La California de Europa

    Pablo Casado quiere que España sea la “California de Europa” porque su economía va como un tiro. Se le olvida que California es un estado norteamericano en el que casi el 25% de los embarazos terminan en aborto.

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    Pablo Casado, presidente del Partido Popular. /EFE
    Pablo Casado, presidente del Partido Popular. /EFE

    La prensa generalista a las 10 de la mañana del pasado lunes tenía hecha la portada del día siguiente: «Adolfo Suárez número 2 por Madrid», dijo Pablo Casado en un desayuno con prensa y empresarios en Madrid. Pero de lo que ha dicho Casado hay que quedarse con otra frase: quiere que España sea la «California de Europa».

    Y por tamaño, y pensando en la economía se puede entender. El PP solo tiene la herencia de su gestión económica con Aznar. Ni siquiera Rajoy. Por eso Casado juega el as, la única carta que tiene. Y California es un espejo de lo que quiere… ¿O es un espejismo?

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    Ser como la quinta economía del mundo es sin duda algo a lo que aspirar: ponerse al nivel de Japón o de Alemania, no solo por la fuerza de Hollywood, sino también el sector tecnológico (Silicon Valley), en un área que va desde San Francisco, Los Ángeles, San Diego… una economía de 2,7 billones de dólares. Más riqueza de la que genera el Reino Unido.

    El pensamiento progre es tan hegemónico que la dialéctica de Vox ha irrumpido como un trueno en cielo abierto: la izquierda se ha vuelto puritana

    Pero este estado del gigante americano, que cuenta con casi 40 millones de personas por sí solo, tiene un reverso tenebroso, y es que en 2014 casi el 25% de sus embarazos terminó en aborto. Uno de cada cuatro. En España estamos aún en uno de cada ocho, con más población.

    El señor Casado debería entender que sí, que está muy bien dar la batalla de lo económico, pero que si renuncias, como ha renunciado su partido desde hace ya años, a dar la batalla de las ideas, ya puedes aspirar a la luna, que no despegas del suelo.

    Y todo esto porque sus adversarios políticos tienen muy claras sus ideas. Y son tan hegemónicas que el propio Casado asume las muletillas progres («todas y todos»), o se alegra de que «llevemos 40 años hablando del aborto en el ámbito de lo social, no de lo penal».

    El pensamiento progre es tan hegemónico que la dialéctica de Vox ha irrumpido como un trueno en cielo abierto: la izquierda se ha vuelto puritana, y la derecha una suerte de movimiento Punk rebelde, que quiere ir hacia las libertades. O si prefieren un ejemplo más castizo, ha sido tan polémica como la Movida madrileña en el post-franquismo. Todo esto en menos de 50 años…

    ¿A qué esperamos a tomar medidas significativas para incrementar los nacimientos en España?

    No se nos escapa, por tanto, la ironía de querer aspirar a ser los más guapos en lo económico, pero que aumente significativamente la tasa de abortos.

    Y es que lo más sonrojante del asunto es la habitual postura Genovesa de salirse por la tangente. Preguntado por si Casado derogaría la Ley de plazos de Bibiana Aído, que lleva la friolera de 9 años en un cajón del Tribunal Constitucional. Y la respuesta, es «que pensamos en positivo». Y viva la Pepa.

    Está muy bien querer apoyar a la madre, señor Casado. Es que eso casi va de cajón, y debería ser el mínimo exigible a un gobernante decente, pero lo que se plantea no es eso, sino ya ir a por el sobresaliente: derogar una ley que provoca un holocausto anual de 94.123 almas. Porque Casado es perfectamente consciente del invierno demográfico y perfectamente consciente de que solo en Japón son más longevos que en España, pero entonces ¿a qué esperamos a tomar medidas significativas para incrementar los nacimientos en España?.

    Ojalá las elecciones generales nos den la buena sorpresa de un gobierno de derechas que sepa coger este toro por los cuernos.

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    Miguel Vinuesa (1983, Madrid) es licenciado en Periodismo por la Universidad San Pablo-CEU de Madrid, y cursó el Máster de traducción de la Universidad de Ginebra (Suiza). Fue responsable de comunicación interna en una empresa relacionada con el mundo financiero y anteriormente ha sido parte de los gabinetes de prensa de Telefónica, la Conferencia Episcopal o la propia Universidad San Pablo-CEU. Actualmente es redactor en la Fundación CitizenGO.