El miedo es el protagonista principal de esta campaña electoral. Entre los que no son comunistas, se discute el miedo que el partido de Pablo Iglesias debería dar. Quienes defienden que no hay razón para que el partido de Pablo Iglesias atemorice a nadie argumentan, por un lado, que no va a gobernar en ningún caso porque necesita la colaboración de un PSOE que no se la ofrecerá porque hacerlo sería tanto como suicidarse. Luego añaden que, aunque gobernaran con la ayuda del PSOE, tampoco podrían hacer excesivo daño porque Europa no les dejaría y ponen el ejemplo de Siryza en Grecia.

Todo esto es discutible. Lo que no es discutible es el ya inmenso poder que a Unidos Podemos pueden entregar los españoles si se confirman las encuestas y resulta ser la segunda fuerza. El bipartidismo que hasta ahora hemos venido padeciendo ha estado dando al primer partido de la oposición muchísimo poder en todos aquellas decisiones y sobre todo nombramientos en los que PP y PSOE tenían que ponerse de acuerdo para alcanzar las mayorías exigidas. El caso de la Justicia es paradigmático. Los magistrados del Tribunal Constitucional y los miembros del Consejo General del Poder Judicial se nombran por medio del acuerdo de los dos partidos, que se reparten los puestos a través de un sistema de cuotas.

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Los nombramientos para la Justicia serán en gran medida responsabilidad de Podemos

Ahora, a partir del 26 de junio, en caso de confirmarse el “sorpasso” y gobierne quien gobierne, los nombramientos para la Justicia serán en gran medida responsabilidad de Podemos. Eso es ya prácticamente inevitable por mucho tembleque que el PP consiga que les dé a sus potenciales votantes. Y, cuando empiecen a actuar los que alcancen las altas instancias judiciales gracias a Podemos, echaremos de menos al Pollo del Pinar, a Estevill y a Pascualone.

La importancia que los comunistas dan al control de la Justicia está sobradamente demostrada con el ejemplo de Manuela Carmena

La importancia que los comunistas dan al control de la Justicia está sobradamente demostrada con el ejemplo de Manuela Carmena. Cuando logró ser alcaldesa de Madrid, con los votos del PSOE, corrió la especie de que en realidad no era juez por oposición y que había llegado a la judicatura por alguno de los turnos que los políticos tienen reservados a los suyos. Resultó que Carmena había ganado en su momento la oposición. Fue concretamente en 1981, en la promoción de la que fue número uno Margarita Robles, trece años más joven que ella.

Concretamente, la actual alcaldesa de Madrid sacó las oposiciones con 37 años. Las aprobó tan tarde, no porque necesitara un montón de años para prepararlas, sino porque, siendo militante del Partido Comunista y tras varios años de ejercer de abogada laboralista, decidió ponerse a ello y las sacó. Sabiendo cómo son los partidos comunistas y que allí todo se hace por orden del politburó de turno, es fácil sospechar que lo hizo porque recibió la orden del partido de hacerlo. ¿Y qué interés podía tener el Partido Comunista de España en que algunos de sus militantes licenciados en Derecho se hicieran jueces? La pregunta se contesta sola.

José Luis Rodríguez Zapatero, José Maria Aznar, Felipe González y Mariano Rajoy/ EFE (Archivo)
José Luis Rodríguez Zapatero, José Maria Aznar, Felipe González y Mariano Rajoy/ EFE (Archivo)

Si el PP en una de las dos ocasiones, una con Aznar y otra con Rajoy, en que prometió implantar en España la independencia judicial y la separación de poderes lo hubiera hecho, no nos veríamos ahora en éstas. Desde 1985 padecemos una legislación que los socialistas trajeron y los populares conservaron para mangonear la Justicia y proteger a sus corruptos y a todo aquel que delinquiera por el bien del partido. Ahora, esa legislación permitirá a los comunistas ocupar salas y tribunales o al menos influir en ellos para torcer las leyes tanto cuanto se pueda en el momento de aplicarlas e ir imponiendo poco a poco su dictadura.

 

Felipe González y Aznar son responsables de que nuestra democracia sea más bien una partitocracia donde no hay separación de poderes

Felipe González y Aznar son responsables de que nuestra democracia sea más bien una partitocracia donde no hay separación de poderes y en la que campan a sus anchas políticos venales. Y Rajoy lo es de haberla conservado intacta para disfrute de los comunistas, quienes, para empezar a beneficiarse de ella, ni siquiera necesitan ganar las elecciones. Les basta ser segundos.

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Emilio Campmany nació en Madrid, en 1958. Estudió en el Liceo Italiano y es licenciado en Historia y en Derecho por la Universidad Complutense. Es también registrador de la propiedad. Ha publicado dos novelas, "Operación Chaplin" y "Quién mató a Efialtes" y una narración de la crisis que desató la Primera Guerra Mundial llamada "Verano del 14. Una crónica diplomática". Está casado y tiene dos hijos.