La leyenda del Rey Arturo

    Cuando en el s.XII Geoffrey de Monmouth habla de Arturo en su Historia Regum Britaniae, poco podía imaginar que su relato se convertiría en el icono romántico de la tradición inglesa. Es una pena que el romanticismo que rezuma toda esta historia sea pura fantasía.

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    Imagen representativa del rey Arturo.
    Imagen representativa del rey Arturo.

    Si alguien preguntase quién fue Lucius Artorius Castus, la respuesta más plausible sería identificarle con un personaje de «La vida de Brian» o similar. Pero no. Dicho nombre bien pudo haber sido el verdadero del mítico rey Arturo. Mítico, porque en pocas ocasiones la leyenda supera tanto a la realidad como aquí. Aunque, como todo buen mito, tiene una cierta base detrás.

    Cuando en el s.XII Geoffrey de Monmouth habla de Arturo en su Historia Regum Britaniae, poco podía imaginar que su relato se convertiría, junto con San Jorge y el dragón, en el icono romántico de la tradición inglesa. La historia es de sobra conocida: Inglaterra se halla dividida, con señores haciéndose la guerra los unos a los otros. Entre medias, el pueblo clama por un héroe que unifique el país y traiga la paz y prosperidad definitivas.

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    Dicho héroe será quien logre arrancar de la roca la espada Excalibur, pero parece que nadie es capaz de hacerlo. Hasta que un joven escudero, de nombre Arturo, logra hacerse con ella. No es caballero, y por eso surge un enfrentamiento entre partidarios y detractores, hasta que el mago Merlín revela que por sus venas corre la sangre de sir Uther Pedragon.

    Los candidatos a rey Arturo pasan por caudillos bárbaros, nobles -más o menos- britanos e incluso osos…

    Así, tras una dura lucha, Arturo se hace con la corona, tomando como sede Camelot, donde crea una corte idílica, modelo de la virtud caballeresca. Allí está, como parte de la dote con la que llegó su esposa Ginebra, una gran mesa, la Tabla Redonda, en torno a la cual se reunían sus más valientes caballeros. Entre ellos, Lanzarote, quien se enamora de Ginebra. El descubrimiento de esta traición -fraguado por el traidor Mordred- origina una batalla en la que Arturo muere, y su cuerpo es llevado a la isla de Avalón.

    Es una pena que el romanticismo que rezuma toda esta historia sea pura fantasía. Porque lo cierto es que el primer candidato serio a ser tenido por «Arturo» es el antes mencionado Artorius Castus, comandante romano de un escuadrón de caballería sármata, que el s. II d. C. patrullaba el muro de Adriano, hecho para defenderse de  feroces tribus escocesas, como los pictos. Sus hazañas le pudieron convertir en un personaje de leyenda. El caso es que, tras la caída de Roma, la estructura del estado en Inglaterra se desmorona, lo que aprovechan tres tribus bárbaras -jutos, anglos y sajones- para invadir la isla.

    Leyenda del rey Arturo.
    Leyenda del rey Arturo.

    Precisamente los sajones fueron los más fieros de todos, y a quien los nativos britanos se hubieron de enfrentar. Entre ellos, destacó el noble Aurelius Ambrosius, segundo candidato a «Arturo», y que bien pudo ser el que guiase a los britanos a la victoria contra los sajones en la batalla de Badon Hill -ésta sí que fue real-. Lo cierto es que muchos títulos nobiliarios antiguos llevan la palabra Arth, voz celta que significa «oso». Así, muchos escudos de armas tenían un oso, aunando fuerza y tradición. En todo caso, los candidatos a rey Arturo pasan por caudillos bárbaros, nobles -más o menos- britanos e incluso osos…visto lo visto, quizá sea mejor quedarse con la opción romántica de Geoffrey de Monmouth.

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