Juana Rivas
Juana Rivas / EFE

El 25 de enero de 2018 el Colegio de Procuradores de Madrid celebró el II Debate sobre los Derechos del Menor, Violencia de Género y Delitos de Odio.

E invitó a Juana Rivas a participar en la mesa redonda “Los menores en el pacto de violencia y Juana Rivas, su versión”, haciéndolo en compañía de María Granizo Palomeque, Vocal 8º de la Junta de Gobierno del Ilustre Colegio de Procuradores de Madrid, de Francisca Granados, autotitulada “asesora Legal” de Juana Rivas y de la Diputada socialista Ángeles Álvarez, miembro de la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados.

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Con su invitación el Ilustre Colegio de Abogados de Madrid ha faltado a las normas mínimas de cortesía y compañerismo entre procuradores y abogados

Tal acto ha provocado el malestar de gran parte de los procuradores de Madrid y de un mayor número de abogados de la capital. Y es que es un auténtico despropósito presentar a Juana Rivas, acusada de dos delitos de sustracción de menores como modelo de madre y como ejemplo de la garantía de los derechos de los niños.

Y más aún invitar al acto a Francisca Granados que se presenta públicamente como asesora legal de Juana Rivas cuando la realidad es que no está colegiada como abogada. Con su invitación el Ilustre Colegio de Abogados de Madrid ha faltado a las normas mínimas de cortesía y compañerismo entre procuradores y abogados, al no tener empacho alguno en servir de altavoz a la supuesta asesora legal, públicamente acusada de intrusismo profesional.

Y es que el caso de Juana Rivas se nos ha querido vender como una guerra de sexos entre una madre -mujer- y un padre -hombre- cuando en el fondo lo que ha habido es una guerra emprendida por la madre contra el derecho de sus hijos a tener contacto con sus dos progenitores.

Y es que olvidan que la víctima legal del delito de sustracción no es el marido, sino los dos hijos menores a los que Juana Rivas retuvo en España en contra de lo establecido en cinco sentencias.

Por eso ha resultado escandaloso que el Colegio de Procuradores de Madrid, que como factor jurídico que es debe velar por el cumplimiento del derecho y el acatamiento de las
resoluciones judiciales, haya prestado su institución a tan innoble fin como el de presentar como modelo de conducta “protectora de la infancia” a Juana Rivas.

Y es que debemos recordar que el Ministerio Fiscal solicita dos condenas de 2 años y 6 meses cada una por dos delitos de sustracción de menores, por cuanto Juana Rivas “consciente” de las resoluciones judiciales (de hasta cinco resoluciones) y “con ilícito ánimo de incumplirlas” permaneció oculta con sus hijos en un lugar indeterminado sin facilitar su paradero y “a sabiendas de la obligación que pesaba sobre ella de restituirlos”.

Sin embargo, y a pesar de todo esto el Colegio de procuradores permitió que Juana Rivas cuestionara, con medias verdades y groseras mentiras, gran parte de los procedimientos de su caso.

Los menores nacidos en Italia, hijos de un italiano y una española, pueden tener legalmente ambas nacionalidades

Más escandaloso resulta que en un foro jurídico se le haya dejado vapulear el derecho y
mentir descaradamente sobre el mismo, como cuando sostiene que su marido cometió delito de falsedad documental al sostener que sus hijos tenían la doble nacionalidad, española e italiana, cuando es “imposible legalmente” tener ambas.

Y es que cualquier jurista sabe que esto es radicalmente mentira, pues efectivamente los menores nacidos en Italia, hijos de un italiano y una española, pueden tener legalmente ambas nacionalidades.

En cualquier caso, el acto sirvió para conocer el auténtico rostro de Juana Rivas y de quienes la jalean, pues los retrató a todos ellos cuando al final de su intervención sostuvo que quería “que mis hijos sepan que mi sufrimiento sirvió para ayudar a otras mujeres”.

Es decir, reconoció paladinamente que su pretensión es inmiscuir a sus hijos en una lucha ideológica de la que deberían estar al margen. Y es que cualquier progenitor amante de sus hijos lo que quiere para los mismos es su felicidad y bienestar, y no el que sean carne de cañón de una indeseada y e injusta guerra de sexos.

Es triste, por demás, que este acto se haya celebrado en el Salón de Actos de la Oficina de
Cultura y Turismo de la Consejería de Presidencia, Justicia y Portavocía del Gobierno de la Comunidad de Madrid, pues muestra la poca sensibilidad que tiene la Presidenta de la Comunidad de Madrid con los derechos de los niños y con el cumplimiento de la ley y las
resoluciones judiciales.

La Sra. Cifuentes criticará mucho a Puigdemon que desobedezca las resoluciones judiciales, pero luego brinda sus instalaciones para que se haga apología de la desobediencia judicial. Y más triste es que el acto estuviera igualmente patrocinado por el Banco Santander.

Desde luego, si el Decanto del ICPM, don Gabriel Mª de Diego Quevedo, le quedará un mínimo de dignidad colegial, debería presentar su inmediata renuncia. Lo mismo que la Comunidad de Madrid debería cesar al Consejero de Justicia, Ángel Garrido García, por ceder sus instalaciones a estos aquelarres de género que difunden “consignas políticas” contrarias a nuestro derecho.

“Un maltratador nunca será un buen padre” y debía ser igualmente dogma que “una maltratadora nunca será una buena madre”

Y es que todos los intervinientes en el acto celebrado por el Colegio de Procuradores olvidaron que España es parte del Comité de los Derechos del Niño, y que en la Observación General nº 14 de 2013, aprobada por el Comité de los Derechos del Niño se decía expresamente que “Al evaluar el interés superior del niño, el juez debe tener en cuenta el derecho del niño a conservar la relación con ambos progenitores”.

Ya es hora de que la sociedad española se despierte y arroje lejos de sí el manto de silencio y de censura que quiere imponer la ideología política de género, que se ha convertido en el opio de los infelices, de los frustrados y de los incompetentes.

El caso de Juana Rivas, como el de muchas otras sustractoras de infeliz recordación que me vienen a la memoria no debe hacernos olvidar que una madre que antepone sus derechos a los de sus hijos, que los sustrae y que pretende imponer sus criterios personales sobre las decisiones de la justicia no es, ni podrá ser nunca, una buena madre.

Y es que es dogma en la ideología de género que “un maltratador nunca será un buen padre” y debía ser igualmente dogma que “una maltratadora nunca será una buena madre” y que el maltrato no tiene sexo, pues tanto maltratan los hombres como las mujeres… e incluso las estadísticas muestran que ha día de hoy, en España, son más las mujeres maltratadoras que los hombres (Por ejemplo, para el año 2011, el Centro Reina Sofía establecía que en el 46,43% de los casos de maltrato la agresora era la madre biológica y solo en el 35,71% era el padre biológico).

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Católico ultramontano por convicción, padre de familia por vocación contrarrevolucionaria, abogado de familia por apostolado cívico, legitimista por piedad filial, rotundo por carácter. En todos los órdenes de la vida ejerzo el activismo en las causas perdidas, pues no lucho por la satisfacción de la victoria, sino por la adhesión militante a la Verdad: a nosotros solo nos corresponde la gracia del combate, el triunfo es siempre de Cristo.