¿La infanta Cristina, curada de espantos?

    Zavala rememora el intento de secuestro de la infanta Cristina a manos de la banda terrorista ETA en 1984 ahora que la hermana del Rey va a sentarse en el banquillo por el 'Caso Nóos'.

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    Infanta Cristina de Borbón/ EFE
    Infanta Cristina de Borbón/ EFE

    El próximo lunes, 11 de enero, la infanta Cristina de Borbón se sentará en el banquillo de los acusados por el “caso Nóos”. El magistrado José Castro Aragón decidirá entonces si juzga finalmente a la hermana del rey o si, por el contrario, la exime ateniéndose a la llamada “doctrina Botín”, según la cual en el procedimiento abreviado no puede abrirse juicio oral sólo a instancias de la acusación popular, dado que el Ministerio Fiscal decidió no acusarla de dos delitos fiscales como presunta cooperadora en el “caso Nóos”.

    A las puertas de tan señalada fecha, viene de nuevo a mi memoria la reveladora conversación que mantuve con Sabino Fernández Campo en diciembre de 1999. El conde de Latores, secretario general y jefe de la Casa del Rey entre 1977 y 1993, fue hasta el mismo instante de su muerte, acaecida el 26 de octubre de 2009, un ejemplo vivo de lealtad a la Corona.

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    Aquella tarde invernal pude charlar con él de lo divino y de lo humano en un discreto rincón del Club Financiero Génova, en la última planta del Centro Colón de Madrid. Salieron a relucir entonces, deshilvanadas, algunas de sus vivencias en torno a la infanta Cristina, como el intento de secuestro de ésta a manos de la banda terrorista ETA en 1984, cuando la hija de don Juan Carlos cursaba primero de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense, donde se licenciaría cinco años después.

    En 1984 ETA planeó el secuestro de la Infanta cuando cursaba primero de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense

    El ex jefe de la Casa del Rey me corroboró, en líneas generales, la versión que Carmen Iglesias, antigua preceptora de Felipe VI y tutora de la aludida infanta, contó a la periodista Pilar Urbano y que ésta recogió en su primer libro de conversaciones con la reina Sofía.

    Sabino Fernández Campo telefoneó a Carmen Iglesias, encargada de los estudios de la infanta:

    -Carmen, ¿podrías venirte a Zarzuela, ahora mismo? La Reina quiere verte.

    -¿Ocurre algo?

    -Bueno… Es que, al parecer, los de Seguridad han tenido noticias de algo raro, y están asustados. Quieren retener a la infanta Cristina en palacio, para que no vaya a clase.

    Carmen Iglesias acudió de inmediato a La Zarzuela, donde se reunió con el coronel Manuel Blanco Valencia, del arma de Caballería, responsable de los servicios de seguridad, integrados sobre todo por miembros de la Guardia Civil y del Cuerpo Superior de Policía.

    La Reina quiso estar presente. Era partidaria de que su hija siguiese las clases como si nada sucediera, y en un momento determinado intervino:

    -Pero vamos a ver, Blanco, ¿qué es lo que teméis?, ¿el tiro?, ¿una bomba?

    -Blanco contestó:

    -No, señora. Ni el tiro, ni la bomba, porque eso para ETA sería echarse impopularidad encima.

    -Entonces, ¿qué?

    -Pues, por la información que tenemos, podrían estar planeando un secuestro. El secuestro de una hija de los reyes sería para ETA el mayor impacto jamás logrado…

    -¿Cómo van a intentarlo, si la infanta va protegida por nuestra gente?, preguntó la reina.

    -Es que, Majestad, nuestra gente, los inspectores, se quedan fuera del aula. Dentro, en la clase, la infanta está sola. Y si ocurre algo ahí, nosotros no podemos hacer nada. Y la inspectora que va con ella es como si no existiera, porque una mujer sola, frente a un comando de ETA en acción, no puede actuar. La neutralizan en dos segundos. Eso es como nada.

    -Pero, en esa aula, la infanta no está sola: están todos sus compañeros, ¿no?

    -Sí…

    -¡Pues ellos la defenderán!

    La valiosa vida de la infanta Cristina pendió nuevamente de un hilo seis años después, cuando su padre la llevó a dar una vueltecita en su nuevo capricho de cuatro ruedas. Era un precioso Porsche 959 plateado, con tapicería de cuero negro y maderas barnizadas en el salpicadero; probablemente el mismo o uno parecido al que el financiero catalán Javier de la Rosa regaló al monarca por su 50 cumpleaños, utilizando el nombre de otro buen amigo de don Juan Carlos, el príncipe georgiano Zourab Tchokotoua, casado con Marieta de Salas, amiga a su vez de la reina Sofía.

    La joyita le salió al empresario por un pico: 24.499.930 pesetas de entonces, equivalentes a más de 300.000 euros de hoy.

    En la factura, fechada el 10 de octubre de 1988, se detallaba el número de chasis del vehículo deportivo: WPQZZZ95ZJS900243. Y también se adjuntaba una nota especificando que la operación “está pendiente de importación (con el consiguiente pago del derecho arancelario e IVA) por efectuarse directamente por la Casa Real”.

    De la Rosa entregó primero una señal de 3.397.345 pesetas, mediante siete talones de la cuenta 595-41 de la oficina de La Caixa de la calle de Balmes, número 182, en Barcelona. Las restantes 21.102.585 pesetas se pagaron con un cheque bancario de Banca Catalana, ingresado en la cuenta de Porsche en el Deutsche Bank.

    Los periodistas Manel Pérez y Xavier Horcajo revelaron estos detalles tras una admirable investigación recogida en su libro J. R., el Tiburón, en 1996.

    Pues bien, la infanta Cristina se llevó un tremendo susto en sus gajes de copiloto, dado que el flamante Porsche derrapó a causa de una placa de hielo mientras viajaba con su padre al volante hacia el Pirineo leridano, el 27 de diciembre de 1990.

    En 1990 la infanta Cristina se llevó un tremendo susto como copiloto debido a la gran velocidad a la que conducía su padre camino del pirineo leridano

    El bólido real se salió de la carretera y los insignes viajeros abandonaron el vehículo sin sufrir, por fortuna, apenas un rasguño. Padre e hija fueron atendidos en un puesto cercano de la Cruz Roja, mientras aguardaban la llegada de los coches de la escolta, rezagada ante la gran velocidad a la que conducía el rey.

    ¿Sorteará ahora también acaso la “infanta equilibrista” el gran golpe ante la Justicia…?

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    Con cerca de treinta libros, José María Zavala, periodista y escritor de larga trayectoria, ha investigado sobre la Guerra Civil, los Borbones, Isabel la Católica y el fundador de la Falange, con el bestseller 'Las últimas horas de José Antonio'. También ha publicado un libro revelador sobre el Padre Pío de Pietrelcina, el santo de los estigmas. Actualmente colabora en 'La Razón', tiene un blog en Religión en Libertad y participa en el programa Cuarto Milenio (Cuatro) con Iker Jiménez.