La guerra a las estatuas

    Dentro de poco, ni gnomos vais a poder colocar en vuestros jardines: porque son blancos, son patriarcales y son falócratas. La izquierda en EEUU está empeñada en derribar ahora las estatuas de Colón, fray Junípero Serra y cualquier personaje que no cuente con su aprobación.

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    Estatua de Franco pintada y decapitada en Barcelona
    Estatua de Franco pintada y decapitada en Barcelona

    Cuando el progresista expresa sus ideas, aunque sean para legalizar la pederastia, es libertad de expresión. Cuando lo haces tú, hay que prohibirte hablar porque fomentas el odio.

    A los ‘okupas’ hay que entenderles, pobrecitos; la vivienda es un derecho constitucional, entérate; y la casa se la quedó uno de esos bancos que hemos rescatado con nuestro dinero. En cambio, tú tienes que pagar a hipoteca y encima impuestos para las rentas de inserción.

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    La izquierda siempre ha aplicado la ley del embudo. Pero estamos llegando a un momento en que el tubo es ya tan estrecho que por él sólo pasan unas gotitas y el líquido, en este caso el enfado (las contradicciones que diría un marxista) está a punto de derramarse.

    En Estados Unidos, las hordas de ‘antifas’, ‘blacklivesmatter’, profesores universitarios y demás bárbaros mantenida por Soros y otros benefactores de la humanidad ya han impuesto su ley de la porra, en colaboración con las autoridades públicas. No sólo impiden conferencias y debates en los campus, sino que además llegan a apalear a personas que les parecen por su aspecto sus enemigos.

    Los revolucionarios en Rusia y España también identificaban en la calle a sus víctimas por su vestimenta o su aspecto, vamos su limpieza

    Uno de los guías del Imperio Progre, el Washington Post, ha mostrado cómo identificar neo-nazis (sic) por el corte de pelo y por la ropa. Los revolucionarios en Rusia y España también identificaban en la calle a sus víctimas por su vestimenta o su aspecto, vamos su limpieza. En el Madrid del 36, el llamado ‘bigote fascista’ era un billete de viaje a una cheka.

    La izquierda se arrogó hace tiempo la facultad de decidir sobre lo que es bueno y legítimo, pero antes del derrumbe del bloque socialista en Europa había oposición a este totalitarismo. Ahora no lo hay. La ‘derechocha’ está a sus negocios y, a fin de cuentas, como decía Nicolás Gómez Dávila, en estos tiempos todo el mundo es más o menos de izquierdas.

    En uno de los frentes de la guerra cultural, que es la memoria histórica, muchos burguesitos creían que el Imperio Progre se daría por satisfecho retirando algunas estatuas y placas. Pero, como ocurre en política, mientras el burgués se tumba a digerir, el revolucionario prosigue su marcha hacia el horizonte en que columbra el hombre nuevo. El centro, que es una posición, no una cosmovisión, siempre es arrastrado por el carro al que se unce.

    Estatua de Colón en Houston atacada
    Estatua de Colón en Houston atacada.

    En Estados Unidos, los brutos ya no se contentan con derribar o pintarrajear estatuas de militares del Sur (¡derrotados hace siglo y medio!), sino que se dirigen contra Cristóbal Colón, fray Junípero Serra y hasta contra Francis Scott Key, autor del himno nacional.

    Las acusaciones por las que los tribunales revolucionarios les consideran indignos de ser homenajeados en público se resumen en que son varones, blancos y racistas. Se asegura que Colón comenzó un genocidio; que fray Junípero, que enseñó a cultivar la tierra a muchos indios y los alfabetizó, los exterminó; y que Key tuvo esclavos.

    Si el carca considera que cualquier tiempo pasado fue mejor, el izquierdista de hoy está convencido de que ninguna época, ni la presente, es respetable. Como antes no votaban las mujeres, ni los negros, ni los menores de 25 años, nunca hubo “un gobierno del pueblo”. Y como ahora no votan los refugiados ni los inmigrantes ilegales ni los menores de 18 años, tampoco hay una democracia que nos represente ni a la que debamos someternos.

    Nunca nadie será perfecto e inocente para los enmascarados ‘guerreros del bien’. Dios perdona, mientras que el revolucionario condena y en ocasiones ejecuta.

    Estatua atacada de San Junípero Serra con la pintada de»asesino»

    Estos actos de airados jóvenes y algunos maduros me recuerdan otro aforismo de Gómez Dávila: “El futuro próximo traerá probablemente extravagantes catástrofes, pero lo que más seguramente amenaza al mundo no es la violencia de muchedumbres famélicas, sino el hartazgo de masas tediosas”.

    Sólo serán honrados y propuestos como modelos en los espacios públicos de Occidente aquéllos que la izquierda decida

    Porque pocos problemas tienen o consideran que hay quienes se vuelcan en la remoción de estatuas.

    Sin embargo, hay una consecuencia política de esta guerra, que ya padecemos en España: sólo serán honrados y propuestos como modelos en los espacios públicos de Occidente aquéllos que la izquierda decida, desde el Che (con bustos y calles en España) a Arnaldo Otegui, quien es miembro de una banda terrorista que mató a 54 catalanes, con el que los separatistas que en Barcelona se hacían sonrientes ‘selfies’.

    La reacción (aparte de en zonas del Viejo Sur, como Luisiana) a la memoria histórica se está produciendo, cómo no, en la Europa que padeció el comunismo. En Rusia se están levantando no sólo docenas de nuevas iglesias, sino también estatuas a quienes combatieron a los bolcheviques o fueron sus víctimas.

    Otro hecho que la memoria histórica izquierdista trata de extirpar del debate es que la mayoría, por no decir todos, los generales y soldados de la Confederación, así como los legisladores y concejales que aprobaron después de la guerra de Secesión la construcción de sus estatuas, y también los donantes que las pagaron en los casos de suscripciones populares eran miembros o votantes del Partido Demócrata.

    ¡Como los fundadores del Ku Klux Klan!

    Si hay que prohibir a los supremacistas y racistas en EEUU y si la mancha de la esclavitud no se lava jamás, como les ocurre a los presidentes Washington y Jefferson, habría que abolir el Partido Demócrata, el de los Clinton y Obama.

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    Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).