Imagen del característico 'hongo' de la bomba atómica. / Pixabay
Imagen del característico 'hongo' de la bomba atómica. / Pixabay

Las ideologías han cambiado a lo largo de la historia moderna y posmoderna.

El marxismo se ha transmutado en leninismo cultural y globalismo trotskista revolucionario, valga la redundancia. La llamada “Ideología de Género” es una de sus hijas espurias. El relativismo y el cinismo de los constructivistas -al revés te lo digo para que me entiendas- ha llevado a un límite soportable para el ser humano y su frágil razón el aburguesamiento intelectual del pensamiento débil.

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Derrida y Houllebecq, Sartre y Camus, Heidegger, Popper o Bauman nunca se atrevieron a mirar a los ojos al empirista David Hume. Este escocés tranquilo desmontó toda razón y toda existencia, y su tesis solo puede rebatirse con un cómodo “asumir que”.

Asumir fue lo que hicieron Kant y Hegel. Asumir porque no podían con la fuerza empírica, incontestable, de Hume. Asumir es la gran estafa de la posmodernidad. Asumir es la raíz fantasmagórica de la mentira que hoy llaman “posverdad”. Asumir es la única y ridícula tarea del filósofo desde el siglo XIII, cuando se despojó a la filosofía de su condición de “saber” para hundirla en la ciénaga de la “especulación”. (Asumir es tan pedante que solo reconociéndolo se puede pensar con honestidad).

“Nosotros queremos poner a la ciencia y al cientifismo ante su impotencia, su daño y su límite: el del fuego de la percepción. Nosotros, en fin, lo negamos todo sin miedo a la nada”

Pero nosotros no vamos a asumir nada.

Nosotros vamos a llevar a Hume al extremo del abismo del vacío.

Nosotros queremos que se asomen a ese abismo oscuro e infinito todos los ideólogos de género; todos los revolucionarios de salón, y los otros; todos los relativistas de papel diario, y todos los filósofos de sí mismos; todos los columnistas y todos los políticos y tertulianos -permitan la redundancia, de nuevo-. Todos los sabios oficiales y todos los oficiosos.

Nosotros queremos poner al hombre frente a su nada absoluta.

Nosotros queremos poner a la ciencia y al cientifismo ante su impotencia, su daño y su límite: el del fuego de la percepción.

Nosotros, en fin, lo negamos todo sin miedo a la nada.

Vosotros, pues, los que buscáis el vacío como ámbito de libertad, aquí tenéis el vacío. Ved si encontráis la libertad.

Y no nos impongáis la supuesta carga legal de vuestra absurda ignorancia.

Leed:

Nadie puede demostrar que la realidad existe porque nadie puede escapar de sus sentidos para comprobarlo

El ser humano está prisionero de sus percepciones sensoriales.

No tiene otra forma de conocer el mundo que le rodea, ni puede conocerse a sí mismo. Solo las percepciones, las impresiones que recibe a través de los sentidos, le permiten el conocimiento y la construcción de ideas sobre la realidad exterior y sobre elementos abstractos: si no lo ha percibido, no puede siquiera imaginarlo.

No puede abandonar su supuesto ser para comprobar que, en ese exterior que percibe, hay realmente objetos existentes.

No hay objeto.

Negamos, pues, la existencia de una realidad objetiva exterior porque no se puede demostrar racionalmente. La verificación de que la mesa está ahí fuera no es posible para la mente humana. Los sentidos marcan el límite de la percepción y no hay modo de sobrepasar tal barrera.

Negamos la infalibilidad de la percepción sensorial porque es evidente que, muchas veces, los sentidos nos engañan.

No hay sujeto

Negamos la existencia de un yo que piensa porque tampoco se puede demostrar racionalmente. Existe, sí, una entidad de algún tipo que recibe percepciones de unos sentidos que ni siquiera son atribuibles a esa entidad y que las procesa de algún modo como información. Que tal información sea objetiva, subjetiva, verdadera, falsa, onírica o producto de alucinaciones o relaciones internas o externas de la entidad es, así mismo, indemostrable.

La conocida frase del pretendido Descartes: “Pienso luego existo” es, probablemente, falsa. Solo sería posible enunciarla racionalmente así: “Asumo que algo percibe algo y asumo que ambos ‘algo’ puedan tener algún tipo de existencia”.

“La distinción entre ideas y objetos es falsa, toda vez que, tanto unas como otros, provienen de la misma fuente sensorial no comprobable”

No hay ideas

Dado que todo conocimiento procede de la percepción sensorial -vista, oído, tacto, gusto, olfato-, toda idea procede de las impresiones de esas percepciones en una supuesta mente subjetiva, también indemostrable. La distinción entre ideas y objetos es falsa, toda vez que, tanto unas como otros, provienen de la misma fuente sensorial no comprobable. Tampoco podemos contrastar esta supuesta información con otras fuentes porque, simplemente, no existen.

Las diferencias de percepción de tales impresiones por supuestos distintos individuos no demuestran tampoco la existencia exterior del objeto que, presuntamente, las produce en la mente -o lo que sea- de la presumible entidad que las recibe.

No hay causalidad

El hecho de que tras un golpe de martillo a un reloj se produzca la rotura en mil pedazos del reloj no responde a que el golpe cause tal ruptura: la razón solo puede probar que después de que un martillo caiga sobre un reloj, éste puede romperse. Se trata de una mera sucesión de hechos. Todo en la supuesta realidad que creemos vivir es una sucesión de hechos en una presunta línea del acontecer perceptible que denominamos convencionalmente tiempo; y que, a su vez, también es indemostrable o, como apuntó el pretendido Einstein, se trata de una línea secuencial posiblemente temporal y sin duda relativa.

Los hechos perceptibles se suceden unos tras otros sin que el denominado concepto causa tenga mayor entidad que los denominados sujeto y objeto.

“Que un león devore a una gacela es un suceso, o mejor dicho: una sucesión de hechos supuestamente temporales, que carecen de cualidad de ningún tipo. En todo caso, es bueno para el supuesto león y es malo para la supuesta gacela”

No hay verdad ni certeza

Limitado el conocimiento a las impresiones de los sentidos y siendo racionalmente imposible demostrar la existencia de una realidad exterior porque nadie puede salir de sí mismo para palparla, verla o escucharla, y siendo cierto que estas impresiones pueden engañarnos, toda certeza es imposible y toda verdad natural, humana o racional absolutamente inexistentes.

En cuanto a verdades sobrenaturales, sobrehumanas, o metarracionales, son también no demostrables ni alcanzables por la razón ni por los sentidos; en cualquier caso, son el producto de alguna impresión sensorial que permite a ese algo que las recibe elaborar percepciones aún más carentes de fundamento racional o incluso sensitivo.

No hay bien ni mal

Como en el caso de la verdad y la certeza, ni siquiera deberíamos hablar de construcciones de la razón que no tienen fundamento en la percepción sensorial de aquello que, sin demostración alguna, puede suceder en el exterior del denominado presunto sujeto.

El bien y el mal son conceptos no racionales que no aparecen para nada en la llamada naturaleza. Que un león devore a una gacela es un suceso, o mejor dicho: una sucesión de hechos supuestamente temporales, que carecen de cualidad de ningún tipo. En todo caso, es bueno para el supuesto león y es malo para la supuesta gacela.

Resulta muy claro entender que bondad, belleza, maldad, fealdad y atributos semejantes pueden definirse como calificativos no racionales de hechos no probados por esa misma razón humana: las impresiones de los sentidos se limitan a una percepción de la que solo puede afirmarse un supuesto carácter físico: luminoso, oscuro, sonoro, silencioso, áspero, suave, amargo, dulce, estridente, melódico, inodoro o fragante, con los matices que el pretendido lenguaje humano puede expresar sobre presuntas percepciones sensoriales.

Todo es una construcción no demostrable por la razón ni por la experiencia

La razón humana es la primera construcción que aparece en el vacío de la supuesta interacción que permiten las impresiones de los sentidos como percepciones de un pretendido objeto en un pretendido sujeto.

Construcción que asumimos como verdadera y cierta con todos los reparos del mundo, porque tal construcción depende de cada supuesto sujeto y de cada circunstancia presumiblemente externa o interna.

La posverdad está basada en que nada es verdad. O sea, todo es mentira ¿O no?/ Actuall-AMB

(Las distintas formas de presunta locura atestiguan la debilidad de la construcción racional).

Asumir como normales determinadas recepciones perceptivas e impresiones sensoriales es un simple acuerdo entre un número suficiente de presuntos sujetos.

Asumir no es tener certeza, ni afirmar con verdad, sino convenir que acordamos que tal supuesto objeto y tal supuesta percepción poseen la concordancia interactiva que le dan unos supuestos sujetos, o un supuesto único sujeto reflexivo.

Asumir es subjetivo en grado extremo.

Conocimiento es convención o acuerdo.

Cultura es acumulación de convenciones.

Relaciones entre sujetos u objetos son supuestas cadenas de hechos asumidas convencionalmente como presuntas relaciones.

Todo ello sin base racional demostrable y sin relación cierta con una realidad exterior al supuesto sujeto que, ya se ha dicho, no es evidente que exista como tal.

Por todo lo expuesto anteriormente:

MANIFESTAMOS:

1. Que ninguna idea sobre lo humano y la sociedad humana puede arrogarse el calificativo de racional.

2. Que ninguna ideología puede denominarse buena o mala.

3. Que ningún presunto sujeto está más capacitado que otro para ejercer un supuesto liderazgo.

4. Que, por tanto, todas las ideas, religiones, ideologías y filosofías políticas y sociales están en pie de igualdad en cuanto a su validez y a su imposibilidad de ser demostradas racionalmente.

5. Que, de igual modo, la ciencia no tiene fundamento racional empírico demostrable. Excepción hecha del postulado cuántico que determina que el presunto observador condiciona la supuesta realidad observada.

6. Que toda construcción de sujetos humanos es buena o mala en función de lo que acuerden tales sujetos humanos. (Estado o anarquía, totalitarismo o liberalismo, son convenciones asumidas, impuestas o no, aceptadas o no. Vacías de realidad objetiva, siempre).

7. Que la imposición de ideas de un grupo de humanos sobre otro grupo de humanos no es buena ni es mala. Depende de la presunta fuerza de coacción de cada grupo de humanos.

8. Que cada supuesto sujeto humano puede razonablemente aceptar cualquier idea como buena, toda vez que ninguna es demostrable como mala, y ni siquiera como real.

9. Así pues, la idea de que todo es relativo no es siquiera relativa, porque no relaciona nada, sino percepciones individuales sucesivas. El sujeto es relativo podría resultar una posible definición más adecuada para la interacción perceptiva de impresiones sensoriales.

10. El supuesto individualismo, asumiendo como real el concepto de individuo, es la única presunta medida posible de cualquier convención supuestamente humana.

“Creemos que la bondad o la maldad de una condición de existencia es también el resultado de una convención. Y no hay mejores o peores convenciones, ni más o menos racionales”

Y CREEMOS:

1. Que si puede calificarse este manifiesto como nihilista, caben dos opciones presuntamente racionales: el suicidio inmediato, o la aceptación de que todo es creencia.

2. Siendo que si hay suicidio, no podríamos continuar, asumimos que hay creencias y todo son creencias.

3. En primer lugar, creemos en la presunta existencia de impresiones producidas por percepciones sensoriales. Por lo tanto, creemos que hay sentidos y hay algo que los posee.

4. Creemos que podemos dotar de unicidad a ese algo y lo llamamos sujeto. Creemos que ese sujeto está en posesión ontológica de sentidos.

5. Creemos que ese sujeto es capaz de creer que existe. La creencia de ser, de percibir, de pensar, de sentir, de creer.

6. Creemos que la existencia está basada en creer que se existe, toda vez que la razón pura carece de fundamento empírico más allá de las impresiones sensoriales.

7. Creemos que la existencia o la creencia de existir, por tanto, no puede alcanzarse de manera racional y resultaría absurdo, consecuentemente, que existir tuviese algún tipo de dependencia ontológica del supuesto pensamiento racional.

8. Creemos que pueden asumirse existencias de todo tipo, en la condición de que tal asunción es igualmente válida para cualquier existencia, al margen de su supuesta calificación de buena o mala.

9. Creemos que la bondad o la maldad de una condición de existencia es también el resultado de una convención. Y no hay mejores o peores convenciones, ni más o menos racionales, por cuanto los sujetos pueden decidir sobre la convención de que se trate sin los prejuicios de una razón que no ofrece fundamento empírico.

10. Creemos, pues, que es tan “razonable” como su contraria, la extrema convención de la creencia cristiana sobre que la muerte produce vida, el mal sirve para bien y el sufrimiento es calificado de redentor. A la inversa, para el budismo, la vida produce muerte -nirvana- y el sufrimiento produce vacío -se evita-.

11. Creemos que las convenciones políticas e ideológicas son todas igualmente válidas, ninguna superior o inferior, y todas igualmente artificiales en grado sumo.

12. Creemos que la convención sobre la libertad es tan artificial y falaz como la razón pura, y su ejercicio resulta si no imposible en su radicalidad, inútil en su práctica. La convención sobre el determinismo es igualmente artificial, falaz e inútil. La convención sobre la existencia admite cualquier nueva convención al margen de su utilidad supuestamente real, indemostrable.

13. Creemos que el ser humano asume siempre e inevitablemente. Creemos que podemos asumir o no asumir lo que deseemos;  y que nadie puede racionalmente oponerse a ello, porque no hay existencia subjetiva demostrable ni razón objetiva alguna que lo justifique.

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Francisco Segarra es director del digital geopolítico www.institutodeestrategia.com, publicitario y escritor. Por un milagro de la Gracia de Dios, después de 40 años de excesos, ya no fuma ni bebe. En Twitter es @ElCoronelPakez y en la vida real un alegre melancólico crónico. Con el monje Altisent cree firmemente que lo que pasa es lo que toca y Dios lo quiere. Su lema: OMNIA IN BONUM.