A finales de la semana pasada, la Audiencia Nacional decidió aceptar las recusaciones presentadas contra los magistrados López y Espejel por considerar que no aparentaban la suficiente imparcialidad para juzgar una de las causas de la Gürtel.

La razón fue su evidente vinculación con el PP por haber sido en su día nombrados para formar parte del Consejo General del Poder Judicial a propuesta de ese partido y, en el caso de López, haber sido nombrado en su día magistrado del Tribunal Constitucional por el Gobierno de Rajoy.

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La noticia tiene gracia porque es la forma que tiene el sistema de ponerse en evidencia a sí mismo. Es así porque el ponente que ha redactado la admisión de una de las recusaciones es Ramón Sáez, que es vocal del Consejo a propuesta de IU.

Armado de flamígera moral calvinista ha manifestado que él se habría abstenido de haber tenido que juzgar al partido que le nombró. Olvida la ilustre toga que el argumento para que un juez del PP no juzgue al PP ha de aplicarse igualmente cuando un juez de IU ha de decidir cualquier cosa que afecte no sólo a IU, sino también a cualquier otro partido que pueda ser, según las circunstancias, adversario o amigo. Y sin embargo ha preferido no abstenerse.

Es igual de imparcial que un juez juzgue al partido amigo como al adversario

Tanta falta de imparcialidad hay en el juez del PP que ha de juzgar al PP como en el de IU que ha de decidir acerca de esa imparcialidad. Es como si un árbitro barcelonista, considerándose inadecuado para arbitrar al Barcelona, se tuviera por idóneo para arbitrar al Madrid.

El problema estriba en que, cuando se otean las alturas de la magistratura judicial, es muy difícil encontrar a ningún juez que no esté de una u otra forma contaminado, si hemos de considerar contaminante el ostentar un cargo dependiente del dedo de los políticos.

La cuestión es que no es el nombramiento en sí lo que inhabilita, sino la convicción de que, sin una previa adscripción a uno u otro partido, es imposible ser nombrado. Nadie llega al Consejo General del Poder Judicial sin el compromiso más o menos tácito de votar lo que diga el partido que a uno le nombra.

Ya se sabe de qué pie cojean los sustitutos de López y Espejel

La consecuencia es que cualquier caso de relevancia política, si ha de ser juzgado por los altos tribunales, que es lo que ocurre en la mayoría de las ocasiones, tendrá que ser resuelto por jueces de una u otra forma manchados por la política. De hecho, ya se sabe sin ningún género de duda de qué pie cojean quienes sustituirán a López y Espejel, uno, del pie derecho y otro, del izquierdo.

La única forma que tenía el sistema de defenderse a sí mismo era que la sala hubiera decidido que el haber desempeñado cualquier clase de cargo como consecuencia del nombramiento por parte de un partido político en nada afecta a la imparcialidad del magistrado nombrado.

Ya sabemos que eso no es verdad, pero peor es admitir que sí afecta y que quien lo diga sea quien puede por las mismas razones ser tachado de falta de imparcialidad al haber también él ejercido cargos gracias al capricho de los políticos.

Dos veces prometió el PP reformar el Poder Judicial para hacerlo independiente y dos veces incumplió su promesa

Dos veces prometió el PP reformar el Poder Judicial para hacerlo realmente independiente y dos veces incumplió su promesa. ¿Volverá a llevarla en el programa? No sé si tendrán el valor para hacerlo. El caso es que ese incumplimiento es una de las muchas cosas que explican la caída en picado del PP y el ascenso de Ciudadanos, que con seguridad llevará esa reforma en su programa.

No sabemos si, en el caso de ser necesarios sus votos para gobernar, la impondrá o si preferirá dejar las cosas como están. En cualquier caso, su actitud ante la cuestión servirá para, una vez comprobado que el PP carece de voluntad regeneradora, ver si Ciudadanos efectivamente la tiene.

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Emilio Campmany nació en Madrid, en 1958. Estudió en el Liceo Italiano y es licenciado en Historia y en Derecho por la Universidad Complutense. Es también registrador de la propiedad. Ha publicado dos novelas, "Operación Chaplin" y "Quién mató a Efialtes" y una narración de la crisis que desató la Primera Guerra Mundial llamada "Verano del 14. Una crónica diplomática". Está casado y tiene dos hijos.