Miles de personas de todo el mundo rinden homenaje a las víctimas de Niza/Efe.

Apenas se supo la noticia del atentado islamista de Niza, en torno a las 10.30 del jueves 14 de julio, las redes sociales europeas comenzaron su campaña habitual de solidaridad con el país que ha sufrido la tragedia y en defensa del islamismo.

Cuando esta rutina frenética de mensajes estaba en pleno fervor, el grafitero británico Banksy subió a su cuenta de Twitter un croquis explicando el ciclo habitual de las redes occidentales ante los atentados islámicos, consistente en 1) la etapa de identificación con las víctimas, en este caso “Todos somos Niza” y “Reza por Niza” y 2) el cambio de la foto de Facebook y el avatar de Twitter por la bandera del país atacado, en este caso la tricolor francesa, para al cabo de unos días acabar en 3) el olvido completo del asunto y el regreso a la vida normal, hasta que 4) otro atentado islamista rompe la rutina y el ciclo comienza de nuevo con los mensajes frenéticos.

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El peligro de la gran comunión mediática que son las redes sociales encabezadas por Facebook y Twitter es que uno puede creer estar haciendo algo crucial, cuando de hecho no está haciendo nada, salvo en todo caso, el ridículo.

El término “izquierda regresiva” se emplea con cada vez más frecuencia para referirse a la inconsistencia ideológica que caracteriza a la crisis occidental, capaz de condenar la homofobia, la misoginia, el racismo o la violencia cuando se puedan adjudicar al cristianismo occidental, mientras admite todo ello y más con un prejuicio positivo si se le atribuye al islam, alegando que forma parte de su cultura.

Cada vez que se produce un atentado islámico los medios de comunicación y las redes sociales son tomados al asalto por las tropas de la izquierda regresiva

Cada vez que se produce un atentado islámico los medios de información y las redes sociales son tomados al asalto por las tropas de la izquierda regresiva, que repiten machaconamente las mismas consignas indefendibles: 1) todo atentado islamista es un hecho aislado imposible de relacionar con el Islam; 2) la intolerancia occidental genera todos los problemas del mundo o casi todos; 3) la poblacion occidental debe aceptar el terrorismo islamista con velas y flores, pero las minorías no cristianas se sienten marginadas si se ataca su ideología religiosa; 4) el terrorismo occidental de extrema derecha no recibe las mismas críticas que el islamista. Y así sucesivamente. Todo intento de razonar con la izquierda regresiva supone recibir una cascada de acusaciones de islamofobia, intolerancia, prejuicios, racismo, imperialismo y demás.

El brillante término “izquierda regresiva” fue acuñado en 2012 por el británico anti-islamista de origen paquistaní Maajid Nawaz en su libro Radical, donde explica cómo logró zafarse del fundamentalismo terrorista en cuyas filas militó durante años. En 2008 Nawaz montó en Londres la Fundacion Quilliam para combatir el yihadismo, defender la libertad religiosa y abanderar la integración social.

La organización colabora con el programa gubernamental británico Prevent, que pretende frenar la radicalización de la juventud en el Reino Unido. El proyecto ha logrado escaso éxito, sin embargo, sus ideas generan una enorme suspicacia en la comunidad musulmana.

Haras Rafiq dice estar asombrado ante “la simbiosis entre islamismo y ultraderecha, con una izquierda regresiva dispuesta a perdonar al islamismo absolutamente todo”

En la actualidad existe una enconada polémica entre un nutrido grupo de escritores y periodistas que critican a la izquierda regresiva –Sam Harris, Jeffrey Tayler, Ayaan Hirsi Ali y el propio Nawaz, entre otros– y los “regresivos” Nathan Lean, Glenn Greenwald y C.J. Werleman, por citar solo a algunos. Haras Rafiq, director general de Quilliam, dice estar asombrado ante “la simbiosis entre islamismo y ultraderecha, con una izquierda regresiva dispuesta a perdonar al islamismo absolutamente todo”.

El último atentado islamista en Occidente ha sido una espeluznante matanza de casi un centenar de personas que esperaban inocentemente en el Paseo de los Ingleses de Niza para ver los fuegos artificiales del 14 de julio. Se atribuye a un franco-tunecino de 31 años llamado Mohamed Lahouaiej Bouhlel, un conductor de camión nacido en 1985 en Túnez, separado y con tres hijos, que había tenido algún altercado con la justicia.

Al parecer habría actuado en la modalidad de atentado franquiciado, es decir, se trata de un solitario que comete un atentado por su cuenta, brindándolo como acto yihadista al Estado Islámico. En este caso no hubo llamada a la comisaría local, como hizo Omar Mateen, autor de la masacre de Orlando, para ofrecer su crimen a ISIS.

Sin tener ya que adiestrar a sus soldados en campos de entrenamiento locales, Estado Islámico usa internet para reclutar a adeptos en Europa sin gastos ni problemas de organización. Una vez cometido el atentado –propio o atribuido–, sale nuestra izquierda regresiva a defenderles. El plan, hay que reconocerlo, es de una eficacia diabólica.

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Periodista, escritora y traductora de inglés de literatura, ensayo y cine. Pasó su infancia entre París y Washington DC. Licenciada en Filología Inglesa, trabajó durante una década el sector cultural, en empresas como Microsoft Encarta y Warner Music. Tiene tres novelas publicadas. Ha traducido al español a clásicos como Dickens, Kipling, Wilde, Poe y Twain. Colabora desde hace décadas en prensa española y latinoamericana. Tras una década colaborando en revistas femeninas como Vogue, Gala y Telva, se inició como columnista en La Razón, labor que continuó en La Gaceta.