Galería de golpistas y traidores: de Fernando VII a Carmen Forcadell

    La sublevación contra el poder constituido fue una peste que infectó España en el siglo XIX y parte del XX. Sin embargo, en el XXI, los separatistas catalanes recurren a la conducta que ha convertido en figuras detestables a Fernando VII y Companys.

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    Montaje Felipe VII, Primo de Rivera, Antonio Tejero y Carme Forcadell
    Montaje Felipe VII, Primo de Rivera, Antonio Tejero y Carme Forcadell

    Durante los siglos XVI, XVII y XVIII, España fue una de las naciones más estables de Europa. Mientras en Inglaterra y Francia se decapitaba a los monarcas, se perpetraban magnicidios y los jefes de Estado cometían genocidios (Enrique VIII, Cromwell, Robespierre…), España era un oasis de tranquilidad. Aquí se refugiaban irlandeses, franceses, italianos y flamencos para ponerse a salvo de sus compatriotas.

    Sin embargo, en el siglo XIX, España se convirtió en un espectáculo patético. La clase dirigente, desde los reyes a las sociedades secretas, recurrió a los golpes de Estado, los cuartelazos, las revueltas y los pronunciamientos para conquistar el poder.

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    1.Fernando VII, una joya: se arrodilló ante Napoleón y derogó la Constitución de Cádiz

    El primero que introdujo el golpe de Estado en las costumbres políticas españolas fue Fernando VII. Como príncipe de Asturias trató de derrocar a su padre, Carlos IV, dos veces.

    La primera, la llamada la conspiración del Escorial (1807), fracasó; la segunda, el Motín de Aranjuez (1808), triunfó. Luego, se arrodilló ante Napoleón.

    Acabada la guerra de la Independencia y de vuelta a España después de su cómodo exilio en Francia, Fernando VII desobedeció a la Regencia, se negó a jurar la Constitución de Cádiz y, con el respaldo del general Elío, la derogó.

    El levantamiento del 2 de mayo
    El levantamiento del 2 de mayo

    Los exaltados y los revolucionarios trataron de sublevarse varias veces, incluso de matar al rey, como planeó la Conspiración del Triángulo (1816).

    En 1820, el teniente coronel Riego, ayudado por los masones, sublevó al ejército que iba a zarpar a América a combatir a los rebeldes. Este pronunciamiento triunfó y Fernando VII tuvo que jurar la Constitución de 1812.

    Sin embargo, el rey animó a la Guardia Real para tomar Madrid. La Milicia Nacional derrotó a esta tropa en la Plaza Mayor el 7 de julio de 1822. Entonces, Fernando VII dijo que él no tenía nada que ver con la acción.

    2.El golpe de Primo de Rivera desde Cataluña

    El 13 de septiembre de 1923, el capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, se pronunció en Barcelona: sus tropas ocuparon los principales edificios de la ciudad y el general entregó a la prensa un manifiesto.

    No hubo resistencia, ni militar ni civil. El tradicionalista Víctor Pradera celebró así el pronunciamiento:

    ¡Gracias a Dios! Va a acabar esta vergüenza. Va a acabar la situación de Barcelona en que cuatro pillos de blusa y otros tanto de levita, explotando vilmente a los obreros, tienen en jaque a un Gobierno. (…) Van a acabar los gobiernos de alfeñiques que no sabían mandar, pero que aprendieron a temblar y que resolvían los problemas de orden público comprando a los cabecillas de la agitación.

    Alfonso XIII y Primo de Rivera
    Alfonso XIII y Primo de Rivera

    El rey Alfonso XIII llamó a Primo de Rivera a Madrid y le encargó la formación de un Gobierno militar. Cuando el general recibió el mensaje real y se preparó para hacer el viaje en tren, el entusiasmo llenó Barcelona.

    Salieron a despedirle el alcalde de la ciudad y el obispo, tal como contó La Vanguardia. ¡Cuántos padres tiene la victoria!

    Tanto en la Capitanía General como en la estación de Francia, Primo fue agasajado por miles de personas. A despedirle en la estación acudieron el alcalde de la ciudad y el obispo, tal como contó La Vanguardia. ¡Cuántos padres tiene la victoria!

    Después de que Alfonso XIII, echase del Gobierno a Primo de Rivera se inició un período de inestabilidad que condujo a la proclamación de la II República.

