La estrategia del miedo

    Hasta antes del asesinato del cardenal Posadas, en el país solo existían antecedentes de un obispo asesinado a fines de la década de los sesenta y en las investigaciones se encontraron huellas de ciertas prácticas masónicas.

    0
    El cardenal Posadas, arzobispo de Guadalajara, fue acribillado en un supuesto ajuste de cuentas de dos bandas rivales que le pilló en medio.
    El cardenal Posadas, arzobispo de Guadalajara, fue acribillado en un supuesto ajuste de cuentas de dos bandas rivales que le pilló en medio.

    Una de las secuelas principales del asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo cometido hace 25 años la estamos padeciendo hoy en México: la impunidad.

    ¿Por qué? Primero porque se perdió el respeto a las figuras más respetables entre una población mayoritariamente católica. Segundo porque se genera miedo entre la población.

    Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

    Haz un donativo ahora

    Hasta antes del asesinato del entonces arzobispo de Guadalajara, en el país solo existían antecedentes de un obispo asesinado a fines de la década de los sesenta y en las investigaciones se encontraron huellas de ciertas prácticas masónicas.

    En la versión oficial del Gobierno, el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo y su chófer, así como cinco personas más estuvieron en el lugar equivocado, pues habrían quedado atrapados en un fuego cruzado entre dos bandas de narcotraficantes, hasta entonces casi desconocidas: la de los hermanos Arellano Félix y de la de Joaquín “El Chapo” Guzmán.

    Pero las investigaciones del grupo de abogados del arzobispado de Guadalajara, encabezadas por José Antonio Ortega, Fernando Guzmán y Jesús Becerra lograron establecer que se trató de un crimen en donde participó el entonces jefe de la Policía Judicial Federal, Rodolfo León Aragón. Todo apunta a un crimen de Estado.

    Tras el asesinato del purpurado se dio un repliegue del Episcopado Mexicano. Si habían sido capaces de matar a un cardenal, podrían matar a quien fuera

    Hasta la fecha no hay ningún sentenciado y legalmente el caso sigue abierto, es decir, el Gobierno federal no ha podido demostrar su hipótesis de crimen circunstancial.

    Pero en términos sociales las repercusiones se resienten.

    La primera de ellas es que tras el asesinato del purpurado se dio un repliegue en algunos posicionamientos del Episcopado Mexicano. Si habían sido capaces de matar a un cardenal, podrían matar a quien fuera.

    Solo la actitud de su sucesor, el cardenal Juan Sandoval Íñiguez de buscar la verdad, fuera cual fuera, permitió salvaguardar el respeto a la Iglesia y dar ejemplo de valentía a los feligreses.

    En esa década, los noventa, el 89% de la población mexicana se declaraba abiertamente católica y el estado de Jalisco (cuya capital es Guadalajara) ha mantenido un porcentaje de catolicismo por encima del 90%, ubicado en los tres primeros lugares.

    La impunidad de este magnicidio significó una carta blanca para la delincuencia organizada y desde entonces el país entró a una espiral de violencia con decenas de miles de víctimas

    La impunidad de este magnicidio significó una carta blanca para la delincuencia organizada y desde entonces el país entró a una espiral de violencia con decenas de miles de víctimas.

    Algunas de esas víctimas comienzan a ser los sacerdotes, pues los crímenes en su contra se han incrementado en el gobierno de Enrique Peña Nieto. Hasta esta semana sumaban 24 y el 80% de ellos han quedado impunes.

    Solo para contrastar, en el anterior gobierno del presidente Felipe Calderón fueron asesinados 17 curas.

    En la compilación de estos delitos, ha explicado el Padre Omar Sotelo, director del Centro Católico Multimedial, se ha observado un patrón que apunta al crimen organizado como el autor de las muertes.

    «En un 85% de las víctimas que hemos analizado, hemos logrado identificar algunas situaciones. Hay un modus operandi, hay extorsión y levantamiento; hay secuestro y tortura en la gran mayoría de los casos».

    Las autoridades han sido omisas, pese a las denuncias, ha reclamado Sotelo.

    En muchos casos, las autoridades de justicia han planteado la salida fácil, al criminalizar a los sacerdotes asesinados, asegurando –sin investigación de por medio – que se trataba de «asuntos personales»; que tenían nexos con la delincuencia organizada o que los habían matado en un pleito de borrachos.

    Pero en un país en donde la violencia ha rebasado a las autoridades (los asesinatos se calculan en 104.000 en este periodo de gobierno) y donde aún el 82% de la población se declara católica, la gente busca ayuda en las figuras más respetadas, como es el caso de muchos sacerdotes y obispos. Y la Iglesia ha respondido no solo con palabras de aliento, sino con acompañamiento a víctimas, con proceso de reconciliación, con denuncias.

    Lo que buscan los grupos delictivos con estos asesinatos es difundir el miedo entre la población para controlar territorios

    Omar Sotelo ha advertido que lo que buscan los grupos delictivos con estos asesinatos es difundir el miedo entre la población para controlar territorios.

    «Esto muestra un mensaje muy claro: si soy capaz de matar a un sacerdote, puedo matar a quien sea«, alertó.

    Esa estrategia de sembrar miedo cobra otro cariz relevante en un país crispado por el proceso electoral más grande en su historia, y en donde la indignación ciudadana por la impunidad y la corrupción durante el gobierno del priista Enrique Peña Nieto ha pesado más que cualquier otro factor.

    Es una sutil manera de replegar a la Iglesia en una definición para la vida del país para las próximas décadas.

    Comentarios

    Comentarios

    Es periodista, egresado de la escuela Carlos Septién García. Tiene diplomados en Periodismo por la Pontificia Universidad Católica de Chile; en Comunicación y Desarrollo Humano, por la Universidad Panamericana; en Periodismo Político por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla y en Inteligencia Estratégica por la Universidad Juárez del Estado de Durango, así como en Seguridad Nacional por el Colegio de la Defensa Nacional. Ha trabajado en Grupo Reforma y la agencia de noticias Notimex. Es autor de varios libros, entre ellos, 'Sangre de Mayo. El homicidio del Cardenal Posadas', en coautoría de Alberto Villasana. Es consultor, colaborador del diario Mural en Guadalajara y editor del servicio de análisis Mochila Política.