¿Fue un éxito la concentración en Colón para pedir la dimisión de Sánchez?

    Desde que comenzó hasta que concluyó con la "foto de familia" y el himno nacional apenas 35 minutos. ¿La Plaza de Colón parió un ratón? No parece que la cita enardeciera a las masas, ni que hiciera excesivo daño político a Sánchez. Sólo queda una posibilidad: moción de censura.

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    Pancarta en la manifestación convocada por Ciudadanos, Partido Popular y Vox en Madrid para pedir la dimisión de Pedro Sánchez y la convocatoria de elecciones el 10 de febrero de 2019/ EFE
    Pancarta en la manifestación convocada por Ciudadanos, Partido Popular y Vox en Madrid para pedir la dimisión de Pedro Sánchez y la convocatoria de elecciones el 10 de febrero de 2019/ EFE

    Este domingo varios miles de personas llenaron la plaza de Colón de Madrid. Difícil contabilizar. En todo caso, estaba lleno. Quien estuvo, lo sabe. Los congregados allí habían sido convocados por Ciudadanos, PP y Vox, principalmente.

    Los españoles que hasta allí se desplazaron sabían a lo que iban: pedir la dimisión de Pedro Sánchez, reclamar las elecciones prometidas en la moción de censura que sostuvieron los enemigos de España (filoterroristas, nacionalistas, independentistas, comunistas y socialistas) y expresar, una vez más, el rechazo al golpe de Estado perpetrado en Cataluña.

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    El equilibrio entre PP, Ciudadanos y Vox, cuyos discursos difieren de forma notable, se hizo sentir. Tal vez demasiado.

    Se había pactado que sólo una sería la bandera, la de España. Pero Albert Rivera y los suyos utilizaron otras: la europea y la multicolor del lobby LGTBI. Al parecer no fue el único punto del acuerdo que los del partido naranja incumplieron, puesto que se supone que  la foto final era con los tres líderes políticos y Rivera subió con toda su troupe, el primero, forzando una imagen más concurrida de lo acordado.

    Con todos, menos con Manuel Valls, el criptocandidato de Ciudadanos a la alcaldía de Barcelona, que haciendo gala del chauvinismo francés más ortodoxo no consideró apropiado posar en el mismo grupo que Santiago Abascal.

    Por otro lado, no basta con congregar a la gente en un punto determinado. Uno va a una manifestación a defender sus ideas, a expresarlas con lilbertad, a sumarse a un ideal, sí. Pero también espera volver a casa con el alma guerrera, autoafirmado, con energías renovadas. Y, sin embargo, para muchos no fue así.

    Los tres periodistas que intervinieron lo hicieron como portavoces oficiosos de los principales partidos presentes. No parece descabellado establecer la siguiente correlación: Albert Castrillón-Ciudadanos; María Claver-Partido Popular; Carlos Cuesta-Vox.

    Atados por quienes les habían encargado semejante tarea, la lectura del manifiesto no resultó especialmente estimulante, pese a que su contenido no es despreciable. Una manifestación es un mitin, no un concurso de recitadores del BOE. Y conste que no culpo a quienes asumieron tal desempeño. Hicieron su papel.

    Lo mismo sucedió con la música, elemento imprescindible en estas ocasiones. Carlos Moreno «El Pulpo» no es novato en estas lides. Pero daba la impresión de que se mostraba tan cohibido como los lectores del manifiesto, supongo que por estrictas indicaciones del tripartito convocante.

    Otro elemento que no contribuyó a un mejor resultado de la cita fue la estructura y duración del acto. Desde que se dió por comenzado, hasta que concluyó con la «foto de familia» y el himno nacional, apenas 35 minutos. ¿La Plaza de Colón parió un ratón?

    El Partido Popular tuvo que aguantar el chorreo, al menos algunos de sus dirigentes, por las traiciones pasadas

    Para quien vive en Madrid, la cosa se puede quedar en anécdota. Incluso, para los más mayores y dado el viento frío que corría la mañana del domingo, sería hasta un alivio. Pero para quien se ha recorrido 500 kilómetros…

    Por partidos políticos, no parece que hayan sacado gran rédito de la convocatoria.

    Ciudadanos, porque sus líderes estaban tan incómodos con la presencia de Vox que no brilló su presencia. Más bien la presencia de Valls la emborronó.

    El Partido Popular tuvo que aguantar el chorreo, al menos algunos de sus dirigentes, por las traiciones pasadas. Si bien Pablo Casado fue saludado con cierto entusiasmo, a Núñez Feijóo se le reprocharon sus políticas en Galicia, empezando por la inmersión lingüística. Y el exportavoz del Gobierno, Íñigo Méndez de Vigo, tuvo que aguantar el chorreo de que le recordaran que negó categóricamente el adoctrinamiento nacionalista en las escuelas de Cataluña. Bajó la cabeza y siguió su camino.

    Para Vox tampoco fue una gran mañana. La formación de Santiago Abascal había liderado con claridad las dos anteriores citas frente al golpe de Estado en Cataluña sin discusión. Dos baños de masas, estas sí enardecidas, tras el discurso del Rey Felipe VI en octubre de 2017 y en diciembre de 2018. Esta tercera parece que no le hace ganar nada magro. Aunque tampoco parece que le reste.

    Puesto que no parece que la cita enardeciera a las masas, ni que hiciera excesivo daño político a Sánchez (de esto también se han encargado los medios alimentados por ZP y sostenidos por Soraya Sáenz de Santamaría), sólo quedaría una posibilidad de que resultara exitosa: una acción posterior clara y contundente.

    La única vía sería la presentación de una moción de censura, cuyo candidato, tuviera un sólo punto en su programa de Gobierno alternativo al de Sánchez: hacer cumplir lo que Sánchez prometió en la anterior ocasión: convocatoria inmediata de elecciones generales. 

    No parece probable, al menos por ahora. Aunque esta semana es decisiva. El martes comienza el juicio contra los golpistas y el miércoles se votan los presupuestos. Está por ver.

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    Nicolás de Cárdenas fue inoculado por el virus del periodismo de día, en el colegio, donde cada mañana leía en su puerta que “la verdad os hará libres”. Y de noche, devorando los tebeos de Tintín. Ha arribado en su periplo profesional a puertos periodísticos de papel, internet, televisión así como a asociaciones cívicas. Aspira a morir diciendo: "He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe".