El obispo de Solsona (Lérida), Xavier Novell.

Le defendí cuando los miembros de la Laica Madre Iglesia de lo Políticamente Correcto y del Pensamiento Único y Uniformado salieron en tromba a fulminarle por cuestionar algunos de los dogmas de la ideología de género.

He tenido la ocasión de tratarle en numerosas ocasiones, de sentarme a la mesa con él en otras tantas y disfrutar de su cercanía, su profunda vida de fe y su mente siempre despierta a la Nueva Evangelización. Creo, de corazón, que es uno de los obispos con más visión de Iglesia, liderazgo, carisma, audacia y celo apostólico de España.

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Pero monseñor Xavier Novell arrastra una pesada rémora, carga o tara que le impide volar todo lo alto que debiera. El obispo de Solsona (Lérida) es hijo de su tiempo y de su tierra, y el Solsonès es una de las comarcas más acérrimamente cerradas y nacionalistas de Cataluña.

Desde el momento en que abandonas la autopista A-2 para adentrarte en tierras solsonesas, decenas de esteladas te reciben desde balcones, farolas y rotondas. La comarca es próspera, aunque de población envejecida, y apenas supera los 13.000 habitantes.

Solsona es un precioso pueblo de calles empedradas y angostas, y su pequeña catedral emerge como un barco sobre los tejados de las casas. Continuando la carretera se llega al santuario de Lord, donde se venera a la patrona de la diócesis.

El edificio religioso se encuentra encaramado sobre un grandioso e inexpugnable promontorio del terreno, al que solo se puede acceder a pie. Fue en la época de Franco cuando se horadaron las montañas colindantes para facilitar el acceso a la base de la muela.

Pero el Solsonès, como comentaba anteriormente, es una región donde el separatismo y la increencia religiosa han arraigado con fuerza. Como en tantas otras partes de Cataluña y el País Vasco, el Dios cristiano ha sido sustituido por el dios-nación.

Monseñor Novell estuvo cerca recientemente de ser declarado non grato en su propia tierra por sus palabras sobre la homosexualidad

Monseñor Novell estuvo cerca recientemente de ser declarado non grato en su propia tierra por sus palabras sobre la homosexualidad. El alcalde de Solsona, de Esquerra, se negó a escuchar la literalidad de las afirmaciones del prelado; se dejó llevar por los titulares de la mala Prensa y condenó sin ambages al obispo.

Ser obispo en Solsona no debe ser tarea fácil. Seguramente no lo sea en ninguna parte de España. Es cierto también que, en el Solsonès, el ambiente nacionalista es asfixiante, pegajoso y empapa todos los estratos de la sociedad. Y monseñor Novell no ha logrado tener una visión universal, abierta y católica, en todo el sentido de la palabra, y se ha sumado a esta corriente.

El pasado miércoles, el obispado que dirige se sumó a la huelga general convocada ilegalmente por los separatistas. Antes, el 1-O, el prelado fue a votar públicamente en un referéndum ilegítimo y que no pasaba de ser una pantomima grotesca.

Novell: “Los cristianos nos guiamos por lo que es justo y el encarcelamiento de los líderes catalanes no lo es”

El domingo pasado, durante su homilía, llegó a afirmar: “No os confundáis sobre esta cuestión, los cristianos nos guiamos por lo que es justo y el encarcelamiento de los líderes catalanes no lo es”.

Los obispos catalanes han guardado la mesura durante estas semanas donde el odio, el rencor y las mentiras han fraccionado en mil pedazos a la sociedad catalana. El único que ha descollado ha sido monseñor Novell, que se ha dejado vencer por el discurso parcial, falso y victimista del nacionalismo y se ha posicionado claramente en una cuestión política.

 El obispo se ha equivocado. No por tener una sensibilidad política u otra –que eso podría ser discutible-, sino por posicionarse claramente en un asunto político. Le recomendaría que leyera la biografía de San Juan Bosco. Al santo italiano le tocó vivir una etapa histórica convulsa, la de la unificación de Italia.

La opinión de Don Bosco tenía un gran peso en la sociedad de Turín, y muchos revolucionarios trataron de hacer que el fundador de los salesianos se posicionara claramente a favor de la misma y arrastrar, de paso, a los miles de chicos que le seguían.

San Juan Bosco no lo hizo. Como sacerdote, se preocupó de lo esencial: de las almas de sus muchachos, y jamás permitió que el odio, el rencor y el revanchismo anidaran en ellas. Fue un auténtico pastor que defendió a sus ovejas de ser utilizadas de modo partidista y torticero.

Por eso, Don Bosco fue un santo, un genio y un auténtico líder. Y me pregunto qué habría hecho el fundador de los salesianos en caso de vivir en esta época en el Solsonès. Y creo que su postura habría sido muy distinta a la del obispo Novell…

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Álex Navajas es periodista. Contertulio habitual de El Gato al Agua, de Intereconomía TV, ha trabajado once años en La Razón y dirige su propio Gabinete de Comunicación. Imparte también cursos y seminarios de formación.