Cristina Cifuentes/ Flickr Cristina Cifuentes
Cristina Cifuentes/ Flickr Cristina Cifuentes

No tenía claro si escribir sobre Cristina Cifuentes, ya que empiezo a estar un poco saturada del tema. Al principio me interesaba mucho saber en qué acabaría este culebrón, pero reconozco que de lo que ya tengo ganas es de que acabe. Creo que Cristina Cifuentes debe irse y me temo que no soy la única. Es más, personalmente creo que nunca debería haber sido presidenta de la Comunidad de Madrid. Le faltaba humildad y le sobraba prepotencia, lo puedo decir porque lo he sufrido en primera persona.

Cuando un político reacciona, ante una crítica o una campaña legítima en su contra, escupiendo insultos y utilizando su poder para borrar de la faz de la tierra a los que la critican, tarde o temprano acaba mal. Y ella lo hizo. Ante la campaña en la que se decía que votar a Cifuentes era votar a favor del aborto ella no dudó en hacernos desaparecer e intentar desprestigiarnos con sus calificativos.

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El Tribunal Supremo desautorizó a Cifuentes y dejó claro que su actuación supuso “una grave y desproporcionada restricción de derechos fundamentales”

En vez de encajar las críticas y defender su postura lo que hizo fue instar a la Junta Electoral para que nos hiciera desaparecer. ¿Qué era eso de poner su cara en un autobús? ¿Qué era eso de ser el centro de una campaña de “extremistas radicales, inmorales y poco cristianos” pagados por no sé quién para perjudicarla? De eso nada, a liquidarlos.

Y ni corta ni perezosa consiguió ejercer la censura contra una asociación cívica que se limitaba a exponer una verdad. Por suerte el Tribunal Supremo desautorizó a Cifuentes y dejó claro que su actuación supuso “una grave y desproporcionada restricción de derechos fundamentales durante el periodo electoral, estrangulando el debate público y convirtiendo el espacio de diálogo político en un ámbito de monopolio”.

Cristina Cifuentes actuó con soberbia ante lo que fue una legítima iniciativa ciudadana que lo que pretendía era llamar la atención sobre un tema concreto: el aborto. Cristina Cifuentes respondió con el ataque y la mentira ante este grupo de ciudadanos que “osó” utilizar su cara y su nombre. Además de insultarnos, mintió diciendo que ella no defendía el aborto, mientras en paralelo alardeaba en numerosos medios de estar a favor de una ley de plazos que legaliza el aborto como un derecho de la mujer. La mentira, la soberbia, la prepotencia…..un “cocktail molotov” que al final acaba siendo explosivo.

El Tribunal Supremo ha dado la razón a HazteOir.org frente a la censura de Cristina Cifuentes /DAV
El Tribunal Supremo ha dado la razón a HazteOir.org frente a la censura de Cristina Cifuentes /DAV

No podía creer lo que veía la noche en que Cifuentes colgó un vídeo enseñando el acta falsificada como prueba irrefutable de la verdad. Cuando un responsable político se encuentra en una situación así y, por toda respuesta saca un acta cutre a “boli” en un vídeo en el que pone cara de “yo lo valgo”, con risitas y avisando en tono de recochineo que no piensa irse, deja claro el poco respeto que tiene hacia los ciudadanos.

Su actitud fue inaceptable, prepotente, falta de humildad y de responsabilidad y si alguien quiere comprobarlo no tiene nada más que verlo y compararlo con la actitud de Pablo Casado ante una acusación parecida.

“He conocido algunos políticos humildes, la mayoría ya no ejercen como tales, y el hecho de saber que existen me hace albergar la esperanza de que otro mundo es posible”

No soy experta en el tema, pero en política, como en todo en la vida, hay que ser humilde. Humilde para reconocer que no eres perfecto, que te pueden y deben criticar de una manera legítima sin que eso signifique que hay un complot contra ti, que los ciudadanos no son unos pobres ignorantes de los te puedes reír en Twitter, y que si hay personas que quieren que te vayas están en su legítimo derecho de quererlo y debes intentar saber por qué y dialogar con ellos, no liquidarlos porque te molestan. Y Cristina Cifuentes no lo ha sido.

He conocido algunos políticos humildes, la mayoría ya no ejercen como tales, y el hecho de saber que existen me hace albergar la esperanza de que otro mundo es posible. No sé si la humildad hubiera salvado a Cifuentes de su posible derrumbe político, probablemente no, pero al menos le hubiera hecho ganar alguna “indulgencia” por parte de los que un día confiaron en ella. Ojalá aprenda la lección, seguro que le servirá a dondequiera que vaya.

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Doctora en Medicina especialista en Pediatría. He trabajado en proyectos de cooperación al desarrollo en Sudamérica y África. Portavoz de Derecho a Vivir. Tengo la gran suerte de conocer una gran verdad científica: aquel que aparece en el mismo momento de la concepción es un ser vivo de la especie humana. Nuevo, diferente, único. No habrá otro igual a él sobre la faz de la Tierra. He dedicado parte de mi vida a proclamar esta verdad y a defender el derecho a la vida de cada uno de estos seres humanos.Es fácil. Me asiste la verdad y la certeza de que esta causa triunfará. Por eso estoy aquí