Un ciudadano retira la capa de nieve en frente de su vivienda en EEUU / EFE.
Un ciudadano retira la capa de nieve en frente de su vivienda / EFE.

Empezamos marzo, el mes que entra la primavera y ya me toca escribir el artículo de los últimos inviernos, en que me río de los calentólogos. Y lo hago mientras una tormenta de nieve y lluvia descarga sobre España –salvo las Canarias, donde hace poco tuvieron inundaciones- y parte de Europa.

En Gran Bretaña se les han juntado un frente frío venido de Siberia y apodado la ‘Bestia del Este’ con la tormenta Emma. Nevadas, heladas, inundaciones… Es el momento en que todos los escépticos recordamos el reportaje catastrofista del periódico inglés Independent: “Las nevadas son cosa del pasado”, publicado en 2010. Los editores borraron la página, pero circula por Internet, y aquí la tiene, amigo lector, para que se la descargue en su teléfono y se la pueda enseñar a su cuñado progre cada vez que dé la lata.

Imagen del periódico The Independent
Imagen del periódico The Independent

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Como el resto de la prensa británica, el Guardian, un periódico muy progre, dio el miércoles 28 la impresionante foto de unas nubes descargando nieve sobre Londres, pero como no puede ser noticia que en invierno nieve, para que los incautos no se confíen, la segunda noticia más importante de la portada es una ola de calor en el Ártico.

Con la última ola de frío, es el momento de recordar que los catastrofistas climáticos aseguraron que ya no habría nieve

Por casualidad y por Twitter, me encuentro con dos titulares del Diario de León. El primero es de 2008: “Los científicos auguran que en el 2018 no habrá nieve por debajo de 2.000 metros”, debido al calentamiento global o al cambio climático. Y por eso aprobaban que no se construyera una estación de esquí en San Glorio, como había sentenciado un tribunal.

Pero como dice el título de una obra de teatro, “No hay deuda que no se pague ni plazo que no se cumpla”. Ha llegado 2018 y el mismo periódico titula “Nieve a 300 metros”.

Noticias aparecidas en El Diario de León
Noticias aparecidas en El Diario de León

La naturaleza sabe más que los expertos humanos.

Yo reconozco que estaría dispuesto a prestar atención a las predicciones –buenos, ellos las consideran profecías- de los calentólogos si no exageraran tanto. Porque ya hemos perdido la cuenta de las trolas que sueltan Greenpeace y el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU: que el hielo del Ártico y la Antártida se fundirá, que subirá el nivel de los mares, que nos quedaremos sin glaciares, que se morirán los osos polares, que el desierto africano alcanzará Tres Cantos…

Las exageraciones de los ‘calentólogos’ les hacen quedar en ridículo cuando la naturaleza les desobedece.

Ay, los osos polares, las estrellas de todos los reportajes sobre el deshielo causado por la maldad y el egoísmo humanos… ¡Pues respire tranquilo, aguante las lágrimas, amigo lector! Si en 2007 se anunciaba la desaparición de los osos polares, como una hecatombe al detestable progreso humano, diez años más tarde resulta que la población total ha aumentado.

¿Y qué decir de los glaciares, con sección fija en todos los telediarios en verano? Un reciente estudio de la Universidad de Barcelona sostiene que los glaciares de los Pirineos, por los que lloran los veraneantes de montaña, son un fenómeno tan reciente que se les podría considerar una anomalía. Nacieron en la Pequeña Edad de Hielo y desde que terminó ésta, en el cambio entre los siglos XVIII y XIX, retroceden.

En el siglo XVIII solía helarse el río Tamésis y, con menos frecuencia, el Ebro. A la vista del informe, la conclusión es que después de un período anormalmente frío, al menos en Europa, estaríamos regresando a un clima templado, aunque ya nos acoquinaron en los años 70 con la inminencia de una glaciación.

Un estudio de la Universidad de Barcelona señala que los glaciares de los Pirineos son una anomalía, ya que nacieron en la Pequeña Edad de Hielo.

El archipiélago de Tuvalu se señalaba como el primer país que iba a desaparecer bajo las aguas del Índico ¡y está aumentando su superficie! Sus 11.000 habitantes ya no pueden reclamar indemnizaciones o que les trasladen a donde les apetezca.

Otra de las murgas habituales de los ecologistas y los académicos dedicados a la ‘cosa’ es la amenaza de la desertificación, cuando la extensión de las masas boscosas, medidas por los satélites, no para de aumentar en España, en Canadá, en China…

Creo que estos alaridos de ‘¡que viene el lobo!’ responden a un plan para llamar la atención del público. Pero la distancia entre los anuncios y la realidad, así como la pluralidad de vías de información y la honradez de muchos científicos –que tienen que enfrentarse a presiones y hasta amenazas-, están provocando el hartazgo popular.

Portada del periódico The Guardian
Portada del periódico The Guardian

¿Habrá algún alma generosa que recoja todas las subvenciones abonadas en uno solo año España y la Unión Europea a programas, universidades, cumbres, publicaciones y ONG para estudiar el calentamiento global?

 

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Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es Lecciones de España, en versión digital: http://www.editorialmanuscritos.com/Lecciones-de-Espana.