    Los conspiradores formaron el Pacto de San Sebastián (agosto de 1930) y formaron un Comité Revolucionario.

    En diciembre, los conspiradores, tanto civiles (Niceto Alcalá Zamora, Manuel Azaña, Miguel Maura, Santiago Casares Quiroga) como militares (Ramón Franco, Fermín Galán y Ángel Hernández), intentaron un golpe simultáneo en Madrid y Jaca que fracasó.

    3.El Estado catalán de Lluis Companys

    En la II República, se regresa a los peores tiempos del siglo XIX, cuando todo el mundo conspiraba. La lista es larga: anarquistas, socialistas, carlistas, monárquicos alfonsinos, masones, comunistas, falangistas…

    La sublevación más grave fue la realizada en octubre de 1934 simultáneamente por la izquierda en toda España contra un Gobierno de centro-derecha legítimo, formado por los partidos que habían ganado las elecciones el año anterior. Causaron casi 1.500 muertos.

    El PSOE y la UGT encabezaron la revolución en Asturias, Vizcaya, Guipúzcoa, Madrid, Sevilla y otras provincias.

    Lluis Companys
    El ex presidente de la Generalitat de Cataluña, Lluís Companys

    En Cataluña, el presidente de la Generalitat, Lluís Companys (ERC), que había sido diputado en las Cortes Constituyentes que redactaron la Constitución, proclamó el “Estado catalán” dentro de la República Federal española.

    El jefe militar de Cataluña, el general Batet, reprimió la sublevación mediante unos cañonazos. Companys se rindió, pero otros, como el consejero de Gobernación, Josep Dencás, huyeron cobardemente por las alcantarillas.

    4.El 23-F, Tejero, incitado por la Corona y el PSOE

    Con la democracia, regresaron las conspiraciones políticas y militares. Junto al ruido de sables apareció el ‘ruido de tenedores’, en referencia a las conspiraciones y campañas decididas en reservados de los restaurantes más caros de Madrid.

    Después de que Adolfo Suárez volviese a ganar las elecciones de 1979, y debido a la degradación de la economía y el auge del terrorismo de ETA (un centenar de asesinados en 1980), las conjuras contra el presidente del Gobierno fueron permanentes.

    En esta ocasión, los principales instigadores fueron el rey Juan Carlos I y la cúpula del PSOE.

    La Corona quería que los socialistas accediesen al Gobierno cuanto antes para consolidar la Monarquía, y Felipe González y su camarilla estaban de acuerdo.

    Las fórmulas planteadas fueron diversas: Gobierno de coalición, moción de censura, destitución de Suárez por el grupo parlamentario de UCD, Gobierno de unidad nacional presidido por un civil o un militar ‘de prestigio’…

    Jordi Pujol cuenta en sus memorias que recibió al socialista Enrique Múgica en el verano de 1980 para recibir de éste una propuesta sorprendente:

    El PSOE tenía una auténtica obsesión por hacer caer a Suárez. Una prueba de ello es la visita que el destacado líder socialista Enrique Múgica me había hecho a finales del verano de 1980 a mi casa de Premià de Dalt para preguntarme cómo veríamos que se forzase la dimisión del presidente del Gobierno y su sustitución por un militar de mentalidad democrática. Manifesté mi total desacuerdo.

    Golpe de Estado de Tejero 23F.

    Suárez, que estaba al tanto de lo que hablaba el rey con los políticos y los generales, dimitió en enero de 1981. En febrero, mientras el Congreso elegía a su sucesor, un grupo de guardias civiles mandados por el teniente coronel Antonio Tejero se apoderó del edificio.

    Tejero no permitió que el general Armada, con la lista de un Gobierno de coalición, se presentara ante los diputados

    Los modales tabernarios de Tejero y los disparos al techo de sus hombres hundieron el plan de los conspiradores.

    Además, Tejero no permitió que el general Alfonso Armada, íntimo de Juan Carlos, que llevaba una lista con un Gobierno de coalición presidido por él en el que estaban Felipe González y Manuel Fraga, se presentara ante los diputados.

    Tejero, que es la cara cutre del 23-F, ya tiene junto a él en la galería de retratos de los golpistas españoles a Carmen Forcadell, Oriol Junqueras y Carles Puigdemont.

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    Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).