¿Había emigrantes españoles en las cárceles de Alemania?

    En España se cometen muy pocos homicidios, menos de uno por día. Los extranjeros, sean inmigrantes africanos o residentes europeos, también delinquen poco, pero lo hacen en una proporción mayor que su porcentaje en la población total. ¿A qué se debe esa diferencia?

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    Los emigrantes españoles de los años 50 iban a Alemania y Suiza con contrato de trabajo y de manera legal.
    Los emigrantes españoles de los años 50 iban a Alemania y Suiza con contrato de trabajo y de manera legal.

    Lo primero que hay que decir es que España es un país muy seguro, con unas tasas de delincuencia bajísimas. Lo hemos dicho antes para desmentir el alarmismo de las feministas, las que escriben en TW “nos matan, nos casan a la fuerza, nos mutilan”: la proporción de homicidios de mujeres por sus parejas se halla entre las menores del mundo.

    En menos de 15 años, España ha pasado de sufrir en 2002 la mayor tasa de homicidios de la Unión Europea, 3,3 por 100.000 habitantes, a disfrutar en 2016 de la segunda menor, con 0,63 homicidios por 100.000 habitantes. En resumen, tanto los nacionales como los extranjeros muestran, en general, una tendencia a delinquir poco. Pero de la misma manera que los varones matan más que las mujeres, los extranjeros matan más que los españoles respecto a su número.

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    La tasa de homicidios en España, incluida la de mujeres como víctimas de varones, es de las más bajas del mundo

    Un grupo de profesionales ha investigado 632 homicidios, que causaron 661 víctimas, cometidos en España, salvo el País Vasco y Cataluña por la negativa de sus policías autonómicas a participar (¡otro motivo para eliminar las autonomías!), entre 2010 y 2012.

    Según el informe sobre el homicidio, los 871 autores de esas muertes fueron en un 63,5% de nacionalidad española y en un 34,7% de otra nacionalidad; en el resto de los casos, no constaba la nacionalidad. Esta proporción se mantiene entre los homicidios de la llamada ‘violencia de género’. De los 130 homicidas, el 67,7% (88) eran españoles y 32,3% (42) extranjeros.

    De acuerdo con el INE, el 1 de enero de 2012 el porcentaje de extranjeros residentes en España era del 12,1%: 5.711.040 personas de 47.212.990. Es decir, los extranjeros autores de homicidios triplican el porcentaje correspondiente al peso de esa población en España.

    Los extranjeros también cometen pocos delitos, aunque su proporción como autores de homicidios triplica su proporción respecto a la población de España

    Hay otras variables de interés como el vínculo de los homicidas con el tráfico de drogas y con los antecedentes policiales y la edad media de los asesinos (36 años). Los extranjeros autores de muertes violentas son rumanos (54, de los que 9 son mujeres), marroquíes (38), colombianos (31), ecuatorianos (25), dominicanos (12), búlgaros (11) y chinos (11). Pero ¿qué motivos hay para que entre los extranjeros el porcentaje de asesinos sea el triple?

    Hace unos años leí un artículo del magistrado José Luis Manzanares en el que contaba que en los años 60 el Ministerio de Justicia español le había enviado a Alemania para buscar presos españoles en las cárceles de ese país y descubrir si necesitaban atención. No encontró ni uno.

    ¿A qué se debió ese comportamiento? Enumeremos los motivos. La mayoría de los emigrantes españoles se informaba en el Instituto Español de Inmigración, disponía de contrato laboral y pasaba exámenes médicos. Los emigrantes iban a trabajar, no a recibir prestaciones, algo inconcebible para ellos y para los países de destino. Solían provenir de una ambiente rural y tradicional, con principios religiosos, donde la mentira y la vagancia se desaprobaban. A muchos les acompañaba la familia y, la verdad, si tienes a tu mujer esperándote en casa con dos o tres críos a las que dar de comer no sueles hacer el tonto.

    La tendencia a la delincuencia de los emigrantes españoles en Europa era mínima, porque provenían de una sociedad tradicional y les amparaba el Estado

    Por último, el Estado español, a través de los consulados, y los Administraciones de los países de acogida ponían a disposición de los emigrantes intérpretes, trabajadores sociales, educadores y hasta curas. Las sociedades receptoras, además, todavía no habían sido subvertidas por el hedonismo y el anarquismo de Mayo del 68. En Francia, entre un 20% a un 25% de los franceses iba a misa en los años comprendidos entre 1960 y 1965.

    En este ambiente de obediencia, deber y sacrificio, que impelía a trabajar y tener una familia y en que la policía detenía a los alborotadores y los vagos, era raro que los italianos, los portugueses y los españoles se dedicasen a la delincuencia en Suiza, Bélgica o Alemania. Porque no lo concebían y porque no se les permitía.

    Sin embargo, la inmigración actual se produce en un momento histórico muy distinto de aquel en que los españoles emigraban a Centroeuropa. Suelen venir muchos más varones que mujeres y más solteros que casados. La excepción es que acudan con contrato laboral y examen médico. Los extranjeros sin permiso de residencia y sin haber cotizado jamás a la Hacienda española, pueden acceder a Sanidad Pública y a rentas mínimas abonadas por las Administraciones. Sus Estados de origen, sobre todo los africanos, se desentienden de ellos.

    Las migraciones de hace 50 años tenían otras características que las que se registran ahora: se hacían de forma ordenada y para trabajar legalmente

    Y, lo más grave, numerosas autoridades como alcaldesas, sacerdotes, sindicalistas, diputados y ‘oenegeros’ animan a la inmigración ilegal y disculpan delitos si los cometen personas no europeas o de religión islámica. Por ejemplo, el ‘morado’ Miguel Urbán explicó que había personas a las que los europeos habíamos fallado y, en consecuencia, no veían otra salida que inmolarse.

    La corrupción moral provocada por Mayo del 68 nos ha dañado a todos, en especial a los europeos.

    El último año completo del general Franco vivo, 1974, el número de presos en las cárceles de una dictadura nacida de una guerra civil fue de 14.764, como cuento en mi libro ‘Eternamente Franco’. En cambio, 2017 acabó con 58.814 presos, el cuádruple de 1974, y la población española no ha crecido al mismo ritmo en ese período. La proporción de extranjeros, de nuevo, alcanza la tercera parte, pero lo fundamental es que los españoles delinquen más.

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    Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).