrevivido hasta hoy, han cambiado para representar ideas muy diferentes, cuando no antitéticas. Y todo, insisto, bajo la misma Constitución.

    Esto es lo que ha ocurrido en Francia. El sistema demuestra que funciona muy bien, ya que el seísmo político ha cambiado el sistema de partidos, sin que sufra la estructura institucional. Se ha cambiado la distribución de la casa francesa, pero mantiene sus cimientos, su estructura e incluso su fachada. Frente al modelo narcopopulista según el cual cada sátrapa impone su constitución a medida, el ejemplo de estas dos naciones democráticas muestra que cabe no sólo la alternancia sino incluso el cambio político sin que tengan que cambiar las reglas del juego.

    Ahora queda por ver qué hará Macron con todo el poder que los franceses le han otorgado. Si introducirá las reformas necesarias, o el poder de los sindicatos, los funcionarios y los jubilados o esperan serlo muy pronto logrará mantener el statu quo.

    Para nosotros, en este momento en el que se cumplen 40 años de las primeras elecciones democráticas, y cuando también ha cambiado el sistema de partidos, este cambio político nos debe servir de guía. Por un lado, no hay que caer en la trampa populista de permitir un cambio constitucional operado desde y para el poder, que es el gran objetivo político de Podemos. Pero por otro, no dejemos escapar el ejemplo de los sistemas políticos que son robustos porque permiten el cambio sin graves tensiones sociales.

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    José Carlos Rodríguez es periodista. Forma parte del equipo de ProducciONE, pero en otra vida ha sido redactor jefe de Internacional de La Gaceta, y ha trabajado en la prensa digital en medios como Factual.es, elimparcial.es y libertaddigital.com. También ha colaborado con el semanario Alba, Expresión Económica, La Ilustración Liberal, La Gaceta de los Negocios o la agencia APIE, entre otros.