Hay que pagar más a los parlamentarios como haría Lucky Luke

    ¿Qué cobran mucho los parlamentarios? Yo les pagaría más. ¿Qué trabajan poco? ¡Por Dios, qué sería de nosotros si trabajaran más!

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    Lucky Luke, el vaquero que disparaba más rápido que su propia sombra.
    Lucky Luke, el vaquero que disparaba más rápido que su propia sombra.

    Ayer se me vino a la memoria una maravillosa escena de Lucky Luke, uno de los cómics que acompañó mi infancia. En el volumen “El pie tierno”, un aristócrata inglés llega al rudo Oeste americano a heredar unas tierras. El muerto, en su testamento, le había pedido a Luke que ayudara a este inglesito, solo si se lo mereciera. El caso es que el muchacho lo merece y Luke le ayuda.

    Los malos acusan de asesinato al heredero de estas tierras del Oeste y de repente se encuentra metido en un juicio rápido, con la soga bien preparada. El aristócrata, que proviene de la civilizada Inglaterra, pide un abogado que le defienda, y el juez, sorprendido de una cosa tan extraña, que va a retrasar la ejecución, acuerda buscar un abogado. Y aquí es donde sobreviene una sucesión de viñetas del mejor Goscinny. El abogado, como en el Oeste no hay faenas para su saber jurídico, está faenando la paja y el heno y cuando llega a la sala de juicios se encuentra a Luke en la puerta. Lucky Luke le paga sus honorarios por adelantado y le dice: “Esfúmate y no te acerques por la sala del juicio”. ¡Qué grande Luke!

    Algunas personas creen que La Sexta da información.

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    Salía hace breves días la noticia sobre la escasez de experiencia de trabajos en el sector privado del 70% de los diputados. Siendo importante, me parece secundario. A mí me encantaría ver a Montoro, y a los diecisiete consejeros de Hacienda en la puerta del Parlamento, y en las puertas de los parlamentos autonómicos. Cuando fueran llegando los parlamentarios, Montoro bien podría darles su cheque por todo el año y decirles: “Por la gloria de mi madre, cobra tu cheque y esfúmate, no aparezcas por aquí”.

    Me gustaría ver la cara de extrañeza de algunos. Puede que muchos de nuestros parlamentarios, nacionales y autonómicos, encontraran inconcebible que la patria (o el estado) fuera a quedarse sin su dedicación. El sentimiento de mesianismo de muchos se vería frustrado. A estos salvadores, a estos sacrificados, les pediría yo un verdadero holocausto: “Retírate, haz el supremo esfuerzo de no entregarte a la patria (ni al estado) ni a la labor de diputado”. “Toma tu dinero y vete lejos, vete al cine, sal con tu pareja o ve a jugar al Call of Duty. La patria o el estado te estarán eternamente agradecidos por tu sacrificio”.

    Alguien dice, a veces, que convierten el Parlamento en un circo. Es mentira. Ya quisieran

    Después, con toda paz, se podrían cerrar los parlamentos y abrirlos una vez al año para aprobar las tres o cuatro cosas importantes: los presupuestos, alguna modificación del Código Penal y lo que fuera menester. Porque la mayoría de la regulación que nos importa: la reglamentación sanitaria, los seguros obligatorios, los controles de calidad de los alimentos, etc., se puede hacer a nivel técnico. Los hacen los importantes, y los firman los menos importantes (los interinos o ministros).

    Nos ahorraríamos engendros absurdos y bodrios como las leyes de memoria histérica, las leyes mordaza del lobby LGTBIQ (¿cuál será la próxima sigla que añadirán?), y un largo etcétera. Nos evitaríamos también las pantomimas, payasadas y bufonadas de los que usan el Parlamento para hacerse una foto y salir en la prensa. Alguien dice, a veces, que convierten el Parlamento en un circo. Es mentira. Ya quisieran. Eso es insultar a los profesionales de los circos, gentes sacrificadas de verdad que hacen felices a los niños. La recompensa de estos, puedo imaginar, será grande en el Reino de los Cielos.

    ¿Qué cobran mucho los parlamentarios? Yo les pagaría más. ¿Qué trabajan poco? ¡Por Dios, qué sería de nosotros si trabajaran más! Paguémosles por adelantado, pero con la condición de que no pisen alfombra. Como Lucky Luke. Pagaríamos en balde, sí, pero a cambio de nuestro bienestar, nuestra paz y nuestra libertad.

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    Pablo Gutiérrez Carreras es doctor en Historia por la Universidad CEU San Pablo y ha puesto en marcha, recientemente, un sello editorial: Ediciones More, que, entre otros proyectos, pretende completar lo que aún queda por publicar de Chesterton en español. Casado, padre de ocho hijos (siete niñas y un niño), escribe también crítica de cine en la página www.pantalla90.es y toca la guitarra en un grupo de versiones pop-rock